El sindicalismo, el progresismo “clasemediero” y la CGT Por Juan Godoy (Sociólogo – UBA)


“La clase media es… media revolucionaria… media intelectual… media nacional... Por ello participa, cree y descree, se asume y no se asume, puede ser peronista y criticar al peronismo, socialista y asustarse de los obreros”. (Juan José Hernández Arregui)

            Jorge Enea Spilimbergo en sus conocidas tesis de 1964 afirma que “la alianza del proletariado con la pequeña burguesía constituye el fundamento estratégico de la revolución argentina”. A la misma la llama “Alianza Plebeya”. En varios momentos de nuestra historia, no muchos, aunque sea muy brevemente se dio esta alianza plebeya. Durante las primeras gestiones kirchneristas se avanzó en ese sentido, alianza que comenzó a romperse trágicamente para el campo nacional en la última gestión explicando, en parte claro, la derrota electoral (por primera vez en nuestra historia), a manos de la oligarquía más rancia y revanchista.
            En este marco, en las últimas semanas se avanzó en la senda de la unidad, del restablecimiento de esa alianza que se puso de manifiesto en la movilización del 7 de marzo que deja como saldo positivo una de las movilizaciones más grandes desde la vuelta a la democracia, quizás la más grande, en contra de la restauración neoliberal, y su plan de miseria planificada. Ahora bien, el final de la movilización con los desafortunados acontecimientos abre un paréntesis en lo que venimos sosteniendo, y nos lleva a estas breves reflexiones, que no pretenden ser la verdad, sino un aporte al debate, acerca de varios sectores del progresismo de clase media, parte del movimiento nacional, y su relación con el sindicalismo en general y la CGT en partircular.
            Primero, y rápidamente, una breve reflexión sobre los disturbios al final de la movilización, claramente aprovechados por los medios de comunicación (y sectores interesados por diversas cuestiones en hacerlo), como representantes de un supuesto análisis desinteresado aunque bien sabemos largamente que son la “voz de la oligarquía” revestida en la objetividad periodística, que sabe como el diablo “meter la cola”, en este caso para horadar la unidad y destruir las chances de dar vuelta el escenario de regresión de los sectores populares. Una de las plumas de la oligarquía lo escribe con claridad en su editorial: “a pesar de los errores y del descenso en las últimas encuestas conocidas, el gobierno de Mauricio Macri puede dormir tranquilo. Durante un tiempo, al menos. Resumidas en una síntesis tal vez arbitraria, las imágenes de la marcha cegetista de ayer significan que el peronismo y los gremios están divididos (y, a veces, peligrosamente enfrentados) hasta para confrontar con Macri”. (Joaquín Morales Solá. La Nación. 8-3-2017)
            En los disturbios del final hubo varios actores políticos, algunos actuaron a conciencia de lo que hacían, otros pensamos no, lo cual no le resta gravedad. La violencia contra las representaciones gremiales de los trabajadores (gusten más o menos), es al menos desafortunada. La instancia elegida carece de sustento. En nuestra opinión, el movimiento obrero organizado existen instancias para definir una medida de fuerza (donde se definió efectivamente), no resulta del todo lógico entonces que en medio de la manifestación el orador deba decidir por encima de “las bases” la fecha de paro general, que se convocó claramente pero sin una fecha determinada, o bien lo defina en torno la representación que está imbuido el triunvirato, pero como su nombre lo indica son tres y no uno. Incluso entre los que reclamaban la medida había sujetos no sindicalizados, y pertenecientes a otra central diferente que la de los oradores. ¿Qué lógica tienen que ellos decidan por una central a la que no pertenecen?, ¿tiene sentido que los que estén más adelante en un acto de más de 500 mil personas decidan por el resto?.
            Asimismo, en un marco más amplio, se ataca a la CGT por una supuesta “burocratización”, no obstante lo real es que esa CGT “burocratizada” si se quiere es la que movilizó 500 mil trabajadores contra las políticas del macrismo. Había también sectores “sueltos” (un porcentaje mínimo), pero quien convocó a la movilización fue la CGT (conjuntamente con la CTA y la CTEP), así que podemos afirmar que esas centrales son las que movilizaron más allá de las “intenciones” de los denominados “empoderados” que se “auto-convocaron” (hay algo fuertemente anti-político en esa idea). Es la CGT conjuntamente con las otras dos también la que logró arrancar al macrismo las dos medidas más importantes, en un contexto de fuerte regresión, la ley anti-despidos, aunque vetada con el consabido “costo político” para el gobierno; y la ley de emergencia social, pronta (sobre todo a partir de las “nuevas protestas” de la CTEP), a sancionarse, o el gobierno seguramente deberá pagar otro “costo político” con los más humildes de la patria. Cabe resaltar que pareciera que son solo las entidades gremiales las que se pueden burocratizar y no así las ciertas estructuras políticas. Basta ver cómo funcionan la mayor parte para observar que no es privativo del movimiento obrero.
            Es también desde “las calles” que comienza a producirse la alianza del movimiento obrero organizado (CGT y CTA, la primera ya unificada y la segunda prácticamente también), con los trabajadores de la economía popular nucleados en la CTEP. Un hecho fuertemente auspicioso, en el que cumple un rol fundamental el Papa Francisco. Pero resulta que ahora los “periodistas a sueldo”, muchos de dudosísimo curriculum, y ni siquiera agremiados a sus representaciones sindicales, le tienen que “marcar la cancha” a los trabajadores y sus organizaciones, algunas con más de ochenta años de vida y tradición de lucha, como muchos de los sindicalistas que la componen, instigándolos a hacer paro y/o poner fecha a una movilización. Algo que raya lo insólito.
            Pensamos acá que lo que se manifiesta es la mirada de la clase media progresista acerca de los trabajadores, sobre todo organizados. En ese sentido, afirmamos es la mirada fuertemente elitista de cierto sectores de clase media en nuestro país (no toda, desde ya, pues sería erróneo pensar que es en conjunto anti-nacional). A esos sectores le pueden gustar los trabajadores pero sobre todo en términos abstractos, en la retórica, no el trabajador de “carne y hueso”. Hacen recordar las palabras de Don Arturo Jauretche hacia Sarmiento en las cuales decía que amaba la humanidad pero no a sus compatriotas. Algo similar.
Molesta al parecer que los trabajadores decidan el destino de la Patria, que puedan tener acceso al poder y definir por “sus vidas”, ¡horror! Por eso también muchos se sienten más identificados con los canales de televisión, en alguna manifestación se escuchó ¡cantar a favor de C5N! (como asimismo “militar” sus “bajadas de línea” y poner como referentes del campo nacional a los mismos), y sus “periodistas progresistas” que con los representantes de los trabajadores. Hernández Arregui en torno a los sectores medios afirma que: “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaría de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño-burgués –y el intelectual no escapa a esta regla– piensa siempre en términos absolutos. Si es propietario, la ley de congelación de alquileres es la injusticia absoluta, si es inquilino, la justicia absoluta. Su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigantes”.
            Resulta evidente que, a pesar de los muchos avances en los últimos años en materia de descolonización pedagógica, poco se avanzó en la conformación de una matriz que piense en términos nacionales. Como sostiene Ramos en los países dependientes “el atraso histórico no se expresa solamente porque los recursos estén en manos del extranjero. Se expresan también en la pérdida de la conciencia aguda del interés nacional”. Lamentables escenas se vivieron cuando algunos manifestantes, algunos identificados con el movimiento nacional peronista, tomaron el atril con la insignia de la CGT cual trofeo de guerra, más lamentable aún que posteriormente otros compañeros festejaran el hecho y decretaran (tal como lo creyeron los “libertadores” del 55), el fin de la Central obrera.
            Esto que decimos queda de manifiesto por ejemplo cuando un trabajador, precisamente el líder de la CGT le dijo a la entonces Presidenta que quizás era hora que un trabajador ocupe la Casa Rosada. Más allá de las especulaciones, hasta hoy el progresismo de clase media recuerda esa frase con escozor. ¿Cómo puede ser que alguien que se coma las letras “S” al hablar sea Presidente? Quizás no conscientemente, pero es lo que cristaliza su accionar.         Sí, a muchos les gusta que gobierne Evo Morales… Que gobierne Bolivia claro. Así y todo muchos se apresuran a afirmar que ¡por suerte tiene a Álvaro García Linera, que es el que realmente maneja la cuestión! Perón se manifiesta claramente al respecto cuando en 1973 se pregunta: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles? (…) cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país, ese será un sentimiento suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones.”
            Es esa clase media progresista que todavía, ¡todavía!, se sigue quejando de los trece paros de Saúl Ubaldini a Alfonsín, contra su estrategia de debilitamiento del movimiento obrero y los inicios de la política neoliberal. Son, ¡Ay, lo peronistas! que no “dejan gobernar, la barbarie que se cierne sobre la república. El mismo Ubaldini que había enfrentado a la dictadura, con el paro más rápido en comparación con las otras dictaduras latinoamericanas, y que le legó el que quizás sea (con temor a equivocarnos, pues en los últimos años hubo algunos, pero que pensamos no tuvieron la repercusión necesaria), el último programa al movimiento obrero revolucionario hasta hoy.
            Asimismo el moralismo progresista hace hincapié en que las elecciones en las organizaciones gremiales no siempre son del todo transparentes, y hay cargos que se re-eligen una y otra vez  a lo largo de los años. Más allá si uno está o no de acuerdo con esta cuestión, ahora bien, basta observar prácticamente cualquier institución en nuestro país para observar las mismas prácticas, por eso llama la atención que solo se observe en este tipo de organizaciones, por lo cual pensamos que esa crítica está más ligada a lo que venimos diciendo: la “incomodidad” de los sectores medios en tanto el poder de los trabajadores. Por poner un ejemplo de los decenas que podríamos, nos preguntamos: ¿o acaso la elección en organismos científicos es absolutamente transparente y los cargos se renuevan periódicamente?, ¿por qué no se le exige a estos sectores “amor a la patria y sus compatriotas” cuando van a utilizar los conocimientos pagados por todos en el extranjero porque suponen que aquí no se les paga de acuerdo a lo que estudiaron? Spilimbergo refiere que “el tema del moralismo en la política argentina es parte de la táctica oligárquica de dividir el frente del pueblo”.
            En el mismo sentido, la relación dirigente sindical y “sus bases”, es una relación tensa, no carente de conflictividad. Más allá de esto, resulta poco realista la idea de una escisión tajante entre las dirigencias y “sus representados”. Resulta difícil que una dirigencia “odiada” por “sus bases” subsista a lo largo de muchos años. Lo que no anula el hecho de la existencia de dirigencias sindicales contradictorias. Las mismas pueden ser mejores o peores, lo que no debiera llevar a un discurso anti-sindical, sino más bien a la disputa del espacio. El triunvirato puede ser mejor o peor, pero “putearlo” sin construcción sindical que dispute los espacios, solo tiene como consecuencia el debilitamiento de la herramienta fundamental de los trabajadores.
            Es claro que la organización a partir de los sindicatos es la herramienta de lucha fundamental de los trabajadores, y fortalecerla dentro del movimiento nacional es central para la emancipación nacional, por eso Hernández Arregui afirma que es “alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. Así lo que debilita a las representaciones gremiales, más aún sin construcción de otras que le disputen las mismas, debilita a los trabajadores de cara no solo a la oligarquía, sino también dentro del movimiento nacional en detrimento de otros sectores, medios o burgueses por ejemplo. No resulta casual que desde que comenzó a tomar para sí la historia en octubre del 45, o al menos desde la intervención de Alberto Patrón Laplacette la intención de la oligarquía haya sido barrer con el movimiento obrero organizado, al mismo tiempo que con el país industrial que es parte de lo mismo.
Insistimos en que esta división es trágica para el movimiento nacional, más allá que gusten más o menos las representaciones sindicales, es la estrategia de la oligarquía. No “caer” en ésta resulta fundamental. En el pasado reciente esa ruptura fue funesta para el campo nacional. Por eso, apuntalar la unidad es central para enfrentar la brutal política llevada a cabo por la Alianza Cambiemos. Poner por delante los intereses de la nación y el pueblo es imperativo.
En fin, lo que problematizamos es que hay una construcción en relación al sujeto del cambio que pondera a la clase media (sobre todo universitaria), por sobre los trabajadores. No es casual que sean los sectores medios principalmente los portadores de esta visión, pues con los que están mayormente penetrados por la colonización pedagógica, son los que consumen ciertos bienes culturales (muchas veces solo con el afán de “la distinción”), correas de transmisión de los valores de la oligarquía. Es la cristalización del civilización y barbarie sarmientino. En esta “soberbia intelectual” aparece que solo pueden gobernar los “lindos”, universitarios, “blancos y puros”. Pero por mucha vuelta y explicación teórica (y con ejemplos prácticos) que se quiera dar el sujeto de la transformación del movimiento nacional en general y el peronismo en particular es el pueblo trabajador organizado, es el que produce la riqueza y el que tiene que definir los destinos de la nación. Por eso Perón afirma en el año 74 que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”.
           



