Hernández Arregui y la integración regional Por Juan Godoy


“el ideal de la unión de América Latina aparece otra vez como premisa de la lucha antiimperialista. La lucha nacional tiende a convertirse en continental sobre la base de la unificación revolucionaria de las masas latinoamericanas”. (Hernández Arregui)

“El dilema es fatal. Latinoamérica hace su revolución o el Imperialismo remachará los anillos opresores a fin de retardar la liberación mundial de los pueblos coloniales.” (Hernández Arregui)

Integración regional

Uno de los temas primordiales en tanto la posibilidad de emancipación nacional es la necesidad de la integración de los países de Nuestra América. Por eso no es casual que un pensador como Juan José Hernández Arregui,[1] que escribe entre otras cuestiones para fortalecer la conciencia nacional en busca de la ruptura de la dependencia, se detenga reiteradamente en el análisis de esta cuestión. En lo que sigue, apuntamos las ideas principales del autor de “Imperialismo y Cultura” en torno a la unidad Iberoamericana.

Para comenzar observamos que en el pensamiento de Hernández Arregui abriga la idea que la oligarquía nos enseñó a “pensar con muletas”, en el sentido que ésta nos instruyó en la noción que una vez logrado el proceso de emancipación de principios del siglo XIX, ya éramos una nación plenamente soberana. La emancipación como un “punto de llegada”, cuando en realidad era un “nuevo punto de partida”, pues a ese proceso emancipatorio le correspondió la “caída” en la dominación indirecta de Gran Bretaña. Es decir, la independencia finalmente se frustró en términos económicos, y solo se logró en términos políticos, vale decir formales. 
En un documento del año 1964 con motivo de la presentación del grupo CONDOR[2], donde se cuelga sobre un monumento a Bartolomé Mitre una imagen del “Quijote de los Andes” Felipe Varela, que es escrito por Hernández Arregui se establece que “la desunión de la América latina es consecuencia impuesta a estos pueblos, por la unión siniestra de las grandes metrópolis, en particular Inglaterra y Estados Unidos, empeñadas en mantenernos, junto con nuestra división, en ficticias naciones nominales, en el atraso material y la humillación cultural (…) La lucha frontal anti-imperialista debe plantearse en escala nacional latinoamericana”. (Hernández Arregui, 2004: 251)
La gran nación iberoamericana fue frustrada por el imperialismo, es dividida en el siglo XIX y permanece así hasta nuestros días, “ha sido repartida en un conjunto de particularidades geográficas, de nacionalidades sin soberanía real, ni otro fundamento que la voluntad disgregadora de los dominadores extranjeros. Un argentino que no siente como propias las luchas de los países hermanos sigue siendo un lacayo mental. Un colonizado”. (Hernández Arregui, 1973b: 16)

Es necesario que la formación de la conciencia nacional de cuenta de esta problemática a partir del esclarecimiento del pasado falsificado. A partir de esa ruptura con la idea impuesta “si es verdad que queremos ser no una nación formal, con símbolos, fanfarrias y banderas, que eso ya lo tenemos, sino una nación real. Y eso no lo somos. Tener conciencia de lo que no somos es ya saber lo que queremos ser. Una nación y no una colonia”. (Hernández Arregui, 2004: 67) Trabajar en el conocimiento de la historia latinoamericana y el acercamiento de nuestros pueblos es fundamental.
La formación de la conciencia nacional es en realidad en el pensamiento de nuestro autor la conciencia iberoamericana.[3] Lo nacional incluye la Patria Grande. Hernández Arregui procura construir esta conciencia iberoamericana a partir del conocimiento de las raíces que justifican la misma. Para ello es necesaria “la revisión del pasado (que) es el comienzo del rescate de la conciencia histórica enferma, esto es, antinacional, de generaciones íntegras de argentinos, inclinadas a pensar contra el país a través de idolatrías y mitos históricos y culturales inducidos por Europa y que han contrarrestado y contrarrestan la formación de la conciencia iberoamericana”. (Hernández Arregui, 2004: 71) Romper con el eurocentrismo, y al mismo tiempo con la conciencia de la “patria chica”. La falsificación de la historia al servicio de las elites y el extranjero, y en contra de un proyecto soberano y popular. Contra esta realidad se alza el revisionismo histórico popular y la conciencia nacional.
En el abordaje de Arregui Centroamérica aparece como “una llave”, la que une Sudamérica con México, por eso el imperialismo procuró por todos los medios mantenerla dividida.  La unión México-Centroamérica para dirigirse hacia el sur es fundamental en el proceso de integración. Las Antillas aparecen como una pieza importante en base a su posición marítima de alto valor estratégico. Brasil constituye la “tercera pata” de la unidad (México y Argentina las otras), en tanto “en el corazón del continente, es en potencia, el pivote de una economía integral latinoamericana”. (Hernández Arregui, 1973: 239) Los países del Pacífico son la salida hacia la relación con Asia.

Resulta significativo destacar que Hernández Arregui piensa a Iberoamérica en términos industriales. No hay soberanía nacional sin industrialización. En tanto la ausencia de una clase social que impulse el desarrollo, de la debilidad de la “burguesía nacional en nuestro país, destaca el papel que puede y debe cumplir en estado nacional en materia de agente vector del desarrollo, necesario para la soberanía, pues “sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional. Y sin soberanía nacional no hay autonomía cultural. Tal tarea sólo puede cumplirla el Estado Nacional”. (Hernández Arregui, 1973c: 292) Considera la imperiosa necesidad de avanzar en proyectos de industrialización conjuntos. En su pensamiento no hace mella la “ayuda” extranjera a nuestro desarrollo, no cree en el “panamericanismo”, sino que busca la constitución de una gran Patria excluyendo a los Estados Unidos de Norteamérica.

