Arturo Jauretche y el pensar en nacional. Por Juan Godoy

Arturo Jauretche y el pensar en nacional
Por Juan Godoy*

“Jauretche es un pensador que se adelantó a su tiempo, y no se hizo un clásico universal porque no era europeo. Formuló una teoría del conocimiento antes que Paulo Freire difundiera su Pedagogía del Oprimido, antes que Franz Fanon hiciera su parte con Los condenados de la tierra, antes que Armand Mattelart y Ariel Dorfman, que Marshall Mac Luhan y Noam Chomsky le pusieran título a  la manufactura de los consensos. Antes que Michael Foucault describiera la socialización por los recursos represivos del Estado, Jauretche ya había definido los mecanismos y la intelligentzia que constituyen la “superestructura cultural del coloniaje” (Arturo Peña Lillo)


Breve biografía política de un criollo

La idea de este breve apartado, para comenzar a delinear el pensamiento de Don Arturo Jauretche, es esbozar algunos aspectos biográficos del pensador haciendo énfasis en su militancia política[1], de modo que logremos comprender en forma más acaba sus ideas, y además porque Jauretche fue ante todo un militante político profundamente comprometido con las luchas nacionales que le tocó vivir, expresándose en ellas ya sea a través de su participación en alguna agrupación política, en la pluma como periodista o como escritor (profundamente nacional), como funcionario, o en la tarea que la hora demandaba, desde cualquiera de estas trincheras pero siempre del lado de la nación… del pueblo.
Nuestro pensador nace con el siglo, en 1901, un 13 de noviembre[2] en Lincoln, provincia de Buenos Aires, ese “pago chico” había sido tierra ranquelina durante largos años. De familia numerosa, hijo de un empleado y una maestra, de joven aparece como una promesa política del conservadurismo, ya que milita en sus filas, y entre 1917 y 1918, cuando ya hacía uno o dos años las mayorías populares se expresaban en el yrigoyenismo, preside  el Comité de la Juventud Conservadora en su pueblo, asumiendo una posición aliadófila en la Primera Guerra Mundial, enfrentando el neutralismo pregonado por Yrigoyen. Por entonces abandona la carrera docente, y prueba suerte con abogacía, de la cual años más tarde se gradúa.  
Apoya la Reforma del ’18[3], y hacia el año 21, comienza a despertar del sueño conservador, aquí cumple un rol importante el estudio de la Revolución Mexicana, allí el joven lee acerca de Emiliano Zapata, Pancho Villa, y de los revolucionarios mexicanos, pero lo fundamental es que observa la importancia del papel de las masas en la historia. Tiempo después abraza la causa yrigoyenista. Homero Manzi, a quien conoció en la Facultad de Derecho, ayuda al joven Jauretche en este tránsito. Veamos justamente qué dice Manzi acerca de qué rescatan estos jóvenes del primer movimiento nacional-popular del Siglo XX, cuenta Homero que una vez visitando a un Yrigoyen ya muy anciano éste les dijo: “salgo de mi rancho a la edad que los hombres se jubilan, en que solo se tiene serenidad para esperar la llegada de la muerte, y ello lo hago por mi ley del petróleo, para salvar de garras ajenas y propias los tesoros que Dios desparramó en esta tierra. Alguien deseoso de sorprender… su pensamiento, le preguntó: ¿y la tierra, Doctor? Sonrió Yrigoyen con una paternal sonrisa, y le dijo: amigo mío del subsuelo al suelo hay un poquito así” (citado en Ford, 1971)
            Cuando el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, que agrupó a todo el espectro político de derecha a izquierda, Jauretche se encontraba en Mendoza, y no dudará de desenfundar el arma para enfrentar a algunos “pitucos” que festejaban la caída del “Peludo”, y gritarles “Viva Hipólito Yrigoyen”. Por este hecho caerá preso. Ya en libertad participa de las conspiraciones cívico-militares del yrigoyenismo por la vuelta del “Peludo”, así en diciembre de 1933 lo encontramos “con las armas en la mano” en la sublevación de Paso de los Libres, que tenía ramificaciones en todo el territorio nacional, y que participaban Dellepiane, los hermanos Francisco y Roberto Bosch, Gregorio Pomar, Scalabrini Ortíz (quien actúa desde Buenos Aires), y otro puñado de patriotas, no obstante el levantamiento fracasa, y son apresados varios de los revolucionarios, entre los que está Arturo Jauretche. Allí escribe un poema: “El paso de los libres, relato gaucho de la última revolución radical” rescatando la gauchesca del Martín Fierro, y poniendo en la voz de un paisano, Julián Barrientos, el relato del levantamiento[4].
            Luego de estos hechos, tiempo más tarde, el 29 de junio de 1935 Jauretche es miembro fundador de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), donde participa Manzi, Dellepiane, Scalabrini Ortíz, Amable Gutiérrez Diez, Gabriel Del Mazo, etc., y que vienen a realizar una doble denuncia: por un lado a los gobiernos entreguistas de la década infame, y por otro es la primera denuncia profunda y sistemática del accionar del imperialismo británico (el que realmente tenía injerencia en nuestro país). Al mismo tiempo los forjistas hacen una tarea “titánica”, editando cuadernos, dando a conocer volantes, haciendo unas 4 mil conferencias, etc. sin contar prácticamente con recursos económicos, pero sí con una profunda voluntad patriótica u militante. Dicen los forjistas: “somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”… “el proceso histórico Argentino en particular y Latinoamericano en general, revelan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de su Soberanía Popular, para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en su penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América” (Declaración FORJA 29/6/35. En Jauretche, 1976: 87). FORJA se desintegra poco tiempo después del 17 de octubre de 1945 (al cual apoya), porque las banderas por las que lucharon por 10 años en soledad, las asume otro movimiento nacional-popular con posibilidades políticas de realización.
            Jauretche entonces se integra, como la inmensa mayoría de los forjistas, al peronismo naciente, lo hace en la Provincia de Buenos Aires que gobierna Domingo Mercante, como Presidente del Banco de esta provincia. En los años del peronismo Jauretche “se planta” en la defensa del movimiento nacional-popular, y pelea con los adulones porque le hacen mal al proyecto nacional de liberación, son quienes destruyen, no informan, engañan, no ayudan, bloquean iniciativas, son los que una vez Evita le dijo “estos alcahuetes son los que nos van a joder” (Eva Perón, citada en Galasso, 2003:546).
            Luego que la barbarie oligárquica arrojara bombas sobre la población civil en la plaza de mayo, y en septiembre hiciera un golpe de estado que dejara inconcluso el proceso de la Revolución Nacional peronista, y al otro año, en junio, fusilara a más de una veintena de patriotas, sostiene Salvador Ferla “la misma noche del 17 (de octubre de 1945), se la tiene jurada al pueblo. Esa misma noche la oligarquía empezará a soñar con la hora de la impunidad para la venganza” (Ferla, 2008: 23), Don Arturo (que tiene que exiliarse en Montevideo), estará de nuevo en la trinchera, demostrando las falacias del plan económico de Prebisch, con un librito: “El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje”, luego con “Los Profetas del Odio” al cual le suma “La Yapa”, “Ejército y política”, y poco más tarde con el “Manual de Zonceras Argentinas”,[5] “Política Nacional y Revisionismo histórico”. También luego de la clausura del periódico “El Líder”, funda “El 45”. Apoya por esos años la candidatura de Frondizi [6] (esta en esos años junto con Scalabrini Ortíz en la trinchera desde la Revista “Qué”), pero ante la traición de éste se aleja, diciendo que Frondizi tenía un problema con la letra LL pues pasó de “un programa para veinte millones de argentinos a un programa para veinte millonarios” (Citado en Galasso, 2011: 382).
            Hacia 1962 edita el libro “FORJA y la Década Infame”, y más tarde “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”. Luchador incansable, los últimos años lo encuentran cercano a la Tendencia, a las juventudes revolucionarias peronistas (no obstante su oposición al camino de la lucha armada, el cual no creía conveniente en el momento), dirige la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), vota la fórmula Perón-Perón pero a través de la boleta de la izquierda nacional (la del Frente de Izquierda Popular –FIP- que lidera Jorge Abelardo ramos), que decía “vote a Perón desde la izquierda”, lo que lo lleva a decir, recordando sus comienzos político en el conservadurismo, que: “al revés de tantos políticos, yo subí al caballo por la derecha y terminé bajándolo por la izquierda”. Este gran pensador argentino, profundamente patriota, se nos fue justamente el día de la Patria, el 25 de mayo 1974. No lo queremos abrumar más con los aspectos biográficos de Don Arturo, con lo dicho basta para tener un panorama general de su vida, dejemos de lado entonces éstos, y entremos “de lleno” a su ideario, que nos sirve hoy para orientarnos en la lucha.