 Publicado originalmente en Revista Zoom Marzo 2017

El Macrismo y la “vieja zoncera” de la apertura de importaciones Por Juan Godoy*


“Librecambio y proteccionismo son en nuestro medio mucho más que dos doctrinas económicas, como sucede en el hemisferio norte, son dos culturas antagónicas. Puerto, libre comercio, autodenigración, oligarquía subsidiaria del imperio, economistas apátridas, golpes militares. La otra: patria, pueblo, industria, conciencia nacional, justicia social”. (Salvador Ferla)

            A más de un año de gobierno, se revela evidente que la Alianza Cambiemos se esfuerza para invertir su lema de campaña, y que el pueblo argentino viva cada día un poco peor. Los números en materia económica son claramente negativos para el sector del trabajo, y la soberanía nacional, no así claro para la oligarquía argentina y los intereses foráneos en nuestro país para los que son más que positivos. No hay que ser un analista avezado para dar cuenta que la política llevada adelante por el gobierno tiene los resultados deseados, en el sentido de la pérdida de puestos de trabajo, la mayor pobreza,  exclusión, cierre de fábricas, comercios, pérdida del poder adquisitivo, etc. No son consecuencias no deseadas, pues en este esquema de gobierno hay sectores, aunque minoritarios, claramente beneficiados. Es el gobierno de los que “no trabajan” o vivieron toda su vida del “trabajo ajeno” para su propia clase.
            La política llevada a cabo por el macrismo, es lo que Rodolfo Walsh definió como una política de “miseria planificada” que comenzó a perfilarse en el 55, y se profundizó en el 76 y los años 90, con el interregno de la “vuelta a una política nacional” de los gobiernos de Cámpora y Perón, y los últimos años de las administraciones kirchneristas. En esta lógica se enmarca la política de apertura de importaciones acelerada.
            Desde que asumió el gobierno en diciembre de 2015, viene implementando una política de persecución a la producción nacional. Tempranamente comenzó con la rebaja o la eliminación total de los aranceles a la importación, el incremento de las facilidades para importar, a lo que se suma el “excel” a medida de las empresas eléctricas que subió descomunalmente los precios de los servicios, haciendo inviable que muchas fábricas (y también comercios), continúen sus actividades, dejando cientos de miles de desocupados, sin olvidar la política de endeudamiento y valorización financiera.
            Esta política de “apertura de importaciones” sigue su curso y se profundiza mes a mes. Basta leer los periódicos de las últimas semanas y observar: “denuncian 4 mil empleos perdidos en la industria del calzado” por la importación de Brasil y China; “Banghó, primera víctima de la quita de arancel a la importación de computadoras”, dejando cientos de despidos; “Las importaciones "obligaron" al cierre de la fábrica de llantas "Mefro Wheels", única fábrica en el rubro que quedaba en pie en nuestro país; “La avalancha de importaciones destruyó miles de empleos en la industria textil”; “El mapa de la destrucción del empleo metalúrgico por las importaciones”, en el caso metalúrgico los despidos se cuentan por miles; “La apertura de importaciones amenaza con colapsar la industria nacional”, y podríamos seguir llenando hojas con noticias similares. La situación no deja lugar a dudas acerca de la existencia de una política de destrucción del tejido industrial.
            La “apertura de importaciones” para la “baja de precios” y “la valorización del poder adquisitivo” de los trabajadores la consideramos como una “vieja zoncera”, en tanto la definición de Arturo Jauretche como principios introducidos desde que somos pequeños (y también cuando somos adultos), que tiene como finalidad que no se conforme un “pensar en nacional”, en fin que no se consolide un pensamiento anclado en los intereses nacionales, que son los intereses populares. No nos referimos aquí entonces a los sectores que defienden esta política económica sabiendo los beneficios para la minoría que se enriquece con el trabajo del otro. Fácilmente: mayor importación, mayor desempleo, destrucción del “tejido industrial”, menores derechos laborales, mayor precarización, menores salarios, etc.
            Existe cierto “hilo invisible” entre los “tours de compras” sobre todo a Chile (pero también a otros destinos “más chic” como Miami), rememorando el “deme dos” de los años de plomo, los argumentos a favor de la eliminación de los aranceles a las computadoras (y otros productos), y los “maestros voluntarios” (más allá del armado a partir de los call centers “oficiales”). Es la construcción de una sociedad egoísta, ajena a los lazos de solidaridad, del “sálvese quién pueda”, en las cual los derechos de los trabajadores son subordinados al interés individualista. Es la destrucción de cualquier intento de conformar una comunidad nacional, más bien todo lo contrario.
           
