Mauricio Macri y la soberanía nacional. La Argentina en el Bicentenario. Por Juan Godoy



“Los argentinos usamos una expresión, atrevida y pintoresca a la vez, cuando nos referimos a personas inescrupulosas: "éste es capaz hasta de vender a la madre"; pero sabemos y sentimos hondamente en el corazón que a la Madre no se la vende, no se la puede vender... y tampoco a la Madre Patria.Celebramos doscientos años de camino de una Patria que, en sus deseos y ansias de hermandad, se proyecta más allá de los límites del país: hacia la Patria Grande, la que soñaron San Martin y Bolívar Esta realidad nos une en una familia de horizontes amplios y lealtad de hermanos. Por esa Patria Grande también rezamos hoy en nuestra celebración: que el Señor la cuide, la haga fuerte, más hermana y la defienda de todo tipo de colonizaciones”. (Carta de Papa Francisco por el Bicentenario)

En la Declaración de la Independencia de España que, vale la aclaración, no hace referencia a la Argentina sino a las Provincias en Sudamérica, lo que marca su impronta ligada a la Patria Grande, se indica que nuestro territorio también es libre de “toda dominación extranjera”. Lamentablemente eso no fue lo que terminó primando, pues el fracaso del Proyecto de la Patria Grande que le permitiera a nuestra región encarar un modelo de desarrollo con justicia social, tuvo como corolario la aparición de una veintena de países que emergen como países dependientes de alguna potencia en nuestro caso claramente Gran Bretaña.
  Ahora esa dominación no es directa sino más bien indirecta, vía la “ocupación” de la estructura económica de modo de expoliar las riquezas y paralizar el desarrollo nacional contrario a los intereses de Gran Bretaña. Raúl Scalabrini Ortiz habla de los dos tipos de políticas que aplican los británicos con nuestro país: una directa y otra indirecta. La primera refiere al conjunto de declaraciones, manifestaciones, documentos (públicos), etc., que indican la cooperación conjunta de ambos países para el bienestar general del pueblo argentino y su nación soberana. Una ficción. Mientras la segunda, lo que se esconde detrás del velo, es la política que pretende a través de la penetración económica dominar nuestro país manteniéndolo en el primitivismo agropecuario. América del Sur como la Granja abastecedora del desarrollo industrial de las potencias, y en ese marco la Argentina productora de materias primas, y consumidora del excedente de la producción británica que arruina la propia.
  Esa política, con sus “idas y vueltas” fue la que se aplicó en nuestro país (con excepciones claro como por ejemplo el caso de Juan Manuel de Rosas), hasta octubre del 45 cuando el subsuelo de la Patria se subleva y emerge el segundo movimiento nacional del siglo XX: el peronismo. Perón sigue la máxima de la Declaración de nuestra independencia, esa idea que enunciamos al principio “libre de toda dominación extranjera”, y procura que nuestro país avance en una “nueva emancipación” a partir de la nacionalización de la estructura productiva, y el impulso del desarrollo industrial a partir de la captación de la Renta Agraria Diferencial que antes solo disfrutaba la oligarquía en viajes, lujos  y placeres. En fin el desarrollo de una Revolución Nacional. La Argentina comienza a dejar atrás la dominación semi-colonial de parte de Gran Bretaña, y se ponía en guardia rechazando la Norteamericana, por ejemplo negándose a ingresar al Banco Mundial y FMI.
  Como sabemos, esa Revolución Nacional queda inconclusa, bombardeos de la población civil mediantes, con el golpe de septiembre del 55. Allí comienza la Argentina a vertebrar su camino a la dominación semi-colonial, ahora principalmente por parte de los Estados Unidos, así salvo el interregno de la vuelta de Perón, su continuación con el proceso de emancipación nacional, y el último periodo de gobiernos nacionales-populares que se corre en cierta medida de la égida del imperialismo (el rechazo al ALCA es la manifestación más clara y contundente), fue ese el camino que siguió nuestro país profundizado a partir de la última dictadura cívico-militar genocida, y el modelo neoliberal de los años 90.