Piensa que Nuestra América tiene que emanciparse de la dominación de cualquier imperialismo, y buscar soluciones propias a sus problemáticas. La unidad viene de la mano del fortalecimiento de tener conciencia común de los problemas. Una educación transformadora debe hacer énfasis en las tradiciones culturales propias. Argumenta así que “el mercado común latinoamericano, con acento totalmente inversos al que intenta imprimirle el imperialismo yanqui, es el germen de la nacionalidad iberoamericana. No serán jamás naciones independientes separadas de las otras. Serán en cambio una nación, si unifican sus recursos materiales, sus medios de comunicación, sus aduanas y regímenes arancelarios, sus ríos navegables en un vasto sistema interno de cabotaje, etc. hasta el logro de un sistema común de intercambio un mismo ordenamiento monetario y una producción planeada  complementada en sus diversas regiones, que con un gran mercado interno, serán las bases de una poderosa nación, asentada sobre el potencial productivo alimentario, mineral, la unidad de lengua e historia, la densidad demográfica y la centralización militar”. (Hernández Arregui, 2004: 192) La conciencia de la Patria Grande también se construye en oposición a las potencias imperialistas y su intención de avasallamiento de nuestra soberanía.
La cita precedente consideramos es sumamente valiosa, pues aparece claramente enunciado que la única posibilidad de nuestros países de lograr su emancipación definitiva es en la senda de la unidad. Al mismo tiempo que la búsqueda de la unidad con fuerte basamento en la estructura económica, que la misma deje de estar separada según las “patrias chicas”, que rompa con la estructura de cara a los países centrales, y avance en la industrialización conjunta. Es necesario que muchos países “giren” hacia dentro de nuestro continente, dejen de mirar sumisamente a las naciones más poderosas. En fin, romper con la mirada y la acción dependiente.
Asimismo se hace presente la idea del continentalismo, el estado-continente necesario para “jugar” de igual a igual en la geopolítica mundial. Avanza en el planteo de herramientas proyectuales, en tanto unificación de los medios de comunicación, del transporte, la moneda, etc. y la planificación de la economía. Asimismo piensa el autor de ¿Qué es el ser nacional? que es necesario hacerse de los recursos naturales, y controlar la estructura económica, sin dicho control es imposible avanzar significativamente en la emancipación nacional.
Como decíamos anteriormente Hernández Arregui piensa los términos de la unidad de Nuestro Continente a partir de la industrialización conjunta de nuestras hoy “patrias chicas”. Es el camino para dejar atrás el primitivismo agropecuario y poder discutir “de igual a igual” en la geopolítica mundial. Así afirma que “la lucha por la liberación nacional en las colonias se asocia siempre a la lucha por la industrialización”. (Hernández Arregui, 2004b: 36) En este marco, mientras las clases dependientes del dispositivo imperialista ponen obstáculos a la unidad “para las masas hundidas en la miseria social, su emancipación no puede consumarse sin la revocación en escala latinoamericana de los intereses extranjeros”. (Hernández Arregui, 1973: 249)



  
* Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

Bibliografía

Casalla, Mario. (2011). América Latina en perspectiva. Dramas del pasado, huellas del presente. Buenos Aires: Ciccus – Inst. Juan Perón.

Galasso, Norberto. (1986). J.J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Hernández Arregui, Juan José. (1962). Prólogo a Carpani, Ricardo. (2011). La política en el arte. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (1973). ¿Qué es el ser nacional?. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (1973c). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (2004b). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (2004). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

Hernández Arregui, Juan José. (1973b). Peronismo y liberación. Buenos Aires: Plus Ultra

Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2007). Hernández Arregui. Intelectual peronista. Pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: Siglo XXI (editora Iberoamericana).

Recalde, Aritz. Integración regional de Iberoamérica. Cuadernos Nº 16 CEHA. Septiembre 2014.



[1] Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Comienza su actividad política en Córdoba, en el radicalismo sabattinista. Con el advenimiento del peronismo se suma a este “nuevo” movimiento nacional. Participa de la Resistencia Peronista, y en la década del 60 funda el grupo CONDOR. Doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, bajo la dirección de Rodolfo Mondolfo. Dicta clases, entre otras, en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. (Galasso. 1986. Piñeiro Iñíguez, 2007)
[2] En el Grupo CÓNDOR (Centros Organizados Nacionales de Orientación Revolucionaria), participan entre otros: Ricardo Carpani, Rodolfo Ortega Peña, Alberto Belloni, Rubén Bortnik y Eduardo Luis Duhalde.
[3] Entre los nombres con los cuáles se nombra a nuestro continente (América Latina, Hispanoamérica, Panamérica, Indoamérica, Abya Yala, etc.) utilizamos aquí Iberoamérica que es el que utiliza Hernández Arregui en su obra. Más específicamente Arregui se decide a usar los términos América Hispánica o Hispanoamérica, y cuando incluye al Brasil: América Ibérica o Iberoamérica. Asimismo “se reivindica aquí a las poblaciones nativas, infamadas por esa misma oligarquía”. (Hernández Arregui, 1973: 23). Incluso considera que el término más preciso sería indoiberia, pero que lleva muchas explicaciones. Así afirma que el Continente Iberoamericano reúne las condiciones de una nación integral. Considera la necesidad del fortalecimiento de la conciencia histórica iberoamericana. Por eso también sostiene que “nuestra Cultura, es de raíz hispánica, pero la construcción de nuestro destino es americana”. (Hernández Arregui, 1973c: 294) Aunque a veces utilice el término América Latina, tiene la idea que dicho término es creado por los anglosajones para romper con nuestras raíces históricas. Para los debates en torno la forma de nombrar al continente véase: Recalde, Aritz. Integración regional de Iberoamérica. Cuadernos Nº 16 CEHA. Septiembre 2014. Asimismo, para el origen del nombre Americanos en vinculación al florentino Américo Vespucio, véase Casalla, 2011: 33-38, y para rastrear los “diferentes nombres”, su origen y debates, también se puede consultar la misma obra, páginas 400-417.