Acerca de la “compra barata” de los productos importados, Manuel Ugarte aborda la cuestión, en el marco de la discusiones y diferencias con el Partido Socialista de Justo (que van a llevar a que sea expulsado del mismo en dos ocasiones), que vale recordar fue abiertamente librecambista (coincidiendo, como en otros temas, con la oligarquía liberal), que se posicionó contra los aranceles aduaneros en una defensa de la “vida barata” y la valorización del salario del obrero. El gran latinoamericano, Ugarte, en cambio piensa que en los países sin industrias propias la riqueza “pasa de largo” hacia el extranjero, y afirma que “los que arguyen que aumentará el precio de los artículos olvidan que, precisamente desde el punto de vista obrero, la industria resulta más necesaria. Abaratar las cosas en detrimento de la producción nacional, es ir contra una buena parte de aquellos a los cuales se trata de favorecer, puesto que se les quita el medio de ganar el pan en la fábrica. Disminuir el precio de los artículos y aumentar el número de los desocupados resulta un contrasentido. Interroguemos a los millares y millares de hombres que hoy pululan en las calles buscando empleo a causa de las malas direcciones de la política económica; preguntémosle qué es lo que elegirían: vivir más barato o tener con qué vivir. ¿De qué sirve al obrero que baje el precio de los artículos, si no obtiene con qué comprarlos?”. Asimismo alerta acerca del “snobismo de las clases ricas, extendido por espíritu de imitación a las que no lo son y quieren parecerlo, ha generado  esa preferencia absurda por cuanto se vende con marca o rótulo extranjero”. En ese sentido, es preferible la “vida cara” en un país próspero, que la “vida barata” en uno sumido en la miseria.
            Es larga la tradición de las ideas en nuestro país que se oponen a la apertura indiscriminada de las importaciones, muchas de las mismas silenciadas, al igual que quienes las enuncian, al tiempo que se difunden largamente las que pregonan el librecambio ¡la sabia organización de la ignorancia! decía Scalabrini. Así, tempranamente, en una de las primeras (quizás la primera), manifestación clara de proteccionismo en estas tierras, el primer gobernador nativo Hernandarias le escribe al Rey español en 1615: “"el vino y otras mercancías importadas entran por el puerto de Buenos Aires impiden las crianzas y labranzas de etas tierras. Si esto sigue, ¿de qué va a trabajar la gente?".
            Otra de las plumas que tempranamente defiende lúcidamente la industria nacional y critica la libre importación es Carlos Pellegrini que sostiene a mediados del siglo XIX: “no hay en el mundo un solo estadista serio que sea librecambista, en el sentido que aquí entienden esta teoría. Hoy todas las naciones son proteccionistas y diré algo más, siempre lo han sido y tienen fatalmente que serlo para mantener su importancia económica y política (…) Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto”. El librecambio mata la industria naciente. Ya el correntino Pedro Ferré, otro lúcido defensor de la industria nativa, aseveraba la urgente necesidad de establecer “la prohibición de importar artículos producidos en el país”.  
Para la misma época que Pellegrini, como parte de los debates parlamentarios durante el gobierno de Avellaneda en los que se discute si aplicar o no tarifas aduaneras (vale recordar, gana la posición de aplicarlas), Vicente Fidel López, otro defensor de la industria nacional (aunque historiográficamente esté cercano a la historia liberal), expresa “para el Señor Ministro (se refiere al porteñista, librecambista y pro-británico Norberto de la Riestra –¡cualquier similitud con el gobierno actual no es casualidad!-, por entonces Ministro de Hacienda) un país que no produce sino materias primas (…) puede alcanzar la misma altura que un país que produce materias manufacturadas (…) Y yo digo que si nos limitamos a esta esfera, jamás saldremos de la pobreza, de la miseria, de la barbarie y del retroceso”. 
Miguel Cané también lo fustiga preguntando: “yo quisiera que el Señor Ministro me mostrara un solo país en el mundo en que se haya producido la industria de la manera maravillosa (mediante el librecambio refiere), con que él pretende”. Amargamente comenta el Diputado Alcorta que fruto de no proteger la manufactura local la misma “ha desaparecido, dejando sin ocupación a muchos hijos de esta provincia”. Rafael Hernández también se preocupa por el destino de nuestra industria en detrimento de la británica, pues así “abandonando nuestras industrias, entregando nuestro capital, nos convertimos en una especie de Irlanda, en un feudo cuyo señor está en los bancos de Inglaterra”. Ya en el siglo XX Scalabrini Ortíz trata la misma cuestión, rememorando que “telas, trajes y zapatos se fabricaban en el norte argentino y en Corrientes, hasta que la industria inglesa nos confinó al primitivismo pastoril y agrario. Inglaterra, con las ventajas del librecambio arrolló las industrias del interior asentadas en dos siglos de proteccionismo español (…) el librecambio fue fatal para el interior”.
Pero quizás a nuestros actuales gobernantes y a otros también estas palabras le parecerán parte de la “política criolla”, de un pensamiento de “menor seriedad” por ser expresado desde nuestra nación. Así que veamos, como ejemplo, qué dice Arsenio Isabelle, que en un viaje por Argentina, Uruguay y Brasil hacia 1830 expresa: “¿Sabéis que han hecho los ingleses? Se apoderaron de la industria de los indios pampas y araucanos, de los habitantes de Tucumán y Corrientes, fabricando y confeccionando ponchos y las jergas con que se realiza u gran comercio en América del Sur. Y lo consiguieron tan bien que ahora solo se usan ponchos ingleses".
Don Arturo Jauretche, defensor de una política nacional en defensa de nuestra industria, hizo conocida la anécdota del General norteamericano Grant que es útil brevemente aquí. Al término de la guerra civil en el Norte de América (a diferencia de la del Sur), triunfa la política proteccionista, y Grant viaja a Inglaterra desde donde se pregonaba la necesidad que los países adopten el librecambio y se fustigaba el proteccionismo, a lo que Grant arguye que Inglaterra logró su poderío en base al proteccionismo aplicado por dos siglos, y sentencia: “dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector lo que éste pueda darle, adoptará firmemente el librecambio”.
            No obstante estas advertencias, y muchas más, lo que fue primando fue la política de quitarle protección a nuestra industria, salvo excepciones claro como por ejemplo en el siglo pasado la Ley de Aduanas de Rosas que levantó nuevamente la industria artesanal del Virreinato que había sido perseguida por muchos años. Pero a esta política siguió Caseros y Pavón y los principios del librecambio, como a la política industrial del peronismo (la más consecuente, profunda y con mayores logros hasta aquí en nuestra historia), le correspondió la liberal de “la Libertadora”, y la neoliberal de la Dictadura genocida profundizada en los años 90.
            En esta valoración positiva del librecambio resulta relevante destacar que como analiza Marcelo Gullo en su trabajo “la insubordinación fundante”, los países centrales tienen instrumentos “oficiales”, básicamente los organismos de estado; y “no oficiales”, fundaciones, universidades como Harvard, Hollywood, etc. para lograr lo que denomina como “subordinación ideológico-cultural” de los países dependientes. Es mediante estas estrategias de “poder blando” que van penetrando, sobre todo a las elites dirigentes, con ideologías de franca subordinación como el librecambio. En este sentido Hernández Arregui manifiesta que “una nación que acepta la teoría librecambista de otra no es una nación, pues está favoreciendo, al desguarnecer su propio mercado, a la industria extranjera, y en consecuencia, frenando su propio desarrollo industrial, base de toda independencia nacional”.
            Llevamos más de un año de franco y acelerado retroceso de los sectores populares. No obstante, algo comienza a moverse en el subsuelo de la Patria, algunos movimientos hacia la re-unificación del campo nacional, y la marcha de los trabajadores el 7 de marzo puede marcar el inicio de la recuperación, convencidos que los trabajadores son los que sostienen la nación, y que “solo el pueblo salvará al pueblo”.

Publicado Originalmente Revista Zoom en Marzo 2017

* Lic. en Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular”. Publicado en Revista Zoom. Marzo 2017.

La unión hace la fuerza. Acerca de las sociedades de Unión Americana. Por Juan Godoy*


            Mientras el gobierno oligárquico de la Alianza Cambiemos continúa destruyendo los lazos formales e informales en materia de unidad de los países de Nuestra América en los cuales se había avanzado los últimos años, como por ejemplo entre los primeros la UNASUR prácticamente inactiva, o bien la ruptura del MERCOSUR con el impedimento de la asunción de Venezuela (como establecía la institucionalidad), de la presidencia del organismo, etc.; y entre los segundos, por citar un caso: la criminalización de los migrantes de países del Cono Sur. No es novedad que la oligarquía estreche lazos con los países centrales, y los rompa con los que tiene afinidad histórica, económica, social y cultural. La oligarquía no tiene conciencia nacional, menos aún latinoamericana, sino más bien es la “pata interna” del accionar del imperialismo en nuestros países.
Buscamos en estas líneas rescatar, entre los numerosos casos, un proyecto de afirmar vínculos más cercanos que apunta a restablecer la totalidad destruida por la política balcanizadora, principalmente de Gran Bretaña luego del proceso de emancipación de nuestro continente. Se trata del proyecto de las décadas del 60/70 (del siglo XIX), de las llamadas Sociedades Americanas. Allí se demuestra, al menos tres cuestiones.
La primera, que Nuestra América tiene las características de una Gran Nación, proyecto al cual se enfrentó el imperialismo y la oligarquía impidiendo la unidad a partir de la segregación de veinte “patrias chicas”.
En segundo lugar, que la unidad latinoamericana puede (y resulta más adecuado), buscarse “por lo bajo”, ya lo había marcado Juan Perón en el “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional” al afirmar que para lograr la unidad de la Patria Grande “lo esencial reside en trabajar con los pueblos y no simplemente con los gobiernos; porque los pueblos están encaminados a una tarea permanente y los gobiernos muchas veces a una administración circunstancial de la coyuntura histórica”. (Perón, 2012: 23)
Por último, como lo enunciamos en el título, se demuestra que la unidad hace la fuerza, y que también somos una nación en tanto ante las contingencias nos defendemos como tal. En relación a esto último bastaría recordar cuando las invasiones inglesas al Río de la Plata, acuden en defensa de la soberanía las regiones que hoy son Perú, Bolivia, Uruguay, etc. También podríamos bien recordar la última guerra por nuestras Malvinas donde la solidaridad latinoamericana fue un gigante. Asimismo cuando la Guerra del Paraguay, y esto se liga fuertemente a la cuestión de las sociedades de Unión Americana, donde Felipe Varela levanta al interior a favor de la hermana Paraguay, o en el Litoral que se festejan las victorias guaraníes.
Vayamos entonces al tema de las Sociedades de Unión Americana. Jorge Abelardo Ramos (1973), afirma que todas las tendencias anti-nacionales se nuclean alrededor de la figura de Bartolomé Mitre y de su tradición ideológica. Por su parte, Eduardo Luis Duhalde, considera que en la década de 1860 hay un conjunto de personalidades que son profundamente anti-mitristas, se oponen al proyecto oligárquico y pro-imperialista del porteño, portando un proyecto ligado a la industrialización y a las provincias del interior. Estos constituyen algo así como una “Generación del 60”, argumenta que “para los hombres del 60, no son los núcleos oligárquicos enquistados en la geografía del país los destinatarios finales de su modelo. Hay una recurrente apelación a una democratización política y económica, a veces genérica y confusa, pero que connota el carácter participativo de los sectores medios y populares, incluyendo las masas empobrecidas del interior”. (Duhalde, 2005: 33) Entre los hombres de esta generación están Guido Spano, Andrade, José y Rafael Hernández, Navarro Viola, Nicolás Calvo, Eduardo Wilde, Aurelio Palacios, etc.
Duhalde aquí retoma el análisis de un trabajo de Fermín Chávez que plantea algo similar, rescatando a muchos de los mismos personajes históricos que realizan escritos mezclados “con la militancia y el contrapunto político de la hora, como que surgía de sus luchas primordiales: o bien contra los segregadores setembrinos del Estado de Buenos Aires, o bien contra las oligarquías de familias, las intervenciones armadas a las provincias, las alianzas espurias, o las votaciones amañadas por los comandantes militares. Y en sentido correlativo, a favor de la unión nacional amenazada, de los derechos civiles de gauchos condenados, de los caudillos populares acosados por ejércitos del genocidio”. (Chávez, 1976: 6-7)
Estos personajes tienen una concepción de la Patria Grande. Es por eso que se ponen del bando paraguayo en la Guerra de la “Triple Infamia”, están con el Uruguay acechado por Brasil, defienden Paysandú con Leandro Gómez, se posicionan en defensa del Chile bombardeado en Valparaíso, asimismo con el Perú también atacado en la Isla de Chinchas, o bien defienden la soberanía mexicana sometida por el colonialismo bajo Maximiliano, etc. Al mismo tiempo critican con dureza a los gobiernos centralistas, con modelos semi-coloniales, dependientes-agroexportadores y pro-imperialistas como el de Mitre en la Argentina.