El Ideario Nacional de Don Arturo
El País semi-colonial, la colonización pedagógica y la construcción de zonceras

Jauretche ocupa un lugar, podríamos decir privilegiado en el “Panteón de los Pensadores Nacionales”. Ha tenido en los últimos años, sobre todo en los posteriores al 2001, una constante revalorización, más aún en los ámbitos militantes, aunque también en otros “ambientes culturales”. No obstante muchas veces su pensamiento es tergiversado, o bien reducido a un par de frases, aunque interesantes, terminan disminuyendo un pensamiento profundo y complejo en algunos slogans que se utiliza no pocas veces fuera del contexto y quitándoles el sentido que les había dado el pensador. El comienzo de la revalorización de Jauretche lo podemos ubicar entonces entre los años 2001-2003 (de todas formas anteriormente tenemos pensadores que lo rescatan, pero son grandes esfuerzos aislados).
Se revaloriza, pensamos aquí, en parte porque la sociedad Argentina se está re-pensando. Tengamos en cuenta que por esos años se dispara también la venta de libros relacionados con la historia, fundamentalmente nacional (y sobre todo los relatos disonantes con la historiografía nacional). Consideramos que esta importancia que ha recobrado es muy merecida, aunque resaltamos que todavía la re-valorización no se expresa en las academias tradicionales, más preocupadas por el último “grito” de la moda del pensamiento europeo y/o norteamericano. De esta forma, este pueblo argentino que se “vuelve a pensar”, vuelve a “los clásicos del pensamiento nacional”, no como una mera tarea arqueológica, sino porque en ellos encuentra las respuestas necesarias para orientarse en la senda de “lo nacional”. Valorizamos de esta forma en este escrito la vigencia del pensamiento nacional en general y del de Don Arturo en particular.
Desde esta perspectiva, sostenemos que Pensar la política nacional del último siglo (sobre todo del 30 en adelante) sin realizar una profunda lectura de los pensadores nacionales (en contraposición a los enajenados), como lo fueran Hernández Arregui, Scalabrini Ortíz, John William Cooke, Arturo Jauretche, Juan Perón y tantos otros, es tarea imposible. Pues para que un pueblo se desarrolle como tal es necesario que realice una lectura de su pasado desde la perspectiva de los oprimidos, de los marginados, acallados, silenciados, para así poder abordar el presente en la elaboración de un proyecto común orientado por la utopía. Es necesario escuchar esas voces y esos silencios que están presentes en nuestro continente latinoamericano, al mismo tiempo que criticar las ideas dominantes (de los sectores dominantes) imperantes en nuestros países. Es aquí donde consideramos que Don Arturo ha cumplido un papel implacable respecto de éstas, una inmensa tarea de des/colonización pedagógica.
Nuestro pensador va a impugnar, desde su prosa incisiva, a la estructura económica y a la superestructura cultural. Respecto a la prosa Jauretcheana (la cual tiene una fuerte impronta del precursor de FORJA Manuel Ortíz Pereyra), incisiva, pareciera escrita con el pulso agitado por las circunstancias que exigen las luchas nacionales, una escritura profundamente sentimental, que puede lograrse a su vez porque don Arturo (según nos cuenta René Orsi-1985-) no escribía sino que dictaba. Consideramos este punto como relevante para la divulgación de sus ideas. Jauretche mismo desde su humildad sostiene en la Revista Gente que “para mí, los libros son simplemente un medio (…) son nada más que un divulgador. Creo haber logrado y a esto atribuyo el relativo éxito de mis libros, hacerme entender (…) he tratado de lograr el arte de decir fácil, las cosas difíciles. Generalmente, parece que los escritores se esmeraran en decir difícil, las cosas fáciles” (Jauretche, 2004:181-182). 
Decíamos descolonización pedagógica, lo que nos obliga para poder entender mejor desde donde realiza su crítica, a indagar en la noción de semi-colonia y de colonización pedagógica. Jauretche concibe a nuestro país en una situación de semi-colonia, parte de una Gran Nación latinoamericana frustrada, en el sentido que lo expresó Ramos: “somos un país porque no pudimos integrar una nación, y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos, aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá” (Ramos, 1986: 15).
Desde donde está pensando Jauretche es entonces desde la noción de semi-colonia, ¿qué quiere decir con esto? Que si bien la Argentina obtuvo su independencia formal al liberarse del yugo español, y tiene su himno, su bandera, sus fechas patrias, la situación real, por dependencia del imperialismo (ya sea inglés o yanqui), por penetración de la estructura productiva, etc. dista mucho de ser de plena soberanía, por lo cual nuestro país es una suerte de colonia informal, en la cual tiene una importancia fundamental la colonización pedagógica (en detrimento de las armas como en las colonias) que va a asegurar la dominación. Por el contrario en las colonias, la garantía está dada por las armas, y por la presencia del invasor extranjero, por lo que es estimulada la creación de una conciencia nacional, a diferencia de lo que sucede en las primeras.