PROGRAMA DE 12 PUNTOS PARA LA UNIDAD NACIONAL Y LA RECONSTRUCCIÓN DE LA ARGENTINA CENTRO DE ESTUDIOS HERNÁNDEZ ARREGUI (CEHA)


La Unidad Nacional para la reconstrucción: Unidos o dominados. El programa neoliberal que impulsa CAMBIEMOS forma parte de una estrategia geopolítica internacional cuyo objetivo es retrotraer los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de Iberoamérica. Como resultado de su accionar, la riqueza del Continente será apropiada por las Corporaciones (CEOS) y por los gobiernos de las Potencias Extranjeras. Frente a ese plan, es necesaria la Unidad Nacional de los sectores del trabajo, la producción, la cultura y del conjunto de las Organizaciones Libres del Pueblo.

1. Impulsar un proyecto productivo, industrialista, sustentable y justo. Argentina debe modificar el programa de miseria planificada caracterizado por la apertura comercial, el cortoplacismo y la especulación financiera que destruye empresas y genera desempleo y pobreza. De continuarse el actual modelo de desarrollo, la injusticia será la norma y se pondrá en riesgo la paz social. El CEHA considera fundamental el aumento de las cadenas de valor de la industria y el agro, haciendo de la producción una fuente de empleo y de desarrollo nacional y social en el largo plazo. El Gobierno de Reconstrucción deberá impulsar medidas de protección y regímenes arancelarios para empresas argentinas, terminando con la importación indiscriminada que impide el desarrollo de la producción estratégica nacional. La obra pública, la banca estatal y el mercado interno pujante deben ser pilares fundamentales del nuevo programa de desarrollo. El Gobierno de Reconstrucción tiene que fomentar las cooperativas, el compre nacional y el cumplimiento pleno de la legislación social y medioambiental.

2. La propiedad tiene una función social y debe contribuir al orden colectivo. El CEHA considera vigentes los principios fundamentales de la Constitución Nacional del año 1949. La producción debe ser planificada con un sentido nacional y colectivo ya que el “libre mercado” es un mecanismo de apoyo a los oligopolios y la extranjerización económica. Las empresas energéticas y de servicios y los sectores económicos estratégicos deben estar en manos de la Nación. El pan, la carne, la leche y el resto de productos que componen la mesa de los argentinos, no pueden volverse divisa de exportación o especulación. El Gobierno de Reconstrucción deberá regular precios y reducir la inflación manteniendo la actividad productiva y el valor de los salarios, los subsidios y las jubilaciones. El Estado debe sancionar una nueva ley de Entidades Financieras que permita el control del ahorro nacional y que limite la fuga de riquezas. El Gobierno de Reconstrucción debe fortalecer las empresas públicas en áreas estratégicas y controlar el Comercio Exterior.

3. En Argentina los únicos privilegiados son los niños, los ancianos y el pueblo. El Gobierno debe dedicarse a saldar la deuda social y no exclusivamente a pagarle a los grupos especuladores extranjeros. Los servicios financieros no pueden estar por sobre el desarrollo nacional y los derechos de los trabajadores. Es inmoral la actual sub-ejecución de los presupuestos en salud, empleo y educación, cuando en paralelo se atienden puramente los pagos a bonistas extranjeros. La construcción de viviendas públicas fue desarticulada, dejando familias sin hogar y a los obreros de la construcción sin empleo. El país demanda el establecimiento de una emergencia social y la conformación de un plan integral de empleo juvenil y de desenvolvimiento de la atención pública de salud, educación, vivienda popular, deporte y esparcimiento. Argentina requiere un Plan Estratégico Alimentario que termine con el flagelo del hambre en el corto plazo. El Gobierno de Reconstrucción deberá elaborar un Plan Nacional de Seguridad interior enfrentado las causas sociales de la violencia y actuando contra al crimen organizado que azota las barriadas humildes.

4. Es la hora de los trabajadores. La democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo y no una gerencia de oligopolios extranjeros o de CEOS. El Estado, las organizaciones sindicales y de la economía popular tienen que conformar un Consejo de Reconstrucción Nacional que conjuntamente a las entidades de la producción, el agro o la cultura, contribuya a buscar las soluciones a los problemas argentinos.  Los históricos Programas de La Falda, Huerta Grande, del 1 de mayo de la CGTA, los 26 puntos de 1986 o el documento Los trabajadores somos la esperanza de la Corriente Federal de Trabajadores, son la expresión consciente del pueblo trabajador. Tal como mencionó la CGT en el mes de agosto del año 2016: “No hay que haberse graduado en Harvard para darse cuenta que vamos de mal en peor.”  El CEHA considera que los trabajadores son la columna del Movimiento Nacional y que la Política Pública debe tender al pleno empleo y a la defensa y cumplimiento de los derechos laborales.

5. No hay desarrollo y paz social sin democratizar los esfuerzos. Es imprescindible avanzar en una Reforma Fiscal y Tributaria integral, que tienda a la equidad social y que privilegie las actividades productivas. La mayor carga impositiva debe recaer en los sectores financieros, oligopólicos y concentrados y no sobre el trabajo y las PYMES como ocurre en la actualidad. La reforma tributaria de CAMBIEMOS se caracterizó por eximir de impuestos a los ricos y por cargar en las espaldas de los que menos tienen un severo ajuste. El resultado de este inmoral programa es la pobreza del pueblo y el impedimento del desarrollo de las PYMES y las cooperativas. 

6. Construyamos un país federal e integrado. El país requiere una nueva Ley de Coparticipación y la construcción de consensos transversales para consolidar un federalismo real y no solamente enunciativo. El Gobierno de Reconstrucción deberá impulsar un programa nacional de desarrollo que tienda a la integración del territorio y a la resolución de las inequidades geográficas, productivas y sociales entre todas las Provincias. El CEHA considera necesario implementar un reordenamiento territorial y poblacional argentino a través de políticas estatales, terminando con la marginalidad social y tendiendo a achicar la desigualdad entre regiones.