En ese marco de agresión colonialista en Nuestra América es que se fundan las Sociedades que defienden una conciencia continental llamadas de la Unión Americana (también se fundan bajo otros nombres, como por ejemplo: Sociedad Bilbao). Bajo el impulso de las mismas se crean numerosos periódicos (muchos clausurados), para combatir desde allí las políticas colonialistas y entreguistas. Luchan como latinoamericanos, ya que por ejemplo se oponen al mitrismo en nuestro país los uruguayos Aurelio Palacios (padre de Alfredo), Laurindo Lapuente, Juan José soto, o chilenos como Francisco y Manuel Bilbao, por mencionar algunos casos. Al mismo tiempo también producen una de las primeras reivindicaciones en nuestro país de Simón Bolívar, al que el “Padre de la Historia” procuró destruir historiográficamente oponiéndolo a la figura de San Martín.
En 1856 se produce la agresión norteamericana a Nicaragua, a  partir de allí resurge la idea enterrada (más allá de algunos planteos), por mucho tiempo con Bolívar en Santa Marta de convocar a un Congreso por la Patria Grande. La cuestión es que al año siguiente William Walker es derrotado, la idea del congreso queda entonces para más adelante. Es con el ataque a Santo Domingo y después a México (recordemos que en 1864 Maximiliano I es proclamado Emperador de México, y es combatido por Benito Juárez), donde vuelve la idea de realizar un Congreso por la Unidad Latinoamericana contra las potencias extranjeras. El llamado al Congreso era motivado por “la demostración imperiosa en que se hallan todos los Estados Hispano-Americanos, de celebrar su Congreso General, necesidad fundada en sus respectivas situaciones actuales, tanto con relación a las potencias europeas, cuanto con la relación recíproca en que se encuentran los unos respecto de los otros (…) La revolución americana verdadero exordio de la revolución social e industrial de que se rata, apenas hizo otra cosa que echar abajo un viejo edificio gótico. Resta pues ahora levantar en su lugar el nuevo que debe reemplazarlo”. (Cit. Ortega Peña y Duhalde, 1975: 75)
Hacia 1861 se produce la intervención anglo-franco-española en México, al respecto Norberto Galasso escribe que este avasallamiento de la soberanía mexicana: “ha levantado una ola de indignación al sur del Río Bravo y han aparecido asociaciones en las principales ciudades levantando el estandarte de la “Unión Americana”. Poco después se formaliza un tratado continental dirigido a aunar fuerzas ante las amenazas prepotentes de España, Inglaterra y Estados Unidos”. (Galasso, 2010: 58) Tratado al cual la Argentina, desde 1862 gobernada por el mitrismo, se niega a firmar porque no observa (a pesar de las evidencias empíricas), tal peligro. Más bien, los intereses son contrapuestos.
Cuando se produce el ataque de la escuadra española a la Isla de Chinchas en Perú en 1864 en la Plaza de Retiro hay una manifestación popular de repudio. Asimismo, Navarro Viola participa en un acto de repudio en el teatro Colón (también hacen uso de la palabra Aurelio Palacios y Juan Chassaing), donde expresa: “en América no distingo pueblos, todos somos uno. En la guerra de la Independencia no los distinguieron nuestros padres, para quienes Chile y el Perú fueron siempre cercanías de Buenos Aires, como Salta y Tucumán (…) Sólo la prensa europea de Buenos Aires no ha encontrado bien que nuestro pueblo salga en defensa de la libertad y la soberanía del país hermano”. (Cit. Duhalde, 2005: 87)
De estos dos actos en repudio a la agresión sobre el Perú, se forma primero una comisión bajo la presidencia de José Matías Zapiola, y luego la Sociedad Unión Americana de Buenos Aires. Vale rescatar las palabras de Duhalde quien sostiene que “la Unión Americana de Buenos Aires no fue una mera institución local: se inscribió en un proyecto político de unidad continental, al igual que sus similares de Santiago de Chile, Valparaíso, Lima”. (Ibídem: 93) También se fundan en las ciudades de México, Quito, Cuzco, Arequipa, Potosí, La Serena, Copiapó, San Felipe (Aconcagua), Talca, Ovalle, Quillota, Montevideo, etc. La más importante y que en cierto modo coordinaba a las demás era la de Santiago de Chile [1] (Soler, 1987)
Asimismo, vale resaltar que los fines de las Sociedades de Unión Americana no eran simplemente la oposición a la injerencia extranjera, sino más bien como lo expresa la filial boliviana de Cochabamba en 1863: “no es la guerra de México el principal y único fin de la UNION: hay otro igualmente grande, que es inmediato, permanente y trascendental. Es el gran CONCIERTO AMERICANO para procurar el desarrollo, el progresó, bienestar general, y llenar los altos destinos que Dios ha confiado a América”. (Cit. Ortega Peña y Duhalde, 1975: 76) El mismo año la filial de Sucre asevera que viven no para las “patrias chicas”, sino “para la gran nacionalidad americana en general”. (ibídem) Ricaurte Soler también da cuenta de esta profunda idea de la unidad continental, ya que considera que “es claro que estamos frente a las primeras formulaciones ideológicas, con esperanzas bolivarianas, de unas capas medias que comienzan a desistir desengañadas, tanto del ideario del liberalismo clásico como de sus asideros sociales”. (Soler, 1987: 190)
La Sociedad de Unión Americana de Santiago de Chile establece en su estatuto que “siendo la Unión Americana la paria común de todos los que hubieren nacido en los Estados que la componen, los ciudadanos de los diversos estados gozarán en cada uno de ellos, de los mismos derechos civiles y políticos que los naturales, y a la misma ley de igualdad quedarán sometidos el comercio, la industria y la marina de todos ellos”. (Cit. Duhalde, 2005: 93) Retomando así lo mejor de la tradición sanmartiniana y bolivariana.

El mismo año, en el diario El Pueblo aparece publicado un petitorio de unión a la Sociedad, convocando a los argentinos que quisieran unirse, y afirmando que “los fines que se propone conseguir la Sociedad Unión Americana son los únicos que pueden salvar la América republicana (…) El indiferentismo matará a la República y una política cautelosa la expone al escenario de los pueblos sin librarla de las garras del poder extranjero”. (Cit. Duhalde, 2005: 95) El petitorio que llama a la fraternidad de la Patria Grande y repudia la injerencia extranjera en la misma logra unas 1500 firmas que se comprometen en ese sentido. Alfredo Terzaga considera que para 1860/70 todavía “no estaba consolidado, en el sentimiento de los pueblos americanos, ni en la realidad de sus países, el proceso de cristalización de los nuevos estados, con la fuerza bastante para hacer olvidar la unidad pre-existente, de la cual las viejas “secciones” eran sólo parcialidades regionales. Ello explica la claridad de lenguaje con la que se expidieron los núcleos de la Unión Americana”. (Terzaga, 176: 210)
Al estallido de la “Guerra de la Triple Infamia” (que más que triple es cuádruple en tanto el papel central, aunque los historiadores coloniales lo continúan negando, de Inglaterra en la misma), las Sociedades de Unión Americana se solidarizan con el país atacado por los intereses oligárquico-imperialistas. Cuando se conoce el tratado “secreto”, anota José María Rosa: “una ola de indignación corrió por el continente: quedó claro que el propósito de los vencedores era repartirse los despojos del Paraguay. Desde Chile, Bolivia, Perú y Ecuador se hizo llegar (el 9 de Julio) la protesta por el atropello: se comparaba la conducta de los “aliados” contra Paraguay con los franceses en México, y los españoles en Santo Domingo y el Pacífico”. (Rosa, 1964: 282)
Hoy (afortunadamente), es más conocido que la Guerra del Paraguay, como decíamos, tuvo la repulsa de los pueblos latinoamericanos. Vale mencionar que el pueblo argentino se niega a combatir al hermano pueblo paraguayo, y a favor de los apetitos oligárquico-imperialistas, tan así que “los levantamientos, sublevaciones y resistencias se generalizan y adquieren características sumamente graves para el gobierno nacional. A tal punto que la falta de soldados debe ser suplida con enganchados de Europa”. (Pomer, 2011: 238) En ese marco, el “Quijote de los Andes”: Felipe Varela subleva al interior argentino, y levanta los principios de la Unión Americana, tan así que “en 1866 viaja a Chile y Bolivia a expandir los comités de la Unión Americana”. (Molocznik. En AA.VV., 2012: 10)
Los principios de la Unión Americana aparecen expresados en las proclamas de Felipe Varela, encabezadas en mayúsculas con un “¡VIVA LA UNIÓN AMERICANA!”, y por citar una donde aparece con claridad, vemos que en la del 1º de enero de 1868 desde Potosí afirma: “¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y LA UNIÓN CON LAS DEMÁS REPÚBLICAS AMERICANAS”. (Proclama 1-1-1868. Cit. AA.VV. 2012: 56)
Para finalizar tomamos las palabras de Navarro Viola que deja clara expresión de la conciencia de la Patria Grande que impera en las Sociedades de “Unión Americana”, en carta a Benjamín Victorica señala: “ya llegará el tiempo en que la ciudadanía de argentinos nos vendrá chica y aspiremos, con razón, a ser americanos. Americanos de un continente unido por la fe, la cultura, el progreso y un mismo sentimiento de patria. Lo que urge ahora es acaba con los amores aldeanos, con las rencillas de poblado y asomarnos a la grandeza que nos aguarda”. (Cit. Duhalde, 2005: 86)


*Lic. en Sociología (UBA). Mg. en Metodología de la investigación (UNLa)

[1] En la misma participaban Lastarria, Francisco Bilbao, Manuel Recabarren, Benjamín Vicuña Mackena, Domingo Santa María, Pedro Félix Vicuña, Manuel Antonio Matta, Guillermo Matta, y héroes de la independencia como Gregorio de las Heras, Manuel Blanco Encalada. Apoyan en Buenos Aires los “clubes Libertad y Progreso”, en Lima “Defensores de la Independencia Americana”, entre otros. (Soler, 1987) 

Bibliografía

Chávez, Fermín. (1976). La Confederación. Un proyecto nacional olvidado. Buenos Aires: Cuadernos de Crisis.
Duhalde, Eduardo Luis. (2005). Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80. Buenos Aires: Punto Crítico.
Galasso, Norberto. (2010). Felipe Varela y la lucha por la unión latinoamericana. Buenos Aires: Colihue.
Molocznik, Jara, Espasande, Galasso. (2012). Las proclamas de Felipe Varela. El mitrismo y la “Unión Americana”. Buenos Aires: Colihue.
Ortega Peña, Rodolfo y Duhalde, Eduardo L. (1975). Felipe Varela contra el Imperio Británico. Buenos Aires: Schapire.
Perón, Juan Domingo. (2012). Modelo argentino para el proyecto nacional. Buenos Aires: Fabro.
Pomer, León. (2011). La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Buenos Aires: Colihue.
Rosa, José María. (1964). La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas. Buenos Aires: Peña Lillo.
Soler, Ricaurte. (1987). Idea y Cuestión nacional latinoamericanas. De la independencia a la emergencia del imperialismo. México: Siglo XXI.
Terzaga, Alfredo. (1976). Historia de Roca. De soldado federal a Presidente de la República. Buenos Aires: Peña Lillo.