En la colonización pedagógica aparece el relato liberal de nuestro pasado, la falsificación de la historia, los medios de comunicación, la enseñanza enciclopedista y/o eurocéntrica, etc. Lo expresa así: “la mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro. El hombre de nuestra cultura no ve los fenómenos directamente sino que intenta interpretarlos a través de su reflexión en un espejo ajeno, a diferencia del hombre común, que guiado por su propio sentido práctico, ve el hecho y trata de interpretarlo sin otros elementos que los de su propia realidad” (Jauretche, 2004; 112). Con respecto a los diarios, radios y la televisión (claro que hoy con mucha más presencia que en la época que escribe nuestro autor). Jauretche sostiene que “nada más engañoso que la prensa llamada independiente” (ibídem, 159). Así calificará a la libertad de prensa como libertad de empresa, libertad de los dueños de los medios de comunicación.
A la vez que esta colonización pedagógica va a dar forma a una intelligentzia (no inteligencia), conformada por individuos que se autodefinen como intelectuales  y están profundamente penetrados por esa superestructura, que se reduce a la determinación de modos y de un instrumental que opera en su formación y difusión, al tiempo que no permite que se transforme en inteligencia, y forme una cultura nacional, vale decir, una conciencia nacional, “desentrañando la trama de nuestro coloniaje económico, que fue primera tarea, descubrimos que él se asentaba sobre el coloniaje cultural. Descubrimos que ambos coloniajes se apuntalan y conforman recíprocamente, pero que si el coloniaje económico daba los puntos de apoyo cultural, éste era, a su vez, la forma de penetración y estabilización de aquél. ¡La traición de la inteligencia! Esa es la primera en el orden de culpas. La primera que debíamos evitar” (Jauretche, 2004: 180). Tenemos un coloniaje económico, y uno cultural, los cuales se apuntalan y refuerzan mutuamente. Jorge Enea Spilimbergo afirma al respecto que la actitud de Jauretche era “estrictamente consecuente, a partir del hecho de que la Argentina semi-colonial importaba ideologías (como capitales, mercancías, medios de producción) todas las cuales se convertían en factores de dependencia, en cuanto ideologías importadas” (Spilimbergo, 1985: 68)
Va a contar Jauretche, por esto de la colonización pedagógica, en una suerte de memorias, aunque él no quería que se las llame así, porque memorias escriben los hombres importantes, también diferenciándose de Victoria Ocampo que por esos años, estamos hablando ya de los 70’s, había escrito unas memorias… Bueno Jauretche llama a estos escritos “De memoria, pantalones cortos”, es el primer tomo de una obra que quedaría inconclusa por la muerte de él. En ese texto Jauretche cuenta que en la escuela sabían más de  un río de Asia, del Danubio que del Salado que nacía ahí cerca.
Dice también que el pueblo, como dijimos se llamaba Lincoln, y sabían que era un prócer, pero nada sabían de los gauchos que habitaron la zona, o bien de los ranqueles que también habían estado allí. Lincoln es territorio ranquelino, reflexiona además que: “la escuela no continuaba la vida sino que abría en ella un paréntesis diario. La empíria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno, todo eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico; todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella, aprender no era conocer más y mejor, sino seleccionar conocimientos, distinguiendo entre los que pertenecían a la 'cultura' que ella suministraba, y los que venían de un mundo primario que quedaba más allá de la puerta” (Jauretche, 2002: 170). La colonización pedagógica nos presenta una educación que desprecia el sentido común, intenta obstaculizarlo, pero claro no hay que perder de vista que ellos proponen una educación desvinculada del mundo real y en este contexto es lógico que se tenga al sentido común como el peor de los sentidos. Jauretche, en cambio, proclama que el sentido común es el buen sentido y todos lo tenemos pero hay que buscarlo por debajo de la formación cultural a la que nos tienen acostumbrados desde pequeños. Es la búsqueda de lo original, de una “virginidad” en el pensamiento.
Dicha intelligentzia identificó a los valores universales con cultura despreciando toda otra cultura. Así identificó cultura con civilización, por lo cual se buscó un pensamiento extraviado, no propio, enajenado, que apuntaba a crear Europa en América. No se trató enriquecer nuestra cultura con otra sino de suplantarla, eliminar una e imponer otra. Pero lo fructífero, creador, en realidad, es asimilar a la cultura nacional los valores universales, y no introducirlos como absolutos, ya que pertenecen a otros tiempos y a otras realidades. Jauretche pone de relevancia la actitud que dicha intelligentzia tiene respecto del hombre, a saber: “considera al hombre una entelequia, una abstracción y no un hombre de carne y hueso que está a nuestro lado (…) sustituyen a ese hombre concreto por una idea: la humanidad, y para ella son sus amores y sus devociones” (Jauretche, 2004: 79-80)
En esta colonización pedagógica que venimos comentando, adquieren suma importancia las zonceras con la que trabaja don Arturo Jauretche, y nos hace un llamado a liberarnos de ellas. Estas consisten en “principios introducidos en nuestra formación intelectual (y en dosis para adultos) con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la aplicación del buen sentido”. (Jauretche, 2004b: 12) Las hay políticas, culturales, económicas, etc. Descubrir las zonceras aparece como un acto de liberación.   
La madre de todas las zonceras, la que las parió a todas las demás, es la que esboza Sarmiento en El Facundo, es la civilización y barbarie… Ahora bien, al respecto de esta zoncera y el desarrollo de nuestro país Jauretche plantea algo bien interesante: “se confundió civilización con cultura, como en la escuela se sigue confundiendo instrucción con educación. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América”. (Jauretche, 2004: 101)