  Los argentinos entonces podemos decir vivimos una ficción, la que somos un país plenamente independiente cuando la realidad es la contraria. Gran parte de nuestra riqueza, dada la estructura económica dependiente (sobre la que hace al menos 40 años poco se ha avanzado en el sentido del rompimiento), drena al extranjero. Un país rico en que gran pate de su población vive en la miseria, y presenta un aparato productivo atrasado. Asimismo, gran parte también de las decisiones se toman fuera de nuestras fronteras, y/o dentro de las mismas pero no según el interés nacional, sino más bien el de las potencias que nos dominan. Jauretche remarca la idea que sobre la estructura dependiente se monta una superestructura cultural de colonización pedagógica que procura hacer invisible esta situación semi-colonial.
  De diciembre pasado a esta parte, el “cambio” viene profundizando a paso acelerado esta dependencia. Retrotraer la Argentina a (al menos), 1910 parece ser el proyecto que ganó las últimas elecciones por escaso margen. Sin que el último proyecto nacional-popular haya emprendido una revolución, la oligarquía sí está llevando a cabo una contrarrevolución con un revanchismo de clase muy fuerte. Vale la aclaración en este punto sobre la no “alternancia democrática” entre dos proyectos nacionales en los países semi-coloniales como el nuestro, pues no existen dos proyectos nacionales, sino uno nacional y otro colonial. En nuestros países, con una cuestión nacional a resolver, tenemos claramente un sector político que “juega” para el interés extranjero.
El gobierno de la Alianza Cambiemos es la manifestación más clara y descarada de esa realidad. Basta ver los ministerios ocupados directamente por los gerentes de las empresas imperialistas que la única intención que abrigan es saquear la riqueza que generamos diariamente los que habitamos el territorio patrio. Nos interesa aquí recorrer algunas de las ideas del actual Presidente y del gobierno en relación a nuestra independencia y dependencia como demostración de lo enunciado.
El desparpajo del Presidente, y el desconocimiento de nuestra historia se manifiesta al recordar que siendo Jefe de Gobierno en conmemoración del 9 de julio, arrancó la respuesta a un periodista diciendo: “siendo el día de la bandera…”. Pero uno podría decir que fue una equivocación, y que era temprano, así que indaguemos un “poco más” en su relación con la soberanía nacional.
En un reportaje reciente con el Diario de los Mitre en su último viaje a Europa se explayó sobre la cuestión del desarrollo, y la relación con los países centrales: “El planteo claramente es: ellos tienen serias ventajas en todo lo que es el aparato industrial, fabricación de bienes y servicios. Nosotros tenemos ventajas en el sector agrícola (…) Eso es lo que naturalmente cada región tiene como fortaleza, después en cada lugar se ve sector por sector. En líneas generales es lo que se ve como ventaja comparativa de una región y la otra”. Es decir, claramente la “vieja teoría” de las ventajas comparativas que estalló en mil pedazos con la crisis del 30, y que ningún economista de línea nacional de un país dependiente puede tomar en cuenta.
Es más ya la había enjuiciado y desestimado Carlos Pellegrini en el contexto de la crisis internacional y de los posteriores debates parlamentarios por los aranceles aduaneros en 1876 durante el gobierno de Avellaneda: “El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (...) Yo pregunto, Sr. Presidente, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la República? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto".
A esto se le suma un modelo claramente delineado sobre la valorización financiera y el híper-endeudamiento. Se calcula en estos seis meses unos 30 mil millones de dólares se ha incrementado la deuda a partir del pacto de  sumisión con los “fondos buitres”. En ese sentido también se expresó la vicepresidenta: “Vamos hacia un país agroexportador y de servicios, basta de industria”. Recordemos la sentencia de Hernández Arregui: “o nación o factoría”.
El giro en la política internacional que procura la incorporación de nuestro país a la Alianza del Pacífico, que implica desenterrar al ALCA que se creía enterrado en las costas de Mar del Plata, una alternativa de libre comercio, la adopción de las políticas neoliberales diseñadas en el Norte, el deterioro de la soberanía nacional, y un retroceso significativo de las condiciones de vida de nuestro pueblo. Sumado a esto la regresión de los gobiernos en mayor o menor medida nacional-populares en América Latina y la posibilidad concreta de la instalación de dos bases norteamericanas en nuestro territorio (Misiones y Tierra del Fuego), muestran a las claras que el “fantasma de Kissinger” merodea por nuestro continente y está ávido de enterrar por muchos años la posibilidad de un proyecto nacional y popular.