Seguir jugando a lo perdido. Por siempre Fidel. Por Dionela Guidi (Socióloga - UBA)


Fidel ya no puede morir. Consiguió la eternidad forjando una revolución imposible, una dignidad perdida, una soberanía burlada.
El pasado 25 de noviembre, Fidel emprendió su viaje a la inmortalidad. Los pueblos oprimidos del mundo se enlutaron por aquel líder que desafió los límites de un sistema injusto, que hizo realidad la posibilidad de una organización social, económica y cultural diferente, dónde el ser humano ocupe el lugar central.
Hasta con su propia vida resistió los ataques del Imperio más grande que haya existido. Cuentan más de 600 atentados contra su persona por parte de los E.E.U.U.
Sus restos recorrieron toda la Isla durante el funeral, haciendo el recorrido inverso al realizado cuando triunfó la Revolución: De La Habana a Santiago de Cuba. Era posible ver en el trayecto hasta el último cubano y la última cubana volcados a la calle. Eran millones. Allí vive Fidel hoy y vivirá por siempre. Difícil cuantificar la dignidad: cuántos de ellos fueron alfabetizados, cuántos curados, cuántos egresaron de la Universidad, cuántos alimentados, cuántos integrados a una sociedad que dejó de excluir para beneficios de unos pocos.
Fidel es un gigante en una pequeña isla que partió el siglo XX como un rayo. Acompañó cada proceso de transformación social, porque entendía como San Martín, Bolívar y José Martí que la emancipación definitiva vendría de la mano de la unidad negada de nuestros países latinoamericanos.
Su huella es indeleble, su legado inconmensurable.

¿Cómo era Cuba antes de Fidel y la Revolución?

Cuba perteneció a la Corona Española durante el periodo colonial. Recién inició el camino hacia su independencia durante el periodo 1868-1878, periodo en el cual se desarrolló la Guerra de los 10 años, llevada a cabo por hacendados que no resultaban beneficiados dentro de su posición en la estructura económica colonial. Las figuras notables de este periodo fueron Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y los hermanos Maceo.
Luchaban por una independencia gradual de España y la abolición de la esclavitud con indemnización a los propietarios. Al finalizar la guerra se firmó un acuerdo que ni garantizaba la independencia cubana ni abolía la esclavitud.
Tuvieron que pasar casi 20 años para que se librara nuevamente una guerra por la emancipación liderada por José Martí, pieza fundamental como intelectual de la revolución y los antiguos combatientes Máximo Gómez y Antonio Maceo.
Finalizando el Siglo XIX, el mundo ingresa en la etapa imperialista del capitalismo, y Centroamérica se convierte en una codiciada tierra para E.E.U.U. Se crean verdaderas economías de enclave en la región, donde las corporaciones se adueñan de la vida económica y política de cada porción del territorio. Manejan su propia moneda, sus propios puertos, trenes, controlan el Congreso y hasta ponen y sacan Presidentes.
Cuba no es ajena a esta situación, y se encontraba además luchando por su emancipación.
Desgraciadamente José Martí cae en combate el 19 de mayo de 1895, y para el año 1898, E.E.U.U que ya influye fuertemente en el mapa, le declara la guerra a España para apropiarse de la Isla.
Máximo Gómez termina por entregar las armas a cambio de una indemnización a los norteamericanos una vez vencida España en la Guerra. Cuba se convierte entonces en un protectorado yanqui. Al caer derrotada España , pierde también Puerto Rico, que quedará bajo dominio colonial estadounidense.
El periodo que se abrió entonces es de absoluta ignominia para Cuba, que pasó a ser conocida como el “prostíbulo” norteamericano. Una vasta red de casinos, proxenetas y servicios al turista gringo se instala en las ciudades, mientras que  la oligarquía latifundista genera hambre y pobreza en el campo.
El Dictador Fulgencio Batista es producto de este periodo. Surgido de las fuerzas de ocupación yanquis llegó a ejercer la presidencia, en primer término como expresión de las revueltas populares contra el régimen de Machado, corrupto y servil. Pero más tarde, se convirtió en un tirano déspota y lacayo de los intereses norteamericanos.


La figura de Fidel en la Revolución

Fidel asoma a la vida política de Cuba en la oposición a la dictadura de Batista. Nacido en Biran, un pueblo de la provincia oriental de Holguín e hijo de terratenientes, estudió en Derecho en la Universidad de La Habana. Allí es dónde se erigió como dirigente estudiantil.
Para 1953, Fidel Castro ya había reclutado hombres y armas por toda la isla, dispuesto a derrocar a Batista. Ocurrió entonces, el 26 de julio, el asalto al cuartel Moncada, que aunque fallido fue la antesala de lo que ocurriría años más tarde. A Fidel le valió el enjuiciamiento, cuya defensa fue el famoso documento “la historia me absolverá”, y el exilio; a muchos de sus compañeros la vida.
Ya en México, organiza el Movimiento 26 de julio y la expedición en el yate Gramma, que en 1956 logra pisar suelo cubano. En 1957, fue  atacado el palacio de gobierno de manera frustrada y la guerrilla instaló su cuartel general en la Sierra Maestra desde dónde Fidel comanda la guerra revolucionaria contra la dictadura.
Fidel Castro fue, antes que nada, un excepcional líder político. Es común escuchar que la revolución cubana fue un triunfo de tipo militar. Lo fue también, pero fundamentalmente fue un triunfo político, dónde la figura de Fidel logra sintetizar y expresar todas las fuerzas de descontento contra Batista, en todo el espectro  político, incluso en la derecha.
La historia de los procesos de transformación social latinoamericanos le escapan a los manuales de la izquierda internacionalista, Cuba no es la excepción: Son pluriclasistas, inorgánicos, heterogéneos en su composición ideológica. En Cuba se conformó un gran Frente Nacional opositor a los intereses de la oligarquía servil. Lo notable de la conducción de Fidel Castro es lo inclaudicable de sus posicionamientos populares. Logró sortear los embates de la derecha que intentó hacerse del triunfo popular y llevar adelante un programa integral para la liberación nacional. Así, sin titubeos, la liberación nacional fue para Cuba en 1959 y para toda América Latina hasta nuestros días una palabra urgente. No hay maquillaje en el lenguaje que pueda con ella.
El programa revolucionario expropió para el pueblo cubano las empresas norteamericanas de servicios, de comunicaciones y refinerías. En respuesta, EEUU invadió la isla fallidamente a través de Bahía de Cochinos. Realizó además dos reformas agrarias que terminaron con el latifundio en Cuba.
Año a Año, a pesar del  bloqueo genocida que la potencia yanqui impuso a la economía cubana, los indicadores sociales de la Cuba socialista están entre los mejores de la región e incluso supera en muchos aspectos a las sociedades europeas y a la propia norteamericana. A la caída del bloque soviético, a Cuba le quedó resistir el “periodo especial” sin ponerse de rodillas ante el imperialismo.
Fidel, como gran patriota latinoamericano, acompañó y fomentó el resurgir de América Latina con los gobiernos populares nacidos al calor de la oposición al neoliberalismo.
Hoy nos toca honrarlo haciéndonos cargo de su legado. Seguir en la huella de la liberación para que no nos devoren los de afuera. Como dice la trova cubana, seguir jugando a lo perdido. Fidel ya ganó todas las partidas.
Hasta siempre Comandante.









Juan Manuel de Rosas y la Vuelta de Obligado por Juan Godoy - Malvinas Causa Central 26-11-2016 - Radio Megafón UNLa. FM 92.1 -






La prensa forjista y la cuestión nacional.

Por Juan Godoy[1]




“somos un país colonial, un pueblo en servidumbre, una nación sometida (…) Esta es nuestra desgracia, nuestra vergüenza argentina (…) Los hombres realmente libres y patriotas deberemos luchar a esta altura de nuestra historia por una patria redimida”. (Señales. 10/7/35)
O recuperamos la perdida Patria entregada por la oligarquía, asegurando nuestra libertad y nuestro bienestar, es decir, nuestro destino, o morimos en la miseria a que la explotación conduce legando a nuestros hijos y la posteridad la indignidad de una esclavitud sin esperanzas”. (FORJANDO. Año I, Nº 6, pp. 1)
Introducción
            En los países que tienen una cuestión nacional irresuelta la conformación de un pensamiento nacional, un pensar desde y para nuestra propia realidad y según nuestras necesidades aparece como problemático, mientras que en los que ya la resolvieron, ese pensamiento aparece prácticamente naturalizado. La discusión por la cuestión nacional entonces es el tema central de nuestra nación.
Así, en los países semi-coloniales, es decir aquellos que tienen una independencia formal, aparente, pero una dependencia real del imperialismo donde la dominación se asegura principalmente por la superestructura cultural, el papel de la prensa es fundamental como forma de hacer invisible dicha estructura económica dependiente, y si es posible hacer que el opresor “hable por la boca” del oprimido, que esté convencido que ese “orden de las cosas” lo favorece, es el mejor que puede tener. No obstante, consideramos aquí que al mismo tiempo también la prensa (no la dominante claro), puede cumplir el papel contrario, es decir la crítica a la sumisión neocolonial.
            Es en este marco desde donde pensamos las publicaciones forjistas, considerando que las mismas se encuentran en el segundo de los grupos. De esta forma, en el presente pretendemos dar cuenta de las principales ideas que la agrupación Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (en adelante FORJA), expresa en sus publicaciones periódicas[2].
            Una brevísima referencia consideramos se hace necesaria. FORJA es una agrupación que surge en plena década infame (Torres, 1973), ante la claudicación del radicalismo alvearista, el fraude electoral y la entrega de la Argentina al Imperialismo Británico. Nace precisamente un 29 de junio de 1935 en un sótano de la Ciudad de Buenos Aires. En ella participan Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Scalabrini Ortíz, Gabriel Del Mazo, Atilio García Mellid, Manuel Ortíz Pereyra, entre otros. La misma termina desintegrándose dos meses después del 17 de octubre del 45, y el advenimiento del peronismo, en gran medida ese acontecimiento explica la desintegración. El forjismo da “un paso al costado” para integrarse, no en forma orgánica, al peronismo naciente.
            Ramón Doll trató sagazmente la cuestión de la prensa en los países semi-coloniales, y es un crítico de la articulación entre el poder económico (a veces el político también), y los medios de comunicación. Habla en la década del 30 de éstos como el cuarto poder, y establece que

El periodista a sueldo no tiene opinión propia, no puede tenerla en un diario grande (…) Pero no se hable en este aspecto del asunto de libertad de pensar y de coincidencia de ideales y miras. Hay un patrón que manda y un empleado que obedece. Y es lo justo que el patrón mande y el periodista obedezca. Pero no es justo que el patrón respecto a su empleado se coloque en esta cómoda situación: en sus derechos de patrón se afirma con una mano en todas las prerrogativas de propietario y dueño de empresa, pero cuando se trata de los deberes y obligaciones, entonces empuña en la otra mano la libertad intelectual. (Doll, 1939: 28)

La “libertad de prensa” así entendida como una falacia. Pues, los periodistas, al menos los de la “gran prensa”, tienen solamente la libertad de publicar y decir lo que el dueño del medio para el cual trabajan quiere que digan.
Resaltamos que muchos de los temas debatidos por los forjistas son sumamente actuales, lo cual se explica a partir de la profundidad de los análisis, como asimismo de la cuestión nacional irresuelta a la cual ya hicimos referencia. Por último, también destacamos que el material con el trabajamos: las publicaciones periódicas forjistas son prácticamente inhallables, tienen ciertas particularidades en sí mismas y no han tenido, salvo algunas referencias menores, un abordaje especial por parte de la historiografía. Si la temática general FORJA constituye un hecho maldito de la historiografía (Godoy, 2015), peor suerte han cumplido las publicaciones.
 