En este sentido Jauretche argumenta que “La instrumentación cultural se encarga que el país se venga zonzo (…) de aquí que suele suceder que los que andan con libros no entiendan los intereses del país y sólo los entiendan los que leen alpargatas en lugar de libros. Éstos saben poco pero llevan la ventaja de no saber lo que enseñan los colonizadores. Y no saber, cuando saber es tontería, es sabiduría” (Citado en Galasso, 2005: 407)
Hay que quitarse el “entripado”, descubrir nuestras zonceras para ser un poco “menos zonzos” y sobre todo pensar desde nuestras tierras, desde América Latina, desde “La Patria Grande”. Las zonceras no se acaban, se multiplican y varían a lo largo del tiempo. Así que hay que estar atentos, porque siempre uno puede caer en éstas, Jauretche mismo dice que él no es un vivo, sino apenas un gil avivado.

Pensar en nacional, la posición nacional y su crítica a la izquierda abstracta
           
Don Arturo entonces nos hace un llamado a pensar en nacional, ¿Qué entiende nuestro autor por pensar en nacional?, pensar desde nuestra propia realidad, desde nuestras categorías, quitándonos las zonceras adquiridas por la colonización pedagógica, pensar desde nuestras problemáticas, desde el centro del planisferio, no como estamos acostumbrados de abajo y desde un rincón (Jauretche, 2008).
No se trata, desde ya, de negar aportes que puedan surgir en otras latitudes, pero no incorporarlos acríticamente, sino más bien en relación a nuestras necesidades, pues como afirma John William Cooke, se trata de una construcción propia “sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron válidas en otro cuadro histórico social; a nadie se le ocurre que tenga que ser una construcción hecha con elementos conceptuales surgidos como productos nativos. Lo que hace que una ideología sea foránea, extraña o exótica, antinacional, no es su origen sino su correspondencia con la realidad nacional y sus necesidades” (Cooke, 2009: 155). En línea similar Juan Perón años más tarde sostiene que “los argentinos tenemos una larga experiencia en esto de importar ideologías, ya sea en forma total o parcial. Es contra esta actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia” (Perón, 2006: 17).
El pensar en clave nacional aparece como fundamental en los países, como la Argentina, bajo una dominación semi-colonial, donde existe una cuestión nacional a resolver, e implica pensar revolucionariamente, romper con el esquema dependiente del imperialismo, y al mismo tiempo, el pensar juntas la cuestión nacional y la cuestión social. Los problemas argentinos deben ser enfrentados con criterio argentino, generar  categorías nacionales, así afirma que hay que procurar “dirigir el pensamiento nacional hacia los hechos concretos y sus implicancias económicas sociales y culturales propias, para tratar de contribuir a la elaboración de un pensamiento propio (pues) comprende oportunamente que su tarea fundamental es aportar al pensamiento argentino el método y los modos de conocer nuestra realidad y señalar los rumbos necesarios de una política nacional” (Jauretche, 1976: 68-29)
            Este pensar en nacional, lleva a la construcción de una herramienta de análisis y acción política que es fundamental en su pensamiento, la noción de posición nacional. Desde FORJA la define claramente: “al espíritu colonial de entrega, se opone equivocadamente un espíritu colonial de rebelión. FORJA que, por primera vez en nuestra historia, estudió la raíz de nuestros problemas y denunció las formaciones extranjeras que se oponen a la unidad fundamental de la Nación, toma también para sí la tarea de orientar paulatinamente la rebelión de nuestra juventud, hasta encauzarla en la línea más amplia de nuestra tradición, honrada y patrióticamente practicada, para darle así la eficacia de acción de que ahora carece. FORJA cree que sólo del pueblo argentino, de la masa innumerable sin voz y sin más conocimiento que la certeza de sus propias dificultades, puede surgir la salvación entera de la nación” (citado en Galasso, 2003: 393)