7. La educación, la ciencia y el deporte son la base de desarrollo nacional. La justicia social es inviable sin antes alcanzar la independencia económica y ésta sólo es posible si el país es soberano cultural y científicamente. El CEHA ratifica la centralidad que tiene el Estado en la planificación y en el desenvolvimiento de la educación, la ciencia y el conjunto de la actividad cultural. El Estado Nacional tiene que tener mayores responsabilidades en el financiamiento y en la organización de contenidos de la educación básica y media. CAMBIEMOS está poniendo en riesgo el sistema educativo al no aplicar la Ley de financiamiento, al eliminar fondos para infraestructura y al proponer el corrimiento del Estado Nacional en materia cultural y científica. El Gobierno de Reconstrucción deberá trabajar por la soberanía científica y con dicha finalidad tendrá que priorizar la inversión en el área, planificando estratégicamente la actividad en torno del desarrollo de la industria y de la solución de los grandes problemas argentinos y sudamericanos.  El cierre de teatros o la desaparición de clubes de barrio por los aumentos actuales de tarifas, impiden el derecho popular al acceso y participación de la cultura. Es imperativo el fortalecimiento de una identidad federal y nacional que oficie como una barrera defensiva ante el avance de todo tipo de imperialismo cultural.

8. Los medios de comunicación son instrumentos de cultura y no negocios corporativos. CAMBIEMOS promueve la formación de oligopolios comunicacionales y la extranjerización de los emisores de radio y televisión. La eliminación del Canal TELESUR de la Televisión Digital Abierta es un mecanismo de censura y de silenciamiento de los pueblos iberoamericanos. Las empresas norteamericanas actualmente manejan internet, los buscadores de datos, las redes y el software. Frente al inmenso poder tecnológico extranjero y sus ramificaciones en la prensa comercial, los pueblos requieren de medios públicos para nacionalizar y comunicar su cultura e información y deben mantenerse y potenciarse las experiencias de las Radios públicas, Canal Encuentro o de los canales universitarios. El Gobierno de Reconstrucción deberá recuperar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y entregar el tercio de licencias que le corresponden a las Organizaciones Libres del Pueblo. La privatización de la televisación del futbol es un retroceso que le quita al pueblo el derecho  a disfrutar del deporte nacional. El CEHA considera que la pluralidad de voces y el acceso popular a la cultura, son banderas irrenunciables que hoy están en riesgo.

9. Por un Continente de paz, unido y solidario. Retomamos el mandato histórico bolivariano y sanmartiniano tendiente a la reunificación de la Patria Sudamericana. Ratificamos la importancia de fortalecer el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC como ámbitos de articulación y de coordinación con el resto mundo. La unidad y la paz regionales son reaseguros sin los que Argentina carece de posibilidades de desarrollo productivo y social. El Gobierno de Reconstrucción tiene que elaborar un programa para las Fuerzas Armadas retomando el legado nacional, popular y antiimperialista de nuestros militares e integrándose y profundizando la experiencia del Consejo de Seguridad de la UNASUR. Rechazamos la política de CAMBIEMOS de sometimiento geopolítico a los EUA e Inglaterra y de debilitamiento del MERCOSUR. El CEHA repudia los intentos de derogar la Ley migratoria del año 2004 y de criminalizar a los ciudadanos sudamericanos. Iberoamérica debe consolidar una ciudadanía regional que permita la libre circulación de personas y la libertad de trabajo y de acceso a los derechos sociales garantizados por los Estados parte.

10. Malvinas es una causa nacional e Iberoamericana.  Afirmamos la soberanía argentina sobre las Islas y recuperamos como estandarte los acompañamientos y el apoyo por parte del MERCOSUR, la UNASUR, la CELAC, la OEA y de otros Estados del mundo. Los casi dos siglos de luchas y la acción patriótica de nuestros Héroes de Guerra, está siendo humillada con la política de CAMBIEMOS centrada en renunciar a los reclamos de soberanía para priorizar los negocios de las empresas extranjeras. Argentina tiene que desplegar su proyección bicontinental y bioceánica tendiendo al control de los recursos alimentarios, científicos y energéticos. La Recuperación de las Malvinas y el ejercicio pleno de nuestros derechos sobre la Antártida son una causa nacional y sudamericana irrenunciable.

11. Un país sin presos ni perseguidos políticos.  El Gobierno de CAMBIEMOS detiene activistas sociales como Milagro Sala, reprime movilizaciones y politiza la justicia que abandona sus funciones. La actividad parcial de algunos jueces y fiscales se orienta más a la propaganda política que a la aplicación del derecho. El CEHA repudia cualquier tipo de persecución política y mediática como la padecida por la ex Presidenta Cristina Fernández y aboga por la efectiva división de poderes.

12. Primero la Patria, después el Movimiento y finalmente los hombres. El Movimiento Nacional debe ser amplio, plural y no sectario. La unidad es el llamado actual y frente a un gobierno de minorías oligárquicas, el CEHA convoca a conformar una inmensa mayoría plural y democrática.  

Por la grandeza nacional y por la felicidad del pueblo seguiremos trabajando incansablemente para edificar la Argentina Grande con que San Martín soñó. 



República Argentina, Abril de 2017.

La Universidad en el pensamiento de Juan José Hernández Arregui. Por Juan Godoy

“el fin de la universidad es formar intelectuales que hablen en español y piensen en inglés”. (Juan José Hernández Arregui)
“sólo la abolición revolucionaria del colonialismo devolverá a la Universidad no su autonomía sino su misión nacional”.
(Juan José Hernández Arregui)