La construcción de una matriz de pensamiento nacional y latinoamericana

Consideramos que FORJA construye a través de sus publicaciones (como también de otras intervenciones[3]) un ideario profundamente nacional y original. Es nacional en tanto piensa la resolución de las problemáticas nacionales a partir de la aplicación de un criterio propio, dejando de lado la importación acrítica de ideas y conceptos pensados para otras realidades y/o en otros tiempos. Vale la aclaración que esto no significa la negación de ideas germinadas en otros espacios geográficos o temporales, sino que implica la ruptura con la importación acrítica, teniendo en cuenta que en el país semi-colonial se importan de las metrópolis tanto productos manufacturados como ideas. Esa importación acrítica se basa en considerar como bueno o civilizado a lo ajeno por el mero hecho de serlo, y malo o bárbaro lo propio, también por el mero hecho de serlo. En fin, no se trata de cerrazón frente al extranjero, sino la incorporación de esas ideas a través de un tamiz propio y de las necesidades nacionales.
A partir de esto decimos también que es original, pues a pesar que tiene influencias (como cualquier movimiento político), FORJA se atreve a buscar la propia voz, un pensamiento que no repita sino que cree categorías de análisis. Es la ruptura con la imitación. Expresa en una de sus publicaciones:

Tenemos que liquidar toda calcomanía extranjera en cuanto resulta instrumento de nuestro coloniaje, de nuestra sumisión a formas de ser y de vida que no corresponden a nuestra realidad americana, ni favorecen el desenvolvimiento autónomo de nuestras fuerzas creadoras. (La Víspera. Año 1. N° 2, s.p.)

            FORJA es la expresión de un nacionalismo popular, entendiendo por éste la respuesta de un país oprimido frente al avance del imperialismo, y esa respuesta es desde el pueblo, pues hay que dejar de lado la “antojadiza pretensión de hacer la revolución desde arriba y derivando la mira hacia el pueblo, esta revolución se hallará a sí misma”. (FORJA. B.B. Nº 6 pp. 2)
            En este punto seguimos la reflexión teórica de Juan José Hernández Arregui (2004), quien pone de relevancia la necesidad de diferenciar el nacionalismo de los países opresores, un nacionalismo expansivo, del de los países oprimidos, un nacionalismo defensivo, y dentro de este último el oligárquico del popular (teniendo en cuenta el sector social que lo proclama). Los forjistas desde FORJANDO sintetizan su posición nacional[4]:

El nacionalismo es, cabalmente, apego de un pueblo a su patria, a ese conjunto de cosas materiales e inmateriales que constituyen lo que se llama patria. Es amor a la historia, a las tradiciones, a la tierra, a la nación, al pueblo, sobre todo, a los ideales de justicia y libertad que perennemente están presentes en el corazón y en la inteligencia de los argentinos. Nacionalismo es voluntad de emancipación, decisión inquebrantable de ser una nación en plenitud de su soberanía en el concierto de todas las naciones. Es repugnancia al vasallaje, a la esclavitud y a la explotación. Es, en fin, querer llegar a ser una nación libre e independiente de toda dominación extranjera. (FORJANDO, Año II, Nº 10, pp. 1)

            El corpus de ideas forjista nos permite enmarcarlo en lo que Alcira Argumedo llama “matriz de pensamiento” nacional y latinoamericana. Se trata de un lugar epistemológico diferente al imperante, es la discusión de las teoría emanadas desde el centro, la construcción de un punto de partida que discuta la dependencia. Argumedo argumenta las matrices como

Formas de re-elaboración y sistematización conceptual de determinados modos de percibir el mundo, de idearios y aspiraciones que tienen raigambre en procesos históricos y se alimentan de sustratos culturales que exceden los marcos estrictamente científicos o intelectuales (…)ese mirar desde el espacio social e histórico de las masas populares latinoamericanas, fundamenta una filosofía y un conocimiento que necesariamente piensa la historia y el devenir humano “también desde la esclavitud y la servidumbre”. Un lugar epistemológico que lleva a evaluar críticamente las corrientes ideológicas del Norte. (Argumedo, 2002: 81 y 136)  

            Es el abordaje de las problemáticas nacionales a partir de un criterio propio de análisis. Esta mirada analítica no parte de un esquema abstracto que luego intenta de aplicar a una realidad concreta, sino más bien lo que procura es partir de la realidad para construir las categorías. Es el camino contrario al seguido generalmente por las tradiciones teórico-políticas de nuestro país.
Cabe llamar la atención asimismo que lo de FORJA no es desde ya un corpus teórico que se pueda “encorsetar” en los marcos académicos, no es su intención, es una agrupación política. Nosotros somos los que en nuestra reflexión y trabajo le damos un orden a ese cúmulo de ideas que están en sus publicaciones. Asimismo resaltamos que las categorías forjistas tienen un doble sentido: son de análisis, y al mismo tiempo de acción política.
            Al mismo tiempo y profundizando, consideramos que se encuentra en la misma línea y es pertinente para nuestra temática la noción de epistemología de la periferia que vertebra Fermín Chávez, quien asevera que

La exportación de ideología desde el centro hacia la periferia no constituye un hecho nuevo en la historia de la humanidad. Lo que sí es un hecho nuevo es la toma de conciencia por los pueblos periféricos del significado de la ideología que ha recibido, o sigue recibiendo, de los sistemas centrales de poder (es necesario) formular, orgánica y metódicamente, una redefinición de conceptos referentes a todo nuestro proceso cultural en función de autoconciencia y liberación (…) todo lo dicho apunta a fundamentar la necesidad de una aproximación conceptual en torno a un nuevo eje cultural que no sea la ideología de la dependencia, en sus distintos matices, puesto que hoy el sistema central de poder exporta hacia la periferia no un ingrediente único (…) Desentrañar las ideologías de los sistemas centrales, en cuanto ellas representan fuerzas e instrumentos de dominación, es una de las tareas primordiales de los trabajadores de la cultura en las regiones de la periferia. Pero la realización cabal de esta tarea presupone, a su vez la construcción de un instrumento adecuado; necesitamos pues, de una nueva ciencia del pensar, esto es, una epistemología propia. (Chávez, 2012 -1977-: 35, 39, 41 y 168)

            Los títulos y subtítulos de las publicaciones marcan la tónica de las mismas, y muestran desde qué lugar se posicionan en el sentido que lo venimos enunciando. Un repaso rápido por algunos de ellos resulta significativo: “orientación nacional”, “Argentinidad”, “le habla al pueblo en su idioma”, “Pan, Patria y Poder al Pueblo”, “sentir, pensar y obrar como argentinos”, etc. Estos son nombres que refieren a “lo nacional”, y a la cuestión popular. Asimismo hace referencia a la sencillez del lenguaje.

Un ideario nacional para el país semi-colonial

            Los jóvenes forjistas van a diagramar un conjunto de estrategias para comunicar sus ideas. Fundamental y centralmente les interesa poner de relevancia que la Argentina constituye un país dependiente de Gran Bretaña, y a partir de ese punto la necesidad de establecer una posición nacional-latinoamericana. En ese conjunto de estrategias que piensan aparecen los discursos, cuadernos de formación, volantes, y también se enmarcan las publicaciones.
La idea es pensada por Arturo Jauretche. Así, éstas son una forma más de difundir su ideario. Actúan como un vehículo para llegar a rincones alejados del país, al mismo tiempo que mantener, sobre todo a partir del crecimiento de la agrupación una coherencia ideológica, es decir le son útiles también para “bajar” su línea programática hacia las filiales que se van fundando en el interior argentino, sobre todo a partir del año 1940 cuando la agrupación tiene un crecimiento importante.

            Del desarrollo que venimos haciendo se desprende que FORJA construye un ideario desde y para un país semi-colonial. FORJA parte de la idea que nuestro país solo tiene una independencia formal, es desde ahí que realiza sus análisis, y como decíamos esa perspectiva analítica pretende ser vehículo para la acción política. El forjismo a través de sus denuncias quiere conmover, pretende movilizar los espíritus en una década de fuerte ignominia y desazón de las mayorías populares FORJA quiere ser una voz de reivindicación de las tradiciones de lucha del pueblo argentino, de ruptura con la autodenigración de lo nacional, de autoafirmación de lo propio, de la conciencia nacional mancillada.


            Es por esto último que el forjismo le da mucha importancia en sus publicaciones a las frases cortas y punzantes, las cifras, las letras mayúsculas, los signos de exclamación, etc. Son recursos que utilizan para generar participación. Esta “forma” que utiliza el forjismo es epigramática. La frase, la consigna, esa palabra en mayúsculas sirve como “puerta de ingreso” a una nota, al desarrollo de una idea. Así, las publicaciones de FORJA se encuentran a “medio camino” entre el volante que mayormente es la frase, y a veces el desarrollo corto de una idea por una cuestión de espacio, y los cuadernos o conferencias que tienen un contenido más profundo, más denso y complejo para la comprensión. Demanda otro tiempo. Asimismo, las publicaciones tratan por un lado el “tema del día”, van “marcándole el pulso” a los diferentes gobiernos de la década del 30, y por el otro tratan algunas temáticas más profundas, estructurales, de análisis de la realidad de nuestro país.
            Como decíamos al comienzo, nosotros aquí buscamos ordenar y categorizar ese conjunto de ideas de modo de lograr analizar y dar cuenta profundamente del mismo. En este sentido consideramos como ideario al conjunto de aportes teóricos y conceptos económicos, culturales y políticos que los miembros de FORJA construyen y transmiten en sus obras, exposiciones públicas y publicaciones periódicas. Nosotros hacemos énfasis en estas últimas. A partir de esta definición dividimos el ideario en los aspectos político, económico, y cultural. Resaltamos que esas categorías no son mutuamente excluyentes, sino que se entrelazan.