Es que la colonización pedagógica se impide que lo social se identifique con lo nacional, se crean problemas marginales que dividen, y de esta forma no hay posibilidad de arribar a soluciones sociales por el único camino posible la integración vertical de todos los sectores enfrentados a la oligarquía y al imperialismo para lograr la emancipación integral de la nación. Se trata de buscar puntos de coincidencia para construir la patria, en base a los intereses de la misma que son los intereses del pueblo, “hacer la nación: esa es nuestra tarea y traición es todo lo que se le oponga… Es necesario unirse bajo la gran bandera de la causa argentina frente al régimen, alternativamente democrático o fascista, de los entregadores. (…) Las nuevas generaciones como la de mayo, tienen un deber emancipador que cumplir” (Citado en Galasso, 2003: 411-412).
Nuestro autor esta enfatizando aquí que el camino para emprender la liberación nacional en un país semi-colonial como la Argentina es la creación de un frente nacional que aúne a todos los sectores “nacionales” enfrentados a la oligarquía y al imperialismo, la unificación de éstos bajo una línea nacional, que es la conciencia histórica de los argentinos. De todas formas, debemos dejar claro que si bien distintos sectores sociales pueden integrar ese frente, el eje, la columna vertebral o la cabeza deben ser si o si, los trabajadores. Largamente se ocupó Jauretche de demostrar el papel esquivo de la burguesía nacional, que la lleva en forma directa a la traición,[7] estos sectores entonces pueden acompañar al movimiento nacional, pero nunca conducirlo. “el drama de la Patria enfrenta dos personajes solamente: el pueblo encadenado y la finanza imperialista. Lo demás no cuenta. Cuando están en juego los destinos de un pueblo, toda reclamación particular perturba y divide” (En cuadernos de FORJA, 2012: 229)
De esta forma, en el esquema jauretcheano “la izquierda y la derecha no son generalmente sino distintos modos de eludir la “cuestión nacional”, en beneficio de intereses exteriores” “la izquierda y la derecha no son generalmente sino distintos modos de eludir la “cuestión nacional”, en beneficio de intereses exteriores” (Jauretche, 2008, 69) Lo que sucede según Don Arturo es que la “izquierda tradicional”[8] con sus órganos y partidos, no escapan a esta estructura cultural de un país semi-colonial, se desenvuelve como una izquierda abstracta, que no tiene en cuenta la cuestión nacional, y termina siendo una derecha concreta. Realiza así Jauretche una crítica a “los novios asépticos de la revolución”, ¡estos novios que quieren casarse con la revolución, y le piden certificado prenupcial!” (Jauretche, 2010: 85)
Esta “izquierda” no tiene otra historia, ni otra literatura que la oligarquía, no le oponen (no le pueden oponer), un punto de vista nacional. Esta “izquierda” se enfrenta a la derecha en el plano externo (a veces siquiera, sobre todo cuando surgen movimientos de corte nacional y popular, calificándolos -peyorativamente- como populistas). Sino recordemos (por citar uno de los numerosos ejemplos), la infame diferenciación del Partido Comunista durante la década del ’70 entre Videla, un General democrático; y Pinochet, un dictador. La gran división en un país que lucha por la elaboración de una identidad y por la liberación es entre lo nacional y lo antinacional
Una de las claves en la crítica del autor del Manual de zonceras Argentinas, sobre todo pensando en Juan B. Justo (pero vale para varios otros también), es la división que realiza éste entre la política criolla y la política científica, lo cual conforma la zoncera número 12 de aquel libro. Así en esta división, Juan B. Justo establece que “todo lo que venía de afuera era científico y lo que nacía adentro anti-científico, es decir, criollo” (Jauretche, 2004 b; 88). Así, los trabajadores que consideraba en “condiciones científicas” eran tan solo unos pocos inmigrantes, y las inmensas masas criollas eran anti-científicas, “el sindicalismo de importación fue incapaz de comprender los problemas del proletariado nacional y se redujo a sectores obreros calificados, o al proletariado extranjero que transfería su problema al país”. (Jauretche, 2008; 50).
También, al partir de este esquema dicotómico, Juan B. Justo dirigía la política del Partido Socialista en contra de la protección aduanera y de la intervención estatal para el desarrollo industrial, pues seguía la idea que el socialismo en los países centrales había desarrollado, estableciendo que la división internacional del trabajo redundaba en beneficio a los trabajadores. Coincidía así la “izquierda”, con la “derecha liberal” (y las potencias imperiales), en los supuestos beneficios del libre comercio. De esta forma, abortó todo entendimiento con el sujeto que podía ser revolucionario en nuestras tierras, a la vez que se opuso a toda posibilidad de desarrollo industrial, que era el que podía generar una clase trabajadora, un proletariado industrial, “no pudo hacer socialismo con los trabajadores existentes porque eran anti-científicos y se opuso a la creación de una industria que pudiera generar trabajadores científicos”. (Jauretche, 2004 b; 89).
Esta zoncera que establece una división entre política criolla y política científica, encuentra su fundamento en la madre de todas las zonceras, a saber: Civilización y barbarie, es una nueva forma de establecer la preeminencia de lo ajeno, exótico en detrimento de lo propio, así se conforma una intelligentzia que piensa desde esquemas extraños, dado que “la mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro” (Jauretche, 1983; 112)