Si hay una causa nacional que cala hondo en el sentimiento del pueblo argentino, el 82 es una manifestación de ese sentimiento más allá de los “desmalvinizadores”, es la causa por la soberanía en nuestras Islas Malvinas. Al mismo tiempo es demostración de la ocupación colonial directa por parte de Gran Bretaña, y cómo los reductos oligárquicos no comparten esa identidad nacional, sino que como enseñó Hernández Arregui la identidad de la oligarquía es la del imperialismo que justamente disuelve la comunidad nacional, es decir es diametralmente opuesta. La oligarquía siempre se mira, a partir del esquema civilización y barbarie en el espejo del colonizador, añora ser europea, británica o norteamericana.  Es por ello que se entiende que el actual representante de los intereses foráneos a cargo de la Presidencia haya manifestado, de vacaciones (situación en la que suele estar seguido) en Punta del Este, con respecto a las Malvinas: “la verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho. Nosotros no tenemos un problema como los israelíes, que tienen problema de espacio. Acá lo nuestro es casi un amor propio. Es más, creo que las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”. El “mal que aqueja a la Argentina es la extensión” había dicho el “Padre del Aula” para procurar hacer “Europa en América”.
Más claramente aparece nuestra situación semi-colonial, cuando el “viejo país”, ese pasado que vuelve festeja en la Embajada Norteamericana la independencia del país del norte que cumplió con la advertencia de Bolívar y plagó de miseria a Nuestra América. Prácticamente una reunión de Gabinete ampliada a los miembros de las corporaciones mediáticas y la justicia. Casi el “blanqueo” del entramado de alianzas que nos gobierna hoy (quizás, no sabemos si estaban, faltaban los servicios de inteligencia)
Conmemorar hoy el 9 de julio entendemos significa recordar a los hombre y mujeres que dieron su vida a lo largo de estos doscientos años para que seamos un país plenamente soberano, libre de toda dominación extranjera adopte la forma que adopte. Al tiempo que tener presente que estos procesos de emancipación fueron continentales, de la Patria Grande, y por la justicia social. La política de estos patriotas es una impugnación al proyecto de sumisión neocolonial de Cambiemos. Por eso, este acto de rememoración no debe quedarse en el inmovilismo, sino debe movilizar los espíritus. Como decía el “Pepe” Rosa poner las pasiones del pasado al servicio de las presentes. Reconstruir el Frente Nacional de liberación contra la política oligárquica-imperialista es imperativo. La historia es rectora y sirve en tanto nos pueda orientar en la conformación de una política nacional. En este sentido Ernesto Palacio sentencia: “la historia ha de ser viviente, estimulante, ejemplificadora, o no servirá para nada”, y en todos los rincones de la Patria empieza a emerger el grito que corroe los cimientos de la dependencia: “PATRIA SÍ, COLONIA NO”.
 
Publicada originalmente en Revista Zoom. 9 de Julio de 2016
 

Actualidad del Nacionalismo Popular. Por Juan Godoy*



“En el territorio más rico de la tierra, vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Nuestra miseria se deba a que SOMOS UNA ARGENTINA COLONIAL. Hasta que los argentinos no recuperemos para la nación y el Pueblo, el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana, ni un pueblo feliz. Por ello QUEREMOS SER UNA ARGENTINA LIBRE, de todo imperialismo extranjero, cualquiera sea la ideología con que pretenda encubrir nuestra explotación. Sin ello no podrá existir libertad, Democracia y Justicia. Luche con nosotros para recuperar la patria para el pueblo argentino” (Volante FORJA)

A principios del siglo XX Lenin definió el imperialismo, su forma de penetración y expoliación de los países coloniales y semi-coloniales. El imperialismo consideraba es la etapa monopolista del capitalismo, en que adquiere primacía el capital financiero, así “el capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del plañera por un puñado de países avanzados (…) el capital financiero tiende sus redes, en el sentido textual de la palabra, a todos los países del mundo (…) los países exportadores de capital se han repartido el mundo entre sí, en el sentido figurado de la palabra; pero el capital financiero se ha llevado el real reparto del mundo”. (Lenin, 2008: 17-18, 94-95) El reparto económico y político del mundo adquiere dos formas principales de hacer dependientes a los países: la opresión colonial (dominación directa), y semi-colonial (independencia formal, pero dependencia real), como en nuestro caso.