            La universidad en nuestro país ha sido, y en gran medida sigue siendo, esquiva al estudio del pensamiento nacional y latinoamericano[1]. La relación de la misma con el pensamiento nacional es mayormente de silenciamiento, y en menor medida de crítica. Cabe resaltar que hoy algunas de las universidades nacidas en los últimos años se muestran más permeables al ingreso de ese canon de pensadores. Alejándonos de esta lógica, fuertemente penetrada por la autodenigración de lo propio, pretendemos aquí abordar las ideas de un pensador nacional, Juan José Hernández Arregui[2], justamente en torno a la universidad.
Nuestro autor aborda críticamente a la academia en nuestro país. Considera a la misma como parte fundamental de los mecanismos de colonización pedagógica tanto hacia dentro, como fundamentalmente hacia fuera. Tres funciones al menos se destacan en la enseñanza superior: la resolución de los problemas de la clase alta y media-alta en tanto funciona como mecanismo de legitimación de las elites dirigentes. Al mismo tiempo actúa como “correa de transmisión” de los valores de la oligarquía al resto de la sociedad. Por último, y ligado a las dos anteriores, refuerza los lazos de la dependencia.
La oligarquía, luego de Caseros y Pavón ha logrado insuflar a la cultura con sus valores, y a través de los órganos culturales diseminarlos por toda la sociedad. Así “la historia de nuestra universidad es por eso, la historia de nuestra oligarquía”. (Hernández Arregui, 2004b: 73) Estos medios que utiliza la oligarquía son difusos e indirectos, Arregui los presenta como una suerte de poder tentacular que atraviesa todas las instituciones.
El pensamiento nacional aparece como negado por las “elites intelectuales” universitarias. Esta intelligentizia es valorada no tanto por sus obras sino por su postura anti-nacional. Estos sectores no siempre tienen conciencia de la función que cumplen en la estructura del país dependiente.  Esta intelectualidad colonial “construirá una Argentina espectral, pues él mismo es el fetiche deshumanizado de la colonización pedagógica que lo desposee”. (Hernández Arregui, 1973: 162) La colonización mental lo lleva a no comprender el país, y construir ese otro país alejado de la realidad.

Hernández Arregui piensa que la intelligentzia se mira en el espejo europeo, que solo puede dar una imagen deformada de lo que somos. Así, las universidades si bien escriben en español (y a veces ni siquiera), piensan en inglés, francés o alemán principalmente, y niegan la existencia de Iberoamérica. Decíamos que esta intelligentzia funciona como parte de la difusión de las ideas de la oligarquía, en ese sentido, establece que “las capas intelectuales de la clase media, por su posición dependiente del aparato cultural, son  el  coro  griego  de  la  alienación  cultural  de  las clases  altas  colonizadas. Estos grupos tienen por misión crear la ideología que la oligarquía difunde como creación espiritual libre”. (Hernández Arregui, 1973: 155)
Esta educación, al fin y al cabo impartida por la oligarquía aparece en el pensamiento de Hernández Arregui obturando el espíritu crítico, y al mismo tiempo el desarrollo y conocimiento de la cultura nacional que actúa como “barrera” al avance del imperialismo, y como punto de partida para la reconstrucción y liberación nacional[3]. La oligarquía amasó una conciencia falsa de lo que somos, y en esa tarea la universidad cumple un rol fundamental.  
Hay estrechos lazos entre la oligarquía y la formación la intelligentzia. La oligarquía no aparece directamente ocupando los cargos en la universidad, sino “mediante profesores que dependen de ella por sus actividades profesionales –abogados de empresas extranjeras, médicos- o como colaboradores de sus salas de conferencias distribuidoras de una fama dirigida”. (Hernández Arregui, 2004b: 53) Esta intelligentzia toca todos los temas menos el central que es la cuestión nacional. En este sentido por ejemplo, se nos enseña a los argentinos que somos incapaces de fundar industria nacional.
De esta forma, la universidad ha formado por generaciones la conciencia de millares de argentinos en la incapacidad de nuestros pueblos, casi como una “tara natural” que imposibilita el desarrollo por nosotros mismos, lo que hace necesario adoptar modelos y formas extranjeras. En contraposición a esta noción, Arregui entiende que la universidad tiene que estar al servicio de la liberación nacional que viene atada a la industrialización del país, pero resalta que “no es la ciencia la que crea la industria, sino la industria la que promueve el adelanto científico”. (Hernández Arregui, 2004b: 76) La industria puede desarrollarse en base a estados nacionales fuertes.
El autor de “Nacionalismo y Liberación” trata críticamente también en varias ocasiones a la Reforma del 18 y la cuestión de la “autonomía universitaria”. En torno a la primera, considera que se perdió en sus mejores reivindicaciones, básicamente la necesidad de estrechar lazos entre la universidad y las necesidades nacionales, asimismo la reincorporación de nuestro país a la Patria Grande, y al estudio de la realidad de nuestro continente. Destaca así que la Reforma del 18 fue posible gracias al triunfo e impulso de Hipólito Yrigoyen, y que no logró romper con el europeísmo, “intuyó el hecho americano pero no tuvo conciencia del hecho nacional”. (Hernández Arregui, 1973b: 149) Finalmente, terminó no creyendo en lo nacional, y tampoco entendió a las masas populares.