El camino del revisionismo histórico
En la colonización pedagógica, como dijimos, adquiere suma relevancia la historiografía liberal, el relato de nuestra historia por parte de la oligarquía. Por eso, para avanzar en la descolonización pedagógica, hay que desarrollar un revisionismo histórico. Acentuado por la condición de país dependiente en el que la historia aparece “como un campo de batalla permanente”.
Siguiendo un “poquito” con la crítica a la izquierda tradicional, y en relación a la historia, Jauretche va a sostener entonces la existencia de una corriente de interpretación de la historia que es el mitro-marxismo, personajes que desde una postura de izquierda realizan una interpretación histórica con rasgos similares a la desarrollada por Bartolomé Mitre. Podemos ver cómo Álvaro Yunque ve a Mitre como fuerza burguesa progresista y civilizadora frente a la barbarie medieval del interior. También Aníbal Ponce, es la misma visión de civilización y barbarie. Ahí éste reivindica la campaña contra “el Chacho”. Rodolfo Ghioldi sostuvo siempre que Mitre fue el más grande historiador y que todavía no ha sido superado.
Ahora sí, avanzamos con el revisionismo histórico. Jauretche va a hacer importantes estudios en relación a esta posición historiográfica. No está interesado en el pasado por el pasado mismo, como un nimio “juego intelectual” sino que busca puntales donde asentarse, desde donde construir su identidad para avanzar en un proyecto político. Indagar en las vivencias, ideas, anhelos, sueños, etc., del pueblo, Una memoria que posibilite la reconstrucción del tejido social.
            Considera el autor de “política nacional y revisionismo histórica”, que en el análisis de la historia no hay asepsia u objetividad, sino que hay un entrecruzamiento con intereses políticos. Así en la pregunta por la historia se ponen en juego dos operaciones básicas, a saber: la heurística, la acumulación y el ordenamiento de los datos históricos; y la hermenéutica, la interpretación de esa información. De esta forma damos cuenta de que fruto de este proceder en el abordaje de la historia, han surgido diferentes corrientes historiográficas de acuerdo a la perspectiva ideológica desde la cual abordan la información histórica, y al proyecto político que pretenden sustentar. Resaltamos aquí que la heurística, también aparece teñida por la ideología, por la perspectiva desde la cual se recortan los datos, las citas, etc.
De esto se desprende la existencia de una política de la historia, en la cual se ha construido un relato de forma sistematizada, que no puede ser meramente casual, de esta forma argumenta que “no es pues un problema de historiografía, sino de política: lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es solo un instrumento de planes más vastos (la superestructura cultural de colonización pedagógica, al mismo tiempo difunde doctrinas económicas, sociales, etc.) destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación. Así, pues, de la necesidad de un pensamiento político nacional ha surgido la necesidad del revisionismo histórico” (Jauretche, 2008: 16), y avanza en el planteo afirmando que “no hay política nacional sin historia revisada, porque el cipayo y el vende patria son consecuencias lógicas y hasta prestigiosas en una historia que ha condenado la política nacional y glorificado la sumisión al extranjero” (ibídem: 84)