Mientras tanto en la Argentina Manuel Ortíz Pereira explicaba la dependencia con su pluma mordaz: “nuestra Argentina ha quedado comparable a una casa sobre cuyo techo llueven dólares y esterlinas, pero nosotros, sus habitantes, no podemos aprovechar una sola gota de esa lluvia de oro, porque los caños de desagüe de nuestro techo han sido construidos para descargar en Europa y Norteamérica”. (Ortíz Pereira, 2012: 74) Años más tarde, su  discípulo Don Arturo Jauretche, completó la idea en relación al peronismo estableciendo que “el peronismo no logró arrancar ese techo totalmente, pero le hizo un agujero muy grande y entonces nos empezamos a mojar, según lo demuestran las estadísticas de distribución del ingreso”. (Jauretche, 1961. Cit. Galasso, 2008: 175) Hace tiempo explicando este tema en una de las “nuevas universidades” del Conurbano que están procurando “pensar en nacional”, un estudiante me dijo, siguiendo la misma lógica de razonamiento que “los gobiernos posteriores al peronismo se ocuparon en tapar los agujeros y le pusieron una membrana para que no vuelva a pasar el agua”, mucha razón tenía, sobre todo en la Argentina posterior al 76, donde se ha profundizado la estructura de saqueo de la economía nacional.


En los últimos años si bien se ha avanzado en la redistribución de la riqueza, en la democratización del acceso a un conjunto de bienes y servicios, la recuperación de varias empresas y la ampliación de derechos, sin desdeñar y ponderar esos avances destacamos que poco se avanzó sobre la estructura imperialista dependiente de nuestro país, y vale decir, también poco en la penetración cultural que se monta sobre esa estructura. Este punto debiera ser un imperativo y servir como “brújula” cuando un proyecto nacional-popular vuelva a conducir los destinos de la Patria.

Algunos datos dan cuenta de la cruda realidad que muchos pretenden negar. A nivel global Daniel Cohen en una conferencia del año 2005 pone de relevancia el desfasaje de la expectativa del mundo capitalista y la realidad, la primera es la “supuesta” participación de todos en los lujos y placeres del sistema capitalista, mientras que la segunda muestra que el “mundo real” está muy lejos de esa expectativa en tanto la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares por día. (Cohen, 2005) Pensando en el Continente Latinoamericano por tomar algún dato de la estructura dependiente de los países surgidos luego de la derrota del proyecto de la Patria Grande, se han fugado entre 2002 y 2011 ¡6 billones de dólares! (Dellatorre, 6-5-2016)

En nuestro país específicamente, en los últimos 30 años se han pagado aproximadamente 400 mil millones de dólares en concepto de deuda externa (debiendo hoy cinco veces más dinero que en el 83). (Argumedo, 2016) El matutino La Nación, fuente que nadie puede considerar anti-imperialista informaba en 2012 que los argentinos (vale decir la oligarquía argentina) tenían 400 mil millones de dólares en paraísos fiscales. (La Nación, 24-7-2012) Hoy, a partir de las revelaciones en los “Papeles de Panamá” conocemos varios de esos nombres, no casualmente hoy integrantes del gobierno oligárquico, pues es un accionar de esa clase social a lo largo de la historia. En una entrevista del año 82 en que "el colorado" Ramos venía haciendo referencia a cierta "mentalidad portuaria" en la política Argentina. El periodista le pregunta: ¿Qué quiere decir portuaria? Ramos contesta: “es una manifestación de la rosca que manejó al país desde el puerto de Buenos Aires. En la época colonial existía un grupo de hacendados y comerciantes llamados por los mismos europeos, la pandilla del barranco. Estos señores, entre quienes había un Martínez de Hoz, antepasado del célebre Joe, se intercambiaban señales desde las alturas del Parque Lezama, con los buques ingleses. El objeto era eludir el control de la Aduana. Los herederos de aquellos pandilleros siguen intercambiando señales pero ahora desde el asfalto de la City y sin catalejos". (Ramos, 2014: 265) Sabemos también que el 94 % de esos activos no están declarados. (Orlando, 3-12-2014) Estos son algunos pocos datos como muestra de la magnitud del saqueo de la economía nacional por parte del imperialismo. Vale recordar que este dinero expoliado es dinero generado por todos los compatriotas que día a día ponen el hombro al país, y no por los que viven del trabajo ajeno. De ahí también la frase forjista que nos sirve de epígrafe.