En relación a la segunda, parte de la necesidad de contextualizar dicha noción, en el marco que somos un país dependiente. La autonomía así aparece como un “mito”. Es el liberalismo colonial el que afirma la noción de la “autonomía”, “tal autonomía no existe. La universidad es un órgano del Estado (…) La universidad es un instrumento del poder político vigente. El profesor universitario, por más que crea ampararse en el derecho formal de la “libertad de cátedra” y en el fuero de la libertad de pensamiento, no puede ir más allá de los límites asignados a la función institucionalizada por el Estado a través de la Universidad, que es el sistema mental mismo, aparentemente autónomo del orden social, al que el profesor le debe el privilegio de enseñar”. (Hernández Arregui, 2004: 144)
Pensar en la universidad independiente del Estado es una ficción. La relación entre ambos no se puede escindir. En este sentido, un país semi-colonial como la Argentina nunca podrá tener una universidad nacional, mientras no rompa con la dependencia, “un país colonizado tendrá una universidad anti-nacional”. (Hernández Arregui, 1973: 164) Romper la dependencia, avanzar en la segunda independencia, es lo primordial.
Hernández Arregui tipifica los valores que de la universidad que son aceptados y asimilados por los estudiantes. Entre los mismos hace referencia a la creencia en que el título universitario habilita el éxito individual, la idea de una suerte de “meritocracia” donde el éxito se explica por la capacidad personal. Es una postura individualista. En este marco aparece una pregunta fundamental en torno a la función de la universidad. Hernández Arregui piensa en una función colectiva, ajena a las “apetencias individuales” En la concepción del autor, el título se encuentra ligado a los intereses de la clase dominante, solo el acercamiento a la clase trabajadora puede hacer efectiva su aspiración personal en tanto está vinculada a la industrialización, asimismo la formación que imparte la universidad lo aleja de la lucha por la emancipación nacional, “el universitario está esclavizado, no emancipado como cree, por la idolatría hacia instituciones caducas”. (Hernández Arregui, 2004b: 79)
Por eso, el pensador para ser nacional debe romper con la idea del éxito individual, contribuir a la ruptura de la dependencia, al desarrollo nacional y el mejoramiento de la vida de los compatriotas. Así, el “escritor nacional es aquel que se enfrenta con su propia circunstancia, pensando el país y no en sí mismo (…) Todo libro nacional, en el sentido expuesto, es necesariamente polémico”. (Hernández Arregui, 2004: 19-20) Dejar de lado los intereses individuales, y poner en primer término los de la Patria.
El escritor nacional debe ser interpretación y vehículo de transmisión de la cultura nacional, que no es creada individualmente, sino que se hace en forma colectiva, y es movimiento continuo. Romper con el “elitismo” presente en la academia, integrarse a las luchas nacionales, es por ello que “esa “intelligentzia” tanto de derecha como de “izquierda”, se irrita ante los escritores genuinamente nacionales que son, en tanto hombres amasados a su pueblo, la mala conciencia que le recuerda, como una voz interior, su deserción de las luchas del pueblo; Mas que el escritor nacional en sí mismo, lo que le resulta inadmisible, es que las masas argentinas representan no solo la alpargata sino la Cultura Nacional. El liberalismo colonial les endilgo que eran ellos, mandarines una ficticia “elite” intelectual, los depositarios de esa cultura. Pero la cultura es colectiva, creación anónima del pueblo. No de los intelectuales”. (Hernández Arregui, 2004: 20) No fijar entonces caminos ajenos a la capacidad creativa de las masas populares. El conocimiento debe partir de la realidad y no desde un esquema abstracto. El mismo debe partir desde el seno del pueblo.
Para finalizar con este recorrido, resaltamos que nuestro autor piensa en la necesidad de despojarse de la enseñanza colonizada, por eso sentencia que “ya no tenemos padres. No queremos que nos enseñen nada, porque esa enseñanza fue siempre, en todos los casos una enseñanza contra nosotros mismos”. (Hernández Arregui, 2004: 170) Es una posición contra la enseñanza anti-nacional, que fue y es una enseñanza contra nosotros mismos. Avanza así en el planteo de la necesidad imperiosa de romper con el eurocentrismo y el enciclopedismo, para pensar en nacional pues “sólo lo que se piensa con fe nacional es pensamiento universitario verdadero. En un país colonial piensan los libros. No el país. Y los libros son extranjeros o escritos por argentinos colonizados”. (Hernández Arregui, 2004: 145)



  


*El presente artículo es parte del Proyecto de Investigación Amilcar Herrera “Aportes teóricos del Pensamiento Nacional a los debates acerca de la universidad, los medios de comunicación y la integración regional". Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Dir. Aritz Recalde. Integrantes: Julián Dércoli, Dionela Guidi, Iciar Recalde, Manuel Valenti.
** Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

[1] Hemos tratado más profundamente la relación del pensamiento nacional con la universidad en Godoy, Juan. Pensamiento nacional y Academia. Septiembre de 2016. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot
[2] Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Comienza su actividad política en Córdoba, en el radicalismo sabattinista. Con el advenimiento del peronismo se suma a este “nuevo” movimiento nacional. Participa de la Resistencia Peronista, y en la década del 60 funda el grupo CONDOR. Doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, bajo la dirección de Rodolfo Mondolfo. Dicta clases, entre otras, en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. (Galasso. 1986. Piñeiro Iñíguez, 2007)
[3] Tratamos esta cuestión más profundamente en Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Bibliografía

Galasso, Norberto. (1986). J.J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Godoy, Juan. Pensamiento nacional y Academia. Septiembre de 2016. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Hernández Arregui, Juan José. (1962). Prólogo a Carpani, Ricardo. (2011). La política en el arte. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (1973). ¿Qué es el ser nacional?. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (1973c). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (2004b). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (2004). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

Hernández Arregui, Juan José. (1973b). Peronismo y liberación. Buenos Aires: Plus Ultra

Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2007). Hernández Arregui. Intelectual peronista. Pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: Siglo XXI (editora Iberoamericana).





El sindicalismo, el progresismo “clasemediero” y la CGT Por Juan Godoy (Sociólogo – UBA)


“La clase media es… media revolucionaria… media intelectual… media nacional... Por ello participa, cree y descree, se asume y no se asume, puede ser peronista y criticar al peronismo, socialista y asustarse de los obreros”. (Juan José Hernández Arregui)