La falsificación de la historia ha buscado que no tengamos las herramientas, las aptitudes para concebir y pensar una política nacional. Esta historia, la historia liberal, oficial, es falsa en tanto pretende arrojarse la totalidad del relato histórico, pretende ser La Historia Única y Verdadera, no sería falsa si estableciera que solo es un relato parcial acerca del pasado, la cual es complementada con la prensa y la enseñanza,  para perpetuar la deformación histórica. Argumenta que “los falsificadores no fueron individuos aislados sino los instrumentos de una sistemática política del conocimiento histórico desteñida a servir la política de la oligarquía y la dependencia económica del país”. (Jauretche, 2004c: 151)
Procuramos establecer que Bartolomé Mitre (continuada su obra por otros) realiza un doble movimiento (consciente o no) funda el relato histórico liberal, de acuerdo a sus conveniencias políticas (por citar un ejemplo, la revolución de mayo como separatista de España, y pro-británica), para el establecimiento de su proyecto político de tender las bases de la Argentina semi-colonial; al mismo tiempo que con la aniquilación de la población nativa, del gaucho, del criollo, de la montonera, del interior provinciano, y la posterior inmigración no va a permitir el surgimiento de una fuerte tradición oral que confrontara con la visión de la oligarquía porteña ligada al puerto de Buenos Aires, de cara al Atlántico y espaldas al interior provinciano. Al respecto Jauretche refiere que: “nos encontramos en presencia de una brusca sustitución de una sociedad por otra. Se corta la continuidad social (…) con el aluvión inmigratorio, provoca bruscos desplazamientos que alteran el asiento de las familias y su misma constitución, provocan el nomadismo y los traslados frecuentes de un medio a otro y se alteran las jerarquías tradicionales (…) quedan así cegados los conductos naturales de la transmisión oral (no obstante) la tradición oral solamente subsistió firme en aquellas provincias del interior que recibieron con menos fuerza el impacto de la nueva economía”. (ibídem: 26)
            De este contexto de doble eliminación: primero física, con el avasallamiento del interior; y luego simbólica, con la eliminación o deformación en el campo historiográfico, es donde van a hacer mella la inmigración y la posibilidad de las izquierdas abstractas, de construir un relato similar al de la oligarquía porteña, produciéndose así (entre uno de sus motivos) el desencuentro entre estos partidos, tendencias y las masas populares. Esta tendencia basa su relato en intereses ajenos a los sectores populares de nuestro país, basa su relato y su acción en esquemas importados, vinculados a Europa, acríticamente. Hay que tener en cuenta también en relación a esto los medios de difusión (las dificultades para ello y/o el ocultamiento de los mismos) de los relatos históricos construidos por ejemplo, por los historiadores de las provincias, o bien por los payadores, músicos, etc. Vemos por ejemplo, en nuestra historia, el aflorar de zambas, chamamés, y demás ritmos con letras disonantes de la historiografía liberal.
Profundizando en esta línea, Sarmiento le otorgó con el Facundo, y específicamente con la dicotomía civilización y barbarie, a los sectores dominantes (y sus satélites de los sectores medios) un esquema de análisis de la historia argentina
Hay en la revisión del pasado para la implementación de una línea política nacional, una complementación de la cuestión social con respecto a la cuestión nacional. Entre las cuestiones atinentes a reivindicaciones sociales, políticas, culturales, etc.; y las relativas al libre desenvolvimiento de la nación, a la independencia plena, al desarrollo de las fuerzas productivas, las reivindicaciones relativas a ello. No puede haber revisión de la historia en sentido transformador en la Argentina que no tenga en cuenta la estrecha relación entre estos dos aspectos. José María Rosa, en la misma línea que Jauretche, argumenta al respecto que “nuestra historia, es duro decirlo, no parece escrita por manos argentinas”. (Rosa, 1967: 37)
Debemos resaltar que cuando nos referimos a política nacional no estamos pensando exclusivamente o en términos de la nación Argentina, en la patria chica, sino que en realidad nos referimos a una idea de Patria Grande.

La influencia sobre el peronismo

Dijimos anteriormente que la experiencia de FORJA, de la cual Jauretche es una de las figuras principales, sobre todo junto con Scalabrini Ortíz, culminará en diciembre de 1945, tras los acontecimientos del 17 de octubre del mismo año, específicamente el 15 de diciembre.  FORJA se desintegra decíamos también porque supone que las banderas que llevó en alto por 10 años, ahora se encuentran encarnadas en el peronismo naciente. En este sentido no fue menor la influencia del forjismo, y en especial de Jauretche con respecto al peronismo. Así, la agrupación se convierte en un eje entre el yrigoyenismo y el peronismo. Veamos brevemente para finalizar con esta exposición, porque la consideramos sumamente relevante, la influencia de FORJA y especialmente de Jauretche en el advenimiento del peronismo. Asimismo para observar cómo Jauretche hace jugar estas categorías en el análisis del nacimiento del “nuevo movimiento nacional-popular”. Afirman en el acta, redactada por Jauretche: “que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización” (Jauretche, 1976: 177)
Influye el pensamiento jauretcheano, a través de FORJA, en el  en el nacimiento del peronismo de forma indirecta, por las reivindicaciones, ideas que se habían comenzado a gestar en un subsuelo de la ciudad de Buenos Aires por un grupo de muchachos, serán las que aflorarán luego en millones de personas, en el pueblo, el día que otro subsuelo, el de la patria… se subleve. El nacionalismo agrario, defensivo del yrigoyenismo adquiere un cariz diferente, más profundo, más popular, en este sentido Jauretche dirá que el “modesto programa de realización (de FORJA), llevaba implícita la diversificación de la producción y el proceso industrial” (Jauretche, 1976: 14)
Como así influye también de forma directa. Esto nos interesa particularmente, además de otros personajes que influyen de esta forma, porque Jauretche tiene un rol primordial.  Jauretche y Manzi en este caso, según le cuenta el primero a Scenna en una entrevista (Scenna, 1983) centran su atención en dos hombres del gobierno juniano (de la Revolución de junio de 1943 que diera por finalizada la década infame), que pensaban podían tener afinidad con el ideario forjista, estos dos hombres eran Enrique González y Juan D. Perón. Al pasar el tiempo irán estableciendo que el hombre era Perón. En la misma entrevista se hace referencia a que Perón había leído los cuadernos de FORJA, pues éste estando en Italia los recibía a través de dos militares (que por “esas casualidades” se llaman uno Quiroga y el otro Sarmiento) que vivían en el piso de arriba de de la casa de Homero Manzi. También es probable que varios de los hombres involucrados en el gobierno juniano los conocieran.
Jauretche en 1942 le manda una carta a un personaje de la época, José Ábalos, donde le dice: “yo no creo que estén agotadas las posibilidades morales del pueblo y del ejército. La que está agotada es la bandera del radicalismo, de tanto arrastrarla por el barro, de tanto confundirla con otros banderines” (Carta de Jauretche a José Ábalos, 9/7/42. En Jauretche, 1976: 140)
Otro acercamiento concreto entre Jauretche y Perón es que como cuenta Jauretche, desde mediados del año 1943 (fines de julio o principios de agosto, es decir, al poco tiempo de la revolución juniana), tuvo contacto prácticamente diario a lo largo de un año con el entonces Coronel Perón, incluso llevaba una tarjeta que decía “audiencia permanente”. también Jauretche tiene influencia en la ideación del Estatuto del Peón. Así estos dos hombres, van tratando los temas concernientes a la realidad política, económica, cultural, etc. argentina. Jauretche señala al respecto que “Perón aprendió y aprendía con velocidad porque era muy inteligente. Por ejemplo, sobre la vieja política argentina creo haberle sido muy útil para informarle, pero le aseguro que pronto sabía más que yo” (Jauretche, 2010:161). Jauretche participará con su presencia en las manifestaciones del 17 de Octubre de 1945. Con una columna del Sur del Conurbano bonaerense, específicamente de la Localidad de Gerli.
Podemos ver cómo Don Arturo emprende la lucha contra la colonización pedagógica desde diferentes planos: en el cultural, sobre todo en los profetas del odio y la yapa y el manual de zonceras; desde lo económico, como lo hiciera en el Plan Prebisch impugnando el análisis de éste acerca de la situación del país hacia 1955 y una forma de ver la economía del país que es como ir a comprar al almacén con el manual del almacenero, también con política y economía; en lo social, en esos apuntes para una sociología nacional que denominó el medio pelo en la sociedad Argentina; y en lo político (y/o geopolítico), puede verse sobre todo en Ejército y Política. En sí, el tema de Jauretche, de sus trabajos, según sus propias consideraciones, es la cuestión nacional, abordada desde diferentes aspectos, y decimos asimismo es central en su pensamiento la construcción de un pensar en nacional. Se lo ve como un polemista profundo, uno de los mejores que haya dado la Argentina, en los periódicos, en prosa de hacha y tiza, como asimismo en mano a mano entre nosotros. Jauretche, sostiene Darío Alessandro, se dedicó a “destruir lo que llamara colonización pedagógica sin cuya destrucción consideraba imposible la liberación nacional” (Alessandro en Parcero, 1985: 50).
Terminemos con unas palabras que Juan Domingo Perón, que bien podrían ser de Jauretche, nos dice al respecto de lo que venimos expresando en el escrito, dice así: “si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semi-colonial” (Perón, 7/8/45)