A esto se le suma la delirante concentración de la riqueza a nivel global, donde solo el 1% de la población controla la mitad de la riqueza mundial, es decir unas 80 personas tienen la misma riqueza que otras 3500 millones. (La Nación, 20-1-2015) Un último dato, para pensar en la magnitud del poder de las empresas transnacionales hoy, nos informamos en la página web de Apple que dicha empresa ha obtenido en el año 2015 ingresos por 234 mil millones de dólares (www.apple.com), prácticamente la mitad del PBI argentino. Carlos Vilas nos habla de la “autonomía relativa” del Estado-Nación respecto de los grupos económicamente dominantes. (Vilas, 2010)

Hoy esta situación se agrava cuando hay en nuestro país una restauración neoliberal, y el gobierno es manifestación abierta de los intereses extranjeros, basta ver la representación del Gabinete Nacional (que Alfredo Zaiat definió certeramente como la CEOcracia), para dar cuenta de la colonización extranjera en las decisiones del gobierno, con la presencia de al menos 27 miembros directos de Wall Street en el mismo, por lo cual no es casual que la Agencia de economía y finanzas Bloomberg haya titulado el 10 de marzo de este año “Wall Street a cargo de Argentina (otra vez)”. (Zaiat, 22-5-2016)

Vale recordar en este punto que Juan José Hernández Arregui considera que a lo largo de nuestra historia se hacen presentes dos identidades: la del pueblo argentino y latinoamericano aferrado al suelo; y la de la oligarquía aliada al imperialismo de turno, y como el imperialismo lo que hace justamente es disolver la comunidad nacional a partir de su penetración económica y cultural, se desprende que la oligarquía de nuestro país no es parte del interés nacional, sino más bien del extranjero. (Hernández Arregui, 2004) Es por ello que la “alternancia democrática” (de un gobierno en mayor o menor medida nacional-popular a uno oligárquico pro-imperialista), en los países semi-coloniales se manifiesta trágicamente, pues hay un sector que “juega” directamente para el extranjero.

En nuestro país el “descubridor” del accionar imperialista y sus formas de accionar con los bancos, ferrocarriles en abanico, endeudamiento, control de los recursos estratégicos, para hacer de la economía nacional una economía dependiente, y a través de sus mecanismos mantenerla en el mayor de los atrasos, es Raúl Scalabrini Ortíz, por eso Jauretche afirma que “llevamos al terreno económico y social lo que la revisión histórica iba descubriendo (…) Esta fue sustancialmente la obra de Raúl Scalabrini, cuyo talento de investigador y de escritor y cuya voluntad sacrificada de servir al país le costó la pérdida de todos los triunfos materiales que tenía a su disposición, pero lo premió con el título que ya nadie puede discutirle de descubridor de la realidad Argentina”. (Jauretche, 1976: 57-58)

Y Scalabrini pensaba que la política de la Argentina semi-colonial era como una sinfonía en que todos los músicos ejecutan precisamente cada nota en forma coordinada, disciplinada, “hay un orden y un plan al que se subordinan todos, desde el bombo hasta el timbal (…) cada uno maneja individualmente su instrumento y tiene su función, pero todos obedecen puntillosamente los dictámenes de un texto que sólo es inteligible para los músicos. Quien verdaderamente manda allí, no está presente. Ellos no son nada más que intérpretes de una voluntad escrita en un lenguaje sólo por ellos inteligibles (así, pasando de la metáfora a la política) un artículo inocente, un editorial sin trascendencia, un antecedente aportado por un jurista, un ensayo, una opinión colateral, son modulaciones que se sincronizan en la gran voz de la publicidad cuya resonancia ahoga el genuino clamor de la necesidad nacional”. (Scalabrini Ortíz, 2009: 29-30)