- El ideario desde lo político

            El tema central analizado por el forjismo es el accionar del imperialismo británico que somete a nuestro país a la condición dependiente. FORJA considera que nuestro país una vez que obtuvo la emancipación política a principios del siglo XIX, no logró avanzar en la emancipación económica de las garras que comenzaban a atrapar al país y reducir su independencia a una mera formalidad. Así de la posibilidad de encarar una política realmente soberana se pasó a una dependencia ahora de Gran Bretaña. Esta denuncia lo lleva a decir a Hernández Arregui (2004b) que FORJA es la primera denuncia sistemática, profunda y articulada del imperialismo británico en la Argentina[5]. Aníbal Ford en el mismo sentido profundiza diciendo que FORJA “será la primera denuncia orgánica y sin concesiones de la subordinación de la Argentina a los intereses del imperialismo en una perspectiva que comienza a dejar atrás las formas del nacionalismo burgués o romántico”. (Ford, 1971)
            Esta es la base de todos los análisis de la agrupación. De ahí que FORJA considere la necesidad principal de romper con esta dependencia. Es que esta situación no nos deja ser plenamente una nación, lo impide. Siendo un país dependiente no puede haber soberanía política, ni cultural. Así, los muchachos de FORJA piden por la emancipación integral de la nación. El del forjismo es un pensamiento profundo, que no deja lugar a “medias tintas”, por ello hace este llamado a la ruptura total con el imperialismo.

            FORJA, como decíamos es una manifestación original que si bien tiene influencias (como toda vertiente política), de otras ideologías, se preocupa por crear categorías propias de análisis y acción política. Así, como punto de partida el forjismo expresa en sus publicaciones la noción de una posición nacional-latinoamericana. Con esta noción los forjistas quieren significar la necesidad de encontrar puntos de coincidencia para la construcción política.
            Esa posición busca hacer confluir a todos los sectores políticos enfrentados en mayor o menor medida a la oligarquía y al imperialismo. Piensan en la unidad vertical de todos los sectores bajo esa premisa. No obstante, cabe llamar la atención que no es una mera sumatoria de voluntades, sino que es la confluencia para fines trascendentes y objetivos nacionales. Esta creación forjista no es teórica, sino fundamentalmente política. FORJA considera que esos dos actores políticos: interno y externo impiden el libre desenvolvimiento de la nación como tal. Por este motivo es necesario romper definitivamente con ambos para avanzar en la emancipación nacional.
Desde una de las publicaciones forjistas Arturo Jauretche hace referencia a esta posición o voluntad nacional:

El país necesita eso; una política nacional. Pero eso no puede ser obra de un gobierno, sea éste civil o militar. Habrá, tal vez, medidas de gobierno con carácter nacional, pero no una política constructiva con posibilidades integralmente emancipadoras, si ella no surge de un estado de opinión, apasionado y combatiente, más fuerte que cualquier interés creado y con perdurabilidad suficiente para sobrevivir a los resquebrajamientos que la empresa ocasione en el actual esquema del país (…) ese estado de opinión es lo que en FORJA llamamos voluntad nacional, que es cosa distinta a la simple y ocasional suma de voluntades que se da en oportunidades electorales como mayoría. Y no puede construirse nada desde arriba sino trabajando en el seno del pueblo. (FORJA. B.B. Nº 3 pp. 2)

            Esta construcción política del forjismo ponemos de relevancia  no parte “desde arriba”, sino que lo hace desde “el seno del pueblo”. Es una construcción política que considera al pueblo como creador, por lo cual la construcción es conjuntamente con el mismo. El mismo aparece en su ideario como la “pulpa y el latido de toda gesta emancipadora”. (Argentinidad. Nº 1, contratapa) Es por eso que “FORJA avanza en la comprensión del pueblo. Es la comprensión de sí mismo la que éste hace comprendiendo a FORJA”. (Argentinidad. Nº 2, pp. 1) El forjismo no fija caminos que se ubiquen por fuera de la capacidad de creación de los sectores populares. Desde la publicación “FORJA, Bahía Blanca” afirman la tarea de

Ir al pueblo, procurando su organización en grandes núcleos definidores del sentimiento colectivo, desalojando a aquellos que se han colocado a su amparo aprovechadamente (…) Todo historia viene de abajo, de los estratos populares; como lo demuestra la historia nacional que ha sido escenario de cruentas luchas por la integración de la patria lograda solamente una vez que se protagonizó en ella al pueblo. Pretender obrar en sentido contrario será perder la perspectiva trascendente que señala el momento, anulando cualquier esfuerzo o retardando sin objeto las manifestaciones útiles de los que no se animan a colaborar en la obra magna de la construcción propia, por considerar desvirtuada su labor. (FORJA. B.B. Nº 6 pp. 1)

Vale resaltar en este punto el nacionalismo popular que sostiene FORJA según lo indicamos anteriormente. La cuestión reside en que para el forjismo la nación es el pueblo, son inescindibles.
La visión forjista es la de un país ajeno a la lógica de la oligarquía portuaria. Busca mirar los problemas del país profundo. Hay en FORJA una fuerte reivindicación del papel de las masas en la historia. La cuestión nacional viene de la mano con la social. Las dos vertientes en las que el forjismo pretende encarar la lucha. Por eso además de dar cuenta profundamente acerca de la dependencia, avanza en el planteo de la cuestión social. Así en Reconquista articula estas cuestiones y se pregunta: “¿paludismo, raquitismo, tuberculosis? Sí. Pero por sobre todo eso, y por debajo y a los costados, esa verdad cruda. Un pueblo mal alimentado”. (Reconquista, N° 5: 4) Y continúa más adelante profundizando: “destruida en las provincias la vieja industria local por la competencia de la mercadería importada (milagros de la tarifa parabólica), rota la economía familiar y sustituida por una mercantil que no deja medios de compra en manos del trabajador”. (Ibídem)

            Critica así también el librecambismo instaurado como “política científica” por el liberalismo argentino para construir el “país  granja” de Su Majestad el Reino Unido. El país pequeño que sólo se dedica a la producción de materias primas y la importación de los productos elaborados. La Patria para unas pocas familias que se dan una vida de lujos y placeres, y dejan solo las migajas a las mayorías populares.

- El ideario desde lo económico

            FORJA a través de sus denuncias acerca de la penetración británica en nuestra economía va demostrando que la estructura económica de nuestro país fue montada por el imperialismo británico en alianza con la oligarquía porteña (únicos dos beneficiados de este modelo económico). En ese marco, se estructura el país de “cara al Atlántico”, de modo que las riquezas producidas en estas tierras van a ser expoliadas por el imperialismo.
            Así en las denuncias de los forjistas en las publicaciones aparece el Banco Central Mixto, el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, la Corporación de transportes, los frigoríficos, ferrocarriles, etc. como parte de esta penetración, pues todos se encuentran en manos de Gran Bretaña, y responden a su interés más que al nacional. Desde las páginas de Reconquista enjuician la situación:

Todos los órganos de la economía argentina obedecían a directivas extranjeras, sobre todo inglesas. Ingleses eran los ferrocarriles, que son las arterias y las venas del cuerpo nacional. Ingleses eran los monopolios del comercio de granos. Ingleses, en su mayor parte, los frigoríficos que trustifican el comercio de carnes. Inglesas las grandes tiendas que sobrevinieron al sistemático de las grandes tiendas criollas. Ingleses, los principales aparentes compradores internacionales. Ingleses los importadores. Ingleses, disfrazados con las banderas de naciones pequeñas, las compañías de luz y fuerza. Inglesas las compañías de tranvías y muchas de las empresas de salubridad. Ingleses son los más grandes terratenientes de los que nadie habla. (Reconquista, Nº 1: 6)

            Nuestro país produce enormes cantidades de riqueza, pero fruto de su estructura económica dependiente drenan al extranjero. La pluma incisiva de Scalabrini Ortíz refiere a la cuestión:

Se ha repetido constantemente que la Argentina es un país rico; lo es, objetivamente, si se atiende a la suma de productos que envía al extranjero –exportación- o a la suntuosidad con que viven poquísimos privilegiados, pero no es una nación rica y fuerte si se atiende a sus valores económicos permanentes. (Señales. Año 1, N° 3. Rep. En Scalabrini Ortíz, 2001: 195)

            En otro número de la publicación proto-forjista Señales también hace referencia a la misma temática:

La riqueza en tanto capacidad de acción, poder, independencia y aun espíritu, no es riqueza de estas tierras. Es riqueza particular de los capitalistas extranjeros, así como el valor económico, político o social de las cosechas son del propietario y no del peón que las sembró, cuidó y cosechó. (Señales. 8/5/35. Rep. En Galasso, 2008) 

            En esta estructura dependiente que denuncia la agrupación aparecen dos componentes reiteradamente en las publicaciones: el papel cumplido por los ferrocarriles y el endeudamiento externo.
            En relación al primero el que se ocupa principalmente de la temática es Raúl Scalabrini Ortíz. La idea que establece es que los ferrocarriles fueron trazados bajo el influjo de Gran Bretaña. Esa influencia hizo que se trazaran en forma de abanico hacia el puerto de Buenos Aires. Ferrocarriles funcionales al país semi-colonial, dependiente y agroexportador. Los trenes bajan con materias primas y vuelven a las provincias con los productos manufacturados que arruinan la economía provincial. Al mismo tiempo, los ferrocarriles utilizan como arma principal la tarifa que va a elevarse o bajarse de acuerdo a la conveniencia británica. De esta forma, sirven para mantener a nuestra nación en el primitivismo agropecuario.

El ferrocarril es el enemigo de la prosperidad argentina (…) Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nación (…) Es imposible concebir una unidad orgánica cuyas vías de comunicación pertenezcan al extranjero, así como es imposible concebir un ser cuyos movimientos arteriales sean regulados por una voluntad ajena. Esto es, sin embargo, lo que ocurre en la Argentina y por eso la Argentina es una nación ficticia, una nación nominal. Gozamos apariencia de nación hasta donde esa apariencia no perjudica los intereses de Inglaterra (…) Tenemos un escudo, una bandera y hasta una Constitución, pero nuestra voluntad política, nuestra conducta financiera, nuestra organización social, nuestra ruta económica y hasta la interpretación de nuestra historia nos es dictada solapadamente desde Londres. (Señales 23/10/35. Rep. Galasso, 2008: 198)

            El ferrocarril entonces actúa, sobre todo a partir de la política de tarifas, haciendo florecer una región o impidiéndola. De esta forma, los británicos apuntan a invertir en lo que haga de la Argentina un país dependiente. La inversión imperialista no es aislada, sino que se dirige a montar una estructura de expoliación.
            Por último en este apartado en relación a lo económico vamos a observar el lugar que los forjistas le dan al endeudamiento externo. La agrupación hace un análisis histórico del mismo, desde sus comienzos en 1824 bajo la injerencia de Bernardino Rivadavia, el préstamo con la Casa Baring Brothers, hasta el momento donde escriben. Esta temática, al igual que la de los ferrocarriles, la estudia sobre todo Raúl Scalabrini Ortíz. El empréstito Baring por 1 millón de libras esterlinas: “no fue más que un empréstito de desbloqueo, un modo de transportar en forma permanente las ganancias logradas por los comerciantes ingleses en las orillas del Río de la Plata”. (Reconquista, N° 2: 20) Y avanza en el planteo:

El único resultado visible y comprobable del empréstito fue el detener el desarrollo de los pueblos, que es posiblemente el objetivo primordial de la Diplomacia inglesa: detener el progreso de los pueblos, por lo menos mientras ese progreso no esté bajo control británico y sirve a la grandeza imperial. (Reconquista, N° 5: 16)

            Lo que le interesa demostrar a los forjistas son algunas cuestiones. Por un lado, demostrar que lo que se nos presenta como un empréstito extranjero en realidad es riqueza argentina capitalizada por Gran Bretaña. Por otro lado, pone de relevancia lo que consideran como una “trampa”: el endeudamiento por parte de los países centrales a los periféricos no es para el desarrollo de los primeros, sino que actúa como un mecanismo de encadenamiento.
            Como pudimos observar el ideario nacional de FORJA en el aspecto económico considera la urgente necesidad de romper la relación dependiente con el imperialismo. El forjismo no cree en soluciones parciales. Hacer una emancipación integral para tener independencia económica, y soberanía política y cultural es la tarea primordial.