            Jorge Enea Spilimbergo en sus conocidas tesis de 1964 afirma que “la alianza del proletariado con la pequeña burguesía constituye el fundamento estratégico de la revolución argentina”. A la misma la llama “Alianza Plebeya”. En varios momentos de nuestra historia, no muchos, aunque sea muy brevemente se dio esta alianza plebeya. Durante las primeras gestiones kirchneristas se avanzó en ese sentido, alianza que comenzó a romperse trágicamente para el campo nacional en la última gestión explicando, en parte claro, la derrota electoral (por primera vez en nuestra historia), a manos de la oligarquía más rancia y revanchista.
            En este marco, en las últimas semanas se avanzó en la senda de la unidad, del restablecimiento de esa alianza que se puso de manifiesto en la movilización del 7 de marzo que deja como saldo positivo una de las movilizaciones más grandes desde la vuelta a la democracia, quizás la más grande, en contra de la restauración neoliberal, y su plan de miseria planificada. Ahora bien, el final de la movilización con los desafortunados acontecimientos abre un paréntesis en lo que venimos sosteniendo, y nos lleva a estas breves reflexiones, que no pretenden ser la verdad, sino un aporte al debate, acerca de varios sectores del progresismo de clase media, parte del movimiento nacional, y su relación con el sindicalismo en general y la CGT en partircular.
            Primero, y rápidamente, una breve reflexión sobre los disturbios al final de la movilización, claramente aprovechados por los medios de comunicación (y sectores interesados por diversas cuestiones en hacerlo), como representantes de un supuesto análisis desinteresado aunque bien sabemos largamente que son la “voz de la oligarquía” revestida en la objetividad periodística, que sabe como el diablo “meter la cola”, en este caso para horadar la unidad y destruir las chances de dar vuelta el escenario de regresión de los sectores populares. Una de las plumas de la oligarquía lo escribe con claridad en su editorial: “a pesar de los errores y del descenso en las últimas encuestas conocidas, el gobierno de Mauricio Macri puede dormir tranquilo. Durante un tiempo, al menos. Resumidas en una síntesis tal vez arbitraria, las imágenes de la marcha cegetista de ayer significan que el peronismo y los gremios están divididos (y, a veces, peligrosamente enfrentados) hasta para confrontar con Macri”. (Joaquín Morales Solá. La Nación. 8-3-2017)
            En los disturbios del final hubo varios actores políticos, algunos actuaron a conciencia de lo que hacían, otros pensamos no, lo cual no le resta gravedad. La violencia contra las representaciones gremiales de los trabajadores (gusten más o menos), es al menos desafortunada. La instancia elegida carece de sustento. En nuestra opinión, el movimiento obrero organizado existen instancias para definir una medida de fuerza (donde se definió efectivamente), no resulta del todo lógico entonces que en medio de la manifestación el orador deba decidir por encima de “las bases” la fecha de paro general, que se convocó claramente pero sin una fecha determinada, o bien lo defina en torno la representación que está imbuido el triunvirato, pero como su nombre lo indica son tres y no uno. Incluso entre los que reclamaban la medida había sujetos no sindicalizados, y pertenecientes a otra central diferente que la de los oradores. ¿Qué lógica tienen que ellos decidan por una central a la que no pertenecen?, ¿tiene sentido que los que estén más adelante en un acto de más de 500 mil personas decidan por el resto?.
            Asimismo, en un marco más amplio, se ataca a la CGT por una supuesta “burocratización”, no obstante lo real es que esa CGT “burocratizada” si se quiere es la que movilizó 500 mil trabajadores contra las políticas del macrismo. Había también sectores “sueltos” (un porcentaje mínimo), pero quien convocó a la movilización fue la CGT (conjuntamente con la CTA y la CTEP), así que podemos afirmar que esas centrales son las que movilizaron más allá de las “intenciones” de los denominados “empoderados” que se “auto-convocaron” (hay algo fuertemente anti-político en esa idea). Es la CGT conjuntamente con las otras dos también la que logró arrancar al macrismo las dos medidas más importantes, en un contexto de fuerte regresión, la ley anti-despidos, aunque vetada con el consabido “costo político” para el gobierno; y la ley de emergencia social, pronta (sobre todo a partir de las “nuevas protestas” de la CTEP), a sancionarse, o el gobierno seguramente deberá pagar otro “costo político” con los más humildes de la patria. Cabe resaltar que pareciera que son solo las entidades gremiales las que se pueden burocratizar y no así las ciertas estructuras políticas. Basta ver cómo funcionan la mayor parte para observar que no es privativo del movimiento obrero.
            Es también desde “las calles” que comienza a producirse la alianza del movimiento obrero organizado (CGT y CTA, la primera ya unificada y la segunda prácticamente también), con los trabajadores de la economía popular nucleados en la CTEP. Un hecho fuertemente auspicioso, en el que cumple un rol fundamental el Papa Francisco. Pero resulta que ahora los “periodistas a sueldo”, muchos de dudosísimo curriculum, y ni siquiera agremiados a sus representaciones sindicales, le tienen que “marcar la cancha” a los trabajadores y sus organizaciones, algunas con más de ochenta años de vida y tradición de lucha, como muchos de los sindicalistas que la componen, instigándolos a hacer paro y/o poner fecha a una movilización. Algo que raya lo insólito.
            Pensamos acá que lo que se manifiesta es la mirada de la clase media progresista acerca de los trabajadores, sobre todo organizados. En ese sentido, afirmamos es la mirada fuertemente elitista de cierto sectores de clase media en nuestro país (no toda, desde ya, pues sería erróneo pensar que es en conjunto anti-nacional). A esos sectores le pueden gustar los trabajadores pero sobre todo en términos abstractos, en la retórica, no el trabajador de “carne y hueso”. Hacen recordar las palabras de Don Arturo Jauretche hacia Sarmiento en las cuales decía que amaba la humanidad pero no a sus compatriotas. Algo similar.
Molesta al parecer que los trabajadores decidan el destino de la Patria, que puedan tener acceso al poder y definir por “sus vidas”, ¡horror! Por eso también muchos se sienten más identificados con los canales de televisión, en alguna manifestación se escuchó ¡cantar a favor de C5N! (como asimismo “militar” sus “bajadas de línea” y poner como referentes del campo nacional a los mismos), y sus “periodistas progresistas” que con los representantes de los trabajadores. Hernández Arregui en torno a los sectores medios afirma que: “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaría de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño-burgués –y el intelectual no escapa a esta regla– piensa siempre en términos absolutos. Si es propietario, la ley de congelación de alquileres es la injusticia absoluta, si es inquilino, la justicia absoluta. Su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigantes”.