La pregunta que se abre es ¿cómo enfrentar esta penetración de los países opresores? Consideramos aquí, a pesar que muchos (“propios” y ajenos), se empeñan en considerar que no hay que mirar el pasado, y que esto del pensamiento nacional es cosa “poca seria”, es que siguen pensando en términos de “civilización y barbarie”, en que lo europeo o norteamericano es mejor que lo nacional. Nosotros preferimos seguir la máxima jauretcheana, que la historia es la política del pasado, mientras que la política es la historia del presente, es necesario buscar las respuestas en nuestra historia profunda, pues el relato del pasado nacional sufrió una falsificación que “ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional”. (Jauretche, 2008: 14)

En Nuestra América la respuesta a esa penetración imperialista ha sido la reivindicación de las banderas nacionales que se han manifestado mayormente como nacionalismos populares. El caso de la Argentina es emblemático con la revolución nacional llevada a cabo por el peronismo que avanza en la nacionalización de la estructura económica, el desarrollo de las fuerzas productivas, la industria nacional, al mismo tiempo que el avance en el otorgamiento de derechos políticos y sociales, y el fortalecimiento de la columna vertebral del movimiento llegando a construir el movimiento obrero organizado más importante de la época, apoyo absolutamente necesario para el logro de dicha revolución nacional.

Muchos analistas y academicistas consideran que el imperialismo ya no existe, y que al mismo tiempo las reivindicaciones nacionales ya están “pasadas de moda”, que no hay que aportar a la industria nacional como base para la soberanía, pues el mundo ahora “es otro”, por lo cual hay que adecuarse al mismo.

Nosotros acá consideramos que si bien es cierto que hay una mayor concentración de la riqueza, una presencia cada vez más importante de las empresas que actúan y penetran en los más diversos países y en diferentes rubros, un avance enorme del capital financiero (Cohen, 2005), esto no nos debe llevar a las conclusiones disparatadas negadoras del imperialismo, la oligarquía y de la necesidad de avanzar en la emancipación económica y política como hacen estos academicistas.

Al contrario consideramos que esto es una manifestación de un avance enorme de las potencias imperialistas (en tanto la definición que dimos al comienzo), que lleva a una enorme desigualdad entre los países centrales y periféricos (al fin y al cabo la riqueza siempre drena de unos países hacia otros), es más continúan las invasiones a otros países como en el caso de Irak o Libia por citar algunos de los casos recientes. Más aún la respuesta a ese avance inusitado y más profundo de la historia del imperialismo y las empresas transnacionales solo puede ser el robustecimiento de la comunidad nacional, las naciones, el estado, el accionar de los pueblos, y su organización. De esta forma, en el camino al bicentenario de nuestra emancipación nacional, afirmamos que al avance oligárquico-imperialista que expolia a nuestros países hay que enfrentarlo con el fortalecimiento del nacionalismo popular.



* Sociólogo (UBA)

Bibliografía

Argumedo, Alcira. Discurso parlamentario en la Cámara de Diputados. 15-3-2016.

Cohen, Daniel. (2005). Tres lecciones sobre la sociedad post-industrial. Buenos Aires: Katz.

Dellatorre, Raúl. El vicio de las corporaciones. Página 12. 6-5-2016.

Galasso, Norberto. (2008). De la Banca Baring al FMI. Buenos Aires: Colihue.

Hernández Arregui, Juan José. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).



Jauretche, Arturo. (1976). Forja y la década infame. Con un apéndice de manifiestos, declaraciones y textos volantes. Buenos Aires: Peña Lillo.



Jauretche, Arturo. (2008). Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Corregidor.



La Nación. El 1% de la población mundial tendrá en 2016 la mitad de la riqueza. 20-1-2015.

Lenin, Vladimir Ilich. (2008). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Buenos Aire: Libertador.



Jauretche, Arturo. (1976). Forja y la década infame. Con un apéndice de manifiestos, declaraciones y textos volantes. Buenos Aires: Peña Lillo.



Orlando, Ezequiel. Evasión: el 94% de los activos en el exterior no están declarados. El Destape. 3-12-2014.

Ortíz Pereira, Manuel. (2012). El SOS de mi pueblo. Buenos Aires: Inst. Jauretche.

Ramos, Jorge Abelardo. (2014). Entre pólvora y chimangos. Buenos Aires: Octubre.

Scalabrini Ortíz, Raúl. (2009). Bases para la reconstrucción nacional. Buenos Aires: Lancelot.

Sin Autor. Apple informa de resultados récord en el cuarto trimestre de su año fiscal. Disponible en http://www.apple.com/es/pr/library/2015/10/27Apple-Reports-Record-Fourth-Quarter-Results.html

Sin autor. Los argentinos tienen 400.000 millones de dólares en paraísos fiscales. La Nación. 24-7-2012

Vilas, Carlos. “Estado: política y economía en el capitalismo global”. En Daniel Toribio (comp.). (2010). La universidad en la Argentina. Buenos Aires: EDUNLa.

Zaiat, Alfredo. “Wall Street a cargo de Argentina (otra vez)”. Página 12. 22-5-2016.

El revisionismo es el hecho maldito para el “país normal”



                                           Por Julián Otal Landi (Profesor en Historia)


El pasado viernes 13 de mayo, luego que multitudes de jóvenes estudiantes, docentes y no docentes de las universidades públicas convenían marchar todas juntas en repudio a las políticas de vaciamiento que impulsa el Gobierno Nacional logrando una convocatoria inusitada, el historiador adscripto al liberalismo conservador Luis Alberto Romero escribía desde las columnas de La Nación un pedido con sabor a Fukuyama[1]: la sociedad necesita un nuevo relato para deconstruir el nefasto discurso nacional populista que encarnó el kirchnerismo. ¿Cómo tendría que ser ese nuevo relato? Para Romero tiene que construir una épica de lo “normal” y recuerda a sus lectores que alguna vez nuestro país lo fue, precisamente durante los años sesenta[2].