- El ideario desde lo cultural

            FORJA toma como punto de partida que a la estructura económica dependiente le corresponde una cultural que hace invisible o justifica aquella. Así, en los países semi-coloniales la dominación se asegura principalmente por la colonización pedagógica. Las dos se apuntalan mutuamente. Al mismo tiempo la colonización pedagógica impide el desarrollo de una conciencia nacional, haciendo posible o más sencillo el saqueo. Los forjistas lo expresan en Argentinidad:

Reducida la Argentina a condición colonial en lo económico, también lo está en lo cultural. Universidad, prensa, literatura de propaganda profusamente distribuida, hacen que muchos argentinos se ubiquen al margen de los verdaderos y permanentes intereses del pueblo y sigan los vaivenes de la política internacional del país (…) nefastas para la liberación de la América oprimida. (Argentinidad. Nº 2, pp. 1)

            Se hacen presentes así los aparatos de colonización pedagógica, desde la escuela, la universidad, hasta la radio y los periódicos. Esos instrumentos responden principalmente (aunque no únicamente[6]), al interés de la oligarquía.
Como resultado de esta colonización pedagógica, y de la no conformación de una cultura nacional aparece la imitación, la importación acrítica de ideas. García Mellid afirma que: “cuantos se sometieron al patrón de las teorías foráneas, cuentan con estatuas y son exaltados como modelos”. (La Víspera. Año 1. N° 2, s.p.) Los aparatos culturales ocultan o tergiversan a los que defendieron la Patria, y valora positivamente los que la entregaron.
Es por esto que FORJA reclama una pedagogía de lo nacional, una pedagogía de la tierra dicen.

Tenemos que liquidar toda calcomanía extranjera en cuanto resulta instrumento de nuestro coloniaje, de nuestra sumisión a formas de ser y de vida que no corresponden a nuestra realidad americana, ni favorecen el desenvolvimiento autónomo de nuestras fuerzas creadoras. (La Víspera. Año 1. N° 2, s.p.)

            La agrupación aborda la colonización pedagógica desde múltiples aristas. Le interesa ayudar a la conformación de una conciencia nacional y lo hace a través de una tarea enorme de descolonización pedagógica.
           
Reflexiones finales

La prensa forjista le permite a la agrupación tener una doble influencia: por un lado, influye por lo bajo, es decir, su ideario va penetrando en el sustrato social profundo, de modo de lograr cierta aceptación y difusión en varios sectores de la sociedad argentina; y por arriba, en tanto la relación con sectores influyentes de la política, ya sean políticos, militares, sindicalistas, etc. Esa doble influencia, además de mantener la coherencia y la unidad ideológica de la agrupación a partir de su crecimiento, es exitosa.

FORJA pone en cuestión cierta perspectiva académica que niega la tradición nacional de pensamiento. Así contribuye a la creación de un pensamiento FORJA construyó a través de sus publicaciones las bases de un pensamiento:
- Nacional-latinoamericano, ya que avanza en la  creación de una posición nacional-latinoamericana, que apunta a conformar un frente nacional que se enfrente a la oligarquía y el imperialismo. El forjismo rechaza el tutelaje de las potencias, el panamericanismo, pretende crear una unidad latinoamericana despojada de éstas.
-Anti-imperialista ya que considera que una vez lograda la independencia política no se avanzó con la económica. Nos convertimos en una semi-colonia británica. Romper esta dependencia para poder ser realmente soberanos es el núcleo de su pensamiento. la elite pactó con Gran Bretaña convertirnos en un país dependiente. El imperialismo impide el desarrollo y saque la economía nacional.
- Democrático en tanto lucha por el voto popular, pero es más profundo, por ejemplo porque también plantea la necesidad de la posesión por parte de la nación los recursos naturales.
- De contenido popular dado que busca trabajar en el seno del pueblo. Este aparece como la fuente desde donde construye. Esta construcción es conjunta.
Al fin y al cabo FORJA pretende ser un instrumento más para la creación de una voz propia. Hay una fuerte reivindicación de la cultura nacional. Llama a romper con la pedagogía de la imitación. Es una manifestación de los nacionalismos populares latinoamericanos. Y justamente el triunfo de un nacionalismo popular: el peronismo, es en parte el triunfo de las ideas forjistas aunque en otro molde.

Bibliografía
-          AA.VV. (2006). FORJA, 70 años de pensamiento nacional. Tres volúmenes. Buenos Aires: Corporación Buenos Aires Sur.

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-          Cuadernos de Fuerza de orientación radical de la joven argentina (FORJA). Re-edición facsimilar. Jaramillo, Ana (Comp.). (2012). Cuadernos de FORJA. Buenos Aires: Ediciones de la UNLA/Colección Pensamiento Nacional.

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-          Galasso, Norberto. (2003). Jauretche y su época. De Yrigoyen a Perón, 1901-1955. Tomo I. Buenos Aires: Corregidor.

-          Galasso, Norberto. (2001). Manuel Ugarte y la lucha por la unidad latinoamericana. Buenos Aires: Corregidor.

-          Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue.

-          Godoy, Juan. (2016). El Ideario de FORJA a través de sus publicaciones periódicas. (Tesis de Maestría). Repositorio Digital José María Rosa, UNLa.

-          Godoy, Juan. (2015). La FORJA del nacionalismo popular. La construcción de una posición nacional en “Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina” (FORJA). Buenos Aires: Punto de Encuentro.

-          Hernández Arregui, Juan José. (2004b). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

-          Hernández Arregui, Juan José. (2004). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

-          Jauretche, Arturo. (1976). FORJA y la década infame. Con un apéndice de manifiestos, declaraciones y textos volantes. Buenos Aires: Peña Lillo.

-          Jauretche, Arturo. (2010). Escritos inéditos. Buenos Aires: Corregidor.

-          Ortíz Pereyra, Manuel. (1926). La tercera emancipación. Actualidad económica y social de la República Argentina. Buenos Aires, Lajouane.


-          Ramos, Jorge Abelardo. (1961). Crisis y resurrección de la literatura argentina. Buenos Aires: Coyoacán.

-          Scalabrini Ortíz, Raúl. (2001).  Política Británica en el Río de La Plata. Buenos Aires: Plus Ultra.

-          Scalabrini Ortíz, Raúl. (2006). Historia de los ferrocarriles argentinos. Con un apéndice de la Ley Mitre. Buenos Aires: Lancelot.

-          Torres, José Luis. (1973). La década infame. 1930-1940. Buenos Aires: Freeland.

Archivos


Publicaciones periódicas forjistas

-          Argentinidad (Buenos Aires)
-          Argentinidad (Gualeguaychú)
-          Comentarios Forjistas (Buenos Aires)
-          El Mentor (Buenos Aires – no dependía directamente de FORJA, pero escriben varios forjistas)
-          FORJA (Bahía Blanca)
-          FORJA. Boletín de la Fuerza Radical de la Joven Argentina (Buenos Aires)
-          FORJANDO. Publicación de la agrupación forjista de Rojas (Rojas)
-          FORJANDO. La voz forjista de Lincoln (Lincoln)
-          La Gota de Agua. Semanario de orientación nacional (Buenos Aires)
-          La Víspera. Semanario de orientación nacional (Mar del Plata)
-          Reconquista (Buenos Aires. No dependía directamente de la agrupación pero la orienta Scalabrini)
-          Señales (económicas, financieras y sociales). Luego llamado Señales, le habla al pueblo en su propio idioma (no dependía de FORJA, pero como veremos, está estrechamente vinculada a la agrupación y a su surgimiento)
-          Señales Argentinas (Mar del Plata)


[1] El autor es Mg. en Metodología de la Investigación Científica (UNLa). Especialista en Metodología de la Investigación Científica (UNLa). Lic. en Sociología (UBA). Prof. en Sociología (UBA). Docente Universitario. Publicada originalmente en Revista Perspectivas Metodológicas. Vol 2, Nº 18. Año 2016
[2] Consideramos publicaciones periódicas forjistas a dos grupos: las que tienen relación directa con la agrupación, es decir son órganos oficiales de la misma; y por otro lado, las que sin tener ese vínculo directo tienen una estrecha relación con la organización, escriben varios forjistas, y  aparecen expresadas cabalmente sus ideas (en este caso, tomamos  solamente los escritos realizados por los forjistas). No tomamos como publicaciones periódicas a los ya míticos 13 cuadernos de FORJA por dos cuestiones: una que esos cuadernos tienen características particulares que los diferencias de las demás publicaciones, en tanto aquellos están pensados mayormente para la formación, son de lectura más densa, tienen un autor por tema y cuaderno; y en segundo lugar, porque los cuadernos los tratamos más profundamente en otro trabajo (Godoy, 2015), y quien quiera puede remitirse al mismo. En fin las publicaciones periódicas que tomamos como forjistas aquí contabilizan un total de trece, las mismas son nuestro objeto de estudio y aparecen detalladas a continuación en la bibliografía.
[3] Además de los cuadernos ya mencionados los forjistas intervienen a partir de actos político-callejeros, conferencias en su sótano, la distribución de volantes, el establecimiento de relaciones políticas, etc.
[4] Los integrantes de FORJA, utilizan reiteradamente para diferenciarse del nacionalismo oligárquico la expresión posición nacional.
[5] Recordemos que Manuel Ugarte (y también la Generación del 900), gran anti-imperialista y latinoamericanista, se dedicó a fustigar principalmente al imperialismo yanqui, que no era el que realmente tenía injerencia en nuestro país. Véase: Galasso, 2001.
[6] Al interior de cada aparato de colonización pedagógica hay lucha, así no tienen una sola forma de actuar.