            Resulta evidente que, a pesar de los muchos avances en los últimos años en materia de descolonización pedagógica, poco se avanzó en la conformación de una matriz que piense en términos nacionales. Como sostiene Ramos en los países dependientes “el atraso histórico no se expresa solamente porque los recursos estén en manos del extranjero. Se expresan también en la pérdida de la conciencia aguda del interés nacional”. Lamentables escenas se vivieron cuando algunos manifestantes, algunos identificados con el movimiento nacional peronista, tomaron el atril con la insignia de la CGT cual trofeo de guerra, más lamentable aún que posteriormente otros compañeros festejaran el hecho y decretaran (tal como lo creyeron los “libertadores” del 55), el fin de la Central obrera.
            Esto que decimos queda de manifiesto por ejemplo cuando un trabajador, precisamente el líder de la CGT le dijo a la entonces Presidenta que quizás era hora que un trabajador ocupe la Casa Rosada. Más allá de las especulaciones, hasta hoy el progresismo de clase media recuerda esa frase con escozor. ¿Cómo puede ser que alguien que se coma las letras “S” al hablar sea Presidente? Quizás no conscientemente, pero es lo que cristaliza su accionar.         Sí, a muchos les gusta que gobierne Evo Morales… Que gobierne Bolivia claro. Así y todo muchos se apresuran a afirmar que ¡por suerte tiene a Álvaro García Linera, que es el que realmente maneja la cuestión! Perón se manifiesta claramente al respecto cuando en 1973 se pregunta: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles? (…) cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país, ese será un sentimiento suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones.”
            Es esa clase media progresista que todavía, ¡todavía!, se sigue quejando de los trece paros de Saúl Ubaldini a Alfonsín, contra su estrategia de debilitamiento del movimiento obrero y los inicios de la política neoliberal. Son, ¡Ay, lo peronistas! que no “dejan gobernar, la barbarie que se cierne sobre la república. El mismo Ubaldini que había enfrentado a la dictadura, con el paro más rápido en comparación con las otras dictaduras latinoamericanas, y que le legó el que quizás sea (con temor a equivocarnos, pues en los últimos años hubo algunos, pero que pensamos no tuvieron la repercusión necesaria), el último programa al movimiento obrero revolucionario hasta hoy.
            Asimismo el moralismo progresista hace hincapié en que las elecciones en las organizaciones gremiales no siempre son del todo transparentes, y hay cargos que se re-eligen una y otra vez  a lo largo de los años. Más allá si uno está o no de acuerdo con esta cuestión, ahora bien, basta observar prácticamente cualquier institución en nuestro país para observar las mismas prácticas, por eso llama la atención que solo se observe en este tipo de organizaciones, por lo cual pensamos que esa crítica está más ligada a lo que venimos diciendo: la “incomodidad” de los sectores medios en tanto el poder de los trabajadores. Por poner un ejemplo de los decenas que podríamos, nos preguntamos: ¿o acaso la elección en organismos científicos es absolutamente transparente y los cargos se renuevan periódicamente?, ¿por qué no se le exige a estos sectores “amor a la patria y sus compatriotas” cuando van a utilizar los conocimientos pagados por todos en el extranjero porque suponen que aquí no se les paga de acuerdo a lo que estudiaron? Spilimbergo refiere que “el tema del moralismo en la política argentina es parte de la táctica oligárquica de dividir el frente del pueblo”.
            En el mismo sentido, la relación dirigente sindical y “sus bases”, es una relación tensa, no carente de conflictividad. Más allá de esto, resulta poco realista la idea de una escisión tajante entre las dirigencias y “sus representados”. Resulta difícil que una dirigencia “odiada” por “sus bases” subsista a lo largo de muchos años. Lo que no anula el hecho de la existencia de dirigencias sindicales contradictorias. Las mismas pueden ser mejores o peores, lo que no debiera llevar a un discurso anti-sindical, sino más bien a la disputa del espacio. El triunvirato puede ser mejor o peor, pero “putearlo” sin construcción sindical que dispute los espacios, solo tiene como consecuencia el debilitamiento de la herramienta fundamental de los trabajadores.
            Es claro que la organización a partir de los sindicatos es la herramienta de lucha fundamental de los trabajadores, y fortalecerla dentro del movimiento nacional es central para la emancipación nacional, por eso Hernández Arregui afirma que es “alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. Así lo que debilita a las representaciones gremiales, más aún sin construcción de otras que le disputen las mismas, debilita a los trabajadores de cara no solo a la oligarquía, sino también dentro del movimiento nacional en detrimento de otros sectores, medios o burgueses por ejemplo. No resulta casual que desde que comenzó a tomar para sí la historia en octubre del 45, o al menos desde la intervención de Alberto Patrón Laplacette la intención de la oligarquía haya sido barrer con el movimiento obrero organizado, al mismo tiempo que con el país industrial que es parte de lo mismo.
Insistimos en que esta división es trágica para el movimiento nacional, más allá que gusten más o menos las representaciones sindicales, es la estrategia de la oligarquía. No “caer” en ésta resulta fundamental. En el pasado reciente esa ruptura fue funesta para el campo nacional. Por eso, apuntalar la unidad es central para enfrentar la brutal política llevada a cabo por la Alianza Cambiemos. Poner por delante los intereses de la nación y el pueblo es imperativo.
En fin, lo que problematizamos es que hay una construcción en relación al sujeto del cambio que pondera a la clase media (sobre todo universitaria), por sobre los trabajadores. No es casual que sean los sectores medios principalmente los portadores de esta visión, pues con los que están mayormente penetrados por la colonización pedagógica, son los que consumen ciertos bienes culturales (muchas veces solo con el afán de “la distinción”), correas de transmisión de los valores de la oligarquía. Es la cristalización del civilización y barbarie sarmientino. En esta “soberbia intelectual” aparece que solo pueden gobernar los “lindos”, universitarios, “blancos y puros”. Pero por mucha vuelta y explicación teórica (y con ejemplos prácticos) que se quiera dar el sujeto de la transformación del movimiento nacional en general y el peronismo en particular es el pueblo trabajador organizado, es el que produce la riqueza y el que tiene que definir los destinos de la nación. Por eso Perón afirma en el año 74 que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”.
           



 Publicado originalmente en Revista Zoom Marzo 2017