Llamativa observación del hijo de José Luis ya que los sesenta fueron años de plena efervescencia política y cultural, vientos de cambios arremetían sobre la región mientras que para la derecha como para la izquierda el tránsito hacia el socialismo parecía inevitable. Eran los sesenta a los que Oscar Terán (en un libro constituido un clásico para el abordaje de la época)  sentenciaba que la sociedad había asumido un “sentido común revisionista”[3]: cada año que pasaba el sentimiento antiliberal se profundizaba, el malestar ante la proscripción del peronismo parecía conducir inevitablemente a una dictadura sin plazos como la que ensayaría Onganía a partir de 1966. Durante los sesenta, se profundizaba la discusión historiográfica: eran los tiempos de los best sellers de las obras de José María Rosa, Juan José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos entre otros. Un ejemplo basta de muestra: en un reciente trabajo de Esteban Campos sobre la revista precisamente de los años sesenta “Cristianismo y Revolución” realizaba una entrevista a una ex militante del por entonces “Comando Camilo Torres” donde asegura que
“…para mí leer La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas fue una ruptura epistemológica. José María Rosa a mí lo que me hizo fue aprender y darme cuenta que no hay una historia, para mí esa es la ruptura epistemológica…”[4]
Esa ruptura epistemológica precisamente era la que buscaba el revisionismo. En 1964 el mismo Pepe Rosa afirmaba desde un editorial de la publicación Revisión:
“(…) ¿Es el momento de enseñar Historia a quienes están agobiados por el peso de la hora? ES EL MOMENTO. Porque el mal que padecemos no viene de este o de aquel gobierno. ¡Viene de más hondo, y toca a la esencia misma de la nacionalidad! Los argentinos somos un pueblo con claro sentido nacional pero que padece una estructura de colonia que deliberadamente se quiso darle…”[5]
Entonces, ¿Cuál es el añorado “país normal” que evoca Romero? Evidentemente se trata de un proyecto de país como bien él remarca: liberal con una “cultura abierta al mundo, dinámica y creativa”… y para ello hay que acabar con ese “enano nacionalista y populista” que reivindicó el kirchnerismo durante su gobierno para volver a la cultura de los noventa en la cual los historiadores se abocaban a una tarea de una reconstrucción histórica endógena, supeditada al cursus honorum, a la cultura de los papers para acrecentar el curriculum, hacia una profesionalización de una historia atomizada, ajena a la realidad social[6]. Instaurar la construcción de un relato plural pero que no reconozca al nacionalismo por tratarse de autoritario: en ese sentido para Romero el revisionismo es el hecho maldito del país normal. Las tareas que llevan a cabo desde el experto en felicidad (todavía parece un chiste) Daniel Cerezo hasta la instalación del sinceramiento económico, el discurso pluralista enfocado hacia un supuesto ciudadano ideal y desideologizado nos muestran un escenario en donde la tragedia que padecimos durante los noventa ahora se repite como una comedia donde sólo ríen los sectores privilegiados.
El país normal de los sesenta que evoca Romero sólo era posible desde la maniobra de instauración de una Republica en donde las mayorías estaban proscriptas, y los que no eran “normales” eran perseguidos y silenciados. Eran los tiempos en donde la burguesía y el Imperialismo buscaban la manera de despolitizar la sociedad, de construir un “peronismo sin Perón” sin conciencia revolucionaria, con los dirigentes y burócratas sindicales pactando con el Régimen como bien lo denunciaba John W. Cooke[7] cuando Onganía se instalaba en el poder decidido a lograr la “normalidad” a fuerza de disciplinamiento del movimiento obrero, políticas de ajustes y represión. Pero también olvida Romero que fueron durante los sesenta que la represión hacia las universidades dejaba trunco el proyecto de renovación historiográfica que propulsaba su padre José Luis luego de “la Noche de los bastones largos”. Y principalmente se olvida que el país normal de Onganía estalló en mil pedazos en mayo de 1969 con el Cordobazo
Vuelvo entonces a preguntarme, ¿Cuáles sesenta? Temerario sería si me decidiera a realizar un abordaje psicológico del autor de La Nación ya que me daría terror con lo que me encontraría detrás de esas palabras vacías de sentido que hicieron más de una vez trizas un modelo de país nacional y popular.
¿Cuáles son nuestras tareas? Precisamente se trata de hacerle caso a Romero. Pero volver a NUESTROS sesenta y contextualizarlo a nuestra realidad. Existe una gran masa dispuesta a resistir y a defender sus derechos sociales que son los nuestros: lo demostró la gran concentración que acompañó a Cristina, pero también las multitudinarias marchas de los trabajadores y de los universitarios. Hay que volver a la labor del historiador comprometido con su tiempo dispuesto a quitarle una vez más el velo a la “normalidad”, con nuevas herramientas, interpretaciones sin perder de vista lo que dijo una vez Don Arturo “la política es la historia del pasado y la política es la historia del presente”[8]. Seremos enanos nacionalistas y populistas pero como todo enano sabemos pegar en las rodillas para que caigan fuerte, con sus falsedades a cuestas.


[1] Francis Fukuyama (politólogo estadounidense) es conocido sobre todo por haber escrito el controvertido libro El fin de la Historia y el último hombre de 1992, en el que defiende la teoría de que la historia humana como lucha entre ideologías ha concluido, ha dado inicio a un mundo basado en la política y economía de libre mercado que se ha impuesto a lo que el autor denomina utopías tras el fin de la Guerra Fría. 
[2] Romero, L. A. “El nuevo relato que la sociedad necesita” en La Nación, 13 de mayo de 2016
[3] Terán, Oscar. Nuestros años sesenta. Buenos Aires: Siglo XXI.
[4] Campos, Esteban. Cristianismo y Revolución. Buenos Aires: Edhasa. 2016. P. 54.
[5] Rosa, José María. Revisión, N° 7, julio de 1964.
[6] El mejor ejemplo que representa ese espíritu de profesionalización de la Historia durante los noventa se puede rastrear en las interesantes entrevistas reunidas en libro realizadas por Roy Hora y Javier Trimboli durante 1994 a autores como Tulio Halperín Donghi, Hilda Sábato, José Carlos Chiaramonte, Beatriz Sarlo entre otros en Pensar la Argentina. Buenos Aires: El Cielo por Asalto. 1994.
[7] Cooke, J.W. Peronismo y Revolución. Buenos Aires: Papiro.
[8] Jauretche, Arturo. Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Peña Lillo.