* El autor es Licenciado en Sociología (UBA). Profesor de Sociología (UBA). Becario CIC. Docente UNAJ-UPMPM-UTN. Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui. El texto pertenece a una clase virtual del curso de Filosofía política nacional dictado en el Instituto GESTAR.









[1] Para este desarrollo nos basaremos principalmente en la obra su biógrafo, a saber: Galasso, Norberto. (2003). Jauretche y su época. Dos volúmenes. Buenos Aires: Corregidor.
[2] Hoy día el 13 de noviembre se celebra en todo el país el Día del Pensamiento Nacional como homenaje a Jauretche.
[3] Aunque años más tarde iba a criticar cómo ésta fue desfigurada y vaciada de contenido en sus aspectos más importante, en tanto se desligó de las necesidades nacionales-latinoamericanas.
[4] Jauretche, Arturo. (1992). El Paso de los Libres. Relato gaucho de la última revolución radical (Diciembre de 1933), dicho en verso por el paisano Julián Barrientos, que anduvo en ella. Buenos Aires: Corregidor. La primera edición de este relato la prologa un joven Jorge Luis Borges por intermedio de Manzi. No sorprende este prólogo (el cual luego Borges “olvidará”), ya que el escritor de joven había tenido atisbos populares, cercano al yrigoyenismo, reivindica a Rosas, Quiroga, la gauchesca, etc. hasta aproximadamente 1935, en que troca su camino hacia la literatura cipaya. La segunda edición la prologa Jorge Abelardo Ramos. Véase: Galasso, Norberto. (1995). Borges, ese desconocido. Buenos Aires: Ayacucho, y [4] Galasso, Norberto. (2012). Jorge Luis Borges. Un intelectual en el laberinto semi-colonial. Buenos Aires: Colihue. Jauretche aparecía así como una promesa para las letras, como Scalabrini que había escrito “El hombre que está solo y espera” o Hernández Arregui que había escrito unos cuentos: “siete notas extrañas”, que le valieron por ejemplo: el elogio de Nicolás Olivari. O Manzi, que es quien dice finalmente una frase que le cabe a todos estos personajes, incluso él, que es que él decidió “hacer letras para los hombres en lugar de ser un hombre de letras”.
[5] No hacemos referencia aquí al contenido de los libros, pues más adelante los trataremos profundamente. Este apartado solo tiene la intención de dar cuenta de algunos aspectos biográficos.
[6] Recordemos que Frondizi llega al poder con un acuerdo con el peronismo que luego traiciona.
[7] Jauretche trata este tema fundamentalmente en “El medio pelo en la sociedad argentina”, y en “los tres fracasos de la burguesía nacional” (editado en “textos selectos”). El medio pelo es justamente esta burguesía nacional que quiere ser oligarquía y no puede. Es ausentista, parasitaria, etc.
[8] Acá resaltamos no se refiere a la corriente de izquierda nacional (analizada por el autor como un ala del movimiento nacional), a la cual considera acertada en sus planteos, al tiempo que evade los “vicios” de la izquierda anti-nacional